Hasta antes de que el precio del petróleo superara los 100 dólares por barril nadie se acordaba de que existía la energía renovable como una opción más viable que la energía derivada de combustibles fósiles.

Lo mismo sucedió con el transporte. Cuando la gasolina registraba precios competitivos nadie recordaba al gas licuado de petróleo (LP) como una alternativa.

Ahora, las circunstancias obligan a los transportistas a voltear a ese energético no sólo por la defensa de la salud y el ambiente, sino también para evitar las restricciones de circulación en la Zona Metropolitana del Valle de México que impone el programa Hoy no Circula.

De 1995 a 2000, el consumo de gas LP en el sector autotransporte aumentó a una tasa anual cercana a 50% debido, principalmente, al atractivo diferencial de precios entre la gasolina y el gas, pero poco a poco se fue reduciendo el número de conversiones de automotores a gas LP y la instalación de estaciones de gas carburante porque el precio del combustible dejó de ser rentable.

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Convertir los vehículos a gas LP o gas natural se vuelve apremiante porque la principal fuente de contaminación del aire detectada en la capital mexicana es la vehicular, al representar el 46%. De este porcentaje, el transporte de carga, combis y microbuses contribuyen con 60%.

La Asociación de Distribuidores de Gas LP (ADG), que encabeza Luis Landeros Martínez, considera la imperante necesidad de disminuir la emisión de contaminantes a la atmósfera y de evitar contingencias ambientales atmosféricas provocadas por fuentes fijas y móviles que se encuentren en la Zona Metropolitana del Valle de México y en los estados que conforman la megalópolis. Para ello, dice, es necesario que se realicen acciones de manera coordinada entre el gobierno, la iniciativa privada y la sociedad en general.

 

Ventajas ambientales

En ese sentido plantea un programa para instalar sistemas de conversión en el transporte público y privado, ya que el gas LP tiene un costo casi 50% menor que el diesel y la gasolina.

Las ventajas ambientales de cambiar la gasolina por el gas LP son visibles: la conversión en la flota de transporte público permitiría reducir un 15% las emisiones de bióxido de carbono, 8.3% de bióxido de azufre y 63% de partículas suspendidas.

En el aspecto financiero, la bondad de este programa que la ADG presentará –no sólo al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, sino a todos los gobernadores de las entidades que forman parte de la megalópolis (Hidalgo, Estado de México, Puebla y Tlaxcala)– es que los distribuidores de gas LP estarían en la posibilidad de financiar los equipos de carburación para los propietarios de las unidades.

Un equipo de carburación tiene un costo aproximado de 15,700 pesos más el Impuesto al Valor Agregado (IVA) para una conversión a gas, y 38,000 pesos más IVA para híbridos de gas LP y diesel. Los equipos de carburación para gas LP tienen un costo mínimo 10 veces menor que el costo de equipos utilizados en otros combustibles.

Es alto el precio ¿verdad? Pero ha sido más alto el costo de dejar de circular por las contingencias ambientales. Habrá que ver qué tan efectivo es ahora el argumento de la salud y la economía para transitar hacia combustibles más amigables con el ambiente y el bolsillo.

 

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