Contra la violencia, no hay balas ni policías ni militares suficientes. Pero tenemos imaginación. Emprendedores sociales, creadores y comunidades organizadas actúan contra los problemas que afectan las dinámicas del espacio público y privado, haciéndolos propensos al delito y la inseguridad.

 

 

 

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Hace poco más de una semana recibí un ejemplar de 100 tácticas creativas para la seguridad ciudadana, editado en 2012 bajo la supervisión de Enrique Betancourt, en ese entonces titular del Centro Nacional de Prevención del Delito y Participación Ciudadana, organismo dependiente de la Secretaría de Gobernación.

Esta publicación recopila y sistematiza 100 casos alrededor del mundo de proyectos de intervención que parten de disciplinas como la arquitectura, las artes, el diseño y prácticas de sustentabilidad para incidir de manera positiva en comunidades en riesgo o en conflicto debido a contextos particulares de diferente problemática social.

Primer asalto a la curiosidad: ¿Por qué un organismo federal dedicado al orden y la seguridad pública hablaría sobre la influencia de las prácticas artísticas en la sociedad? Ante las desoladoras consecuencias de la violencia en nuestro país, es de celebrarse que así sea.

Desde hace algunos años, la tendencia y evolución de la innovación social se ha fortalecido ante la debilidad o ineficacia estatal. Emprendedores sociales, creadores y comunidades organizadas comenzaron a actuar contra aquellos problemas que afectaban las dinámicas del espacio público y privado, haciéndolos propensos al delito y la inseguridad.

Los ejemplos que 100 tácticas creativas presenta son tan diversos como los problemas que buscan combatir y cada uno de ellos es tan inspirador como el siguiente: programas de radio para jóvenes o niños, espacios de ensayo musical comunitarios, talleres de arte digital y código abierto, refugios para mujeres prostitutas, torneos de futbol de personas sin hogar, recorridos en bicicleta, cooperativas de hip-hop, azoteas verdes colectivas. Etcétera, etcétera, etcétera.

A partir de la crisis que hemos vivido en los últimos seis años, surgieron distintas voces y enfoques para entender la evolución de la incidencia de la violencia, evaluar y cuestionar el papel del Estado ante dicho contexto: la denuncia social, de competitividad, o el análisis y evaluación del sistema jurídico.

Como Enrique Betancourt apunta en el prólogo, desde la creatividad surgen “herramientas poderosas para transformar conductas y actitudes sociales”. La investigación y reflexión relacionada con el impacto social de las artes ha generado evidencia que fundamenta esa premisa desde distintas áreas académicas: económica, sociológica, cultural, pedagógica, de desarrollo social, urbano, de políticas públicas, de seguridad.

Vale la pena acotar que, para que una intervención creativa sea exitosa en la concreción de sus objetivos, es necesario desarrollar una metodología del proceso y establecer indicadores adecuados. La efectividad del impacto social sólo podrá ser evaluada de esa manera. Para ello, el libro incluye un modelo que busca orientar el desarrollo de proyectos creativos.

¿Qué hacer cuando las balas, los policías, los militares no son suficientes? (Nunca lo fueron). La crisis de violencia en el país escaló en números y en historias de terror y con gozo vemos que ciudades como Ciudad Juárez o Tijuana “resisten” desde otros frentes.

100 tácticas creativas resulta ser un catálogo motivador porque da cuenta del cambio de los paradigmas asistencialistas o de desarrollo y del impulso transformador y autogestivo a partir de la colaboración y la creatividad. Y no se trata de restar responsabilidad al gobierno. Las soluciones deben ser integrales y requieren de la colaboración de redes y voluntades de distintos sectores de la sociedad.

Un libro así es importante porque contribuye al cambio de narrativa y provoca un ejercicio de imaginación. De asomarnos por la ventana de la casa, el auto, la oficina, percibir qué está mal y cómo podríamos cambiarlo. Qué clase de calles o de barrios deseamos. Qué espacios nos gustaría transitar y habitar.

No hay balas ni policías ni militares suficientes. Pero tenemos imaginación.

Encuentra la versión digital del libro, aquí.

 

 

Contacto:

Twitter: @dool

 

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