La CNTE es una franquicia para obtener recursos por medio de la presión y el chantaje. Así lo han hecho a lo largo de décadas y lo seguirán haciendo si no se cambia la lógica y se establecen reglas claras y no negociables de comportamiento, en particular las que tienen que ver con el respeto a la legalidad.

En la actualidad no parecen existir incentivos para que cambien, porque han obtenido todo lo que han querido.

En Oaxaca, en el pasado, tuvieron el control de la educación y posiciones que permitieron toda clase de fechorías, porque ellos designaban al fiscal encargado de investigar delitos cometidos por y en contra de los profesores.

Desde el gobierno federal, en la administración del presidente Enrique Peña Nieto, se les dio dinero y esto a la postre permitió que se fortalecieran. La idea era que no descarrilara la Reforma Educativa (que ya no existe) y que las protestas se mantuvieran dentro de ciertos márgenes.

Esto no se logró, excepto por algunos periodos breves, porque los resortes que mueven a la Coordinadora son los de la movilización permanente y el control sindical por medio de la violencia. Al final resultó un esfuerzo que cayó en el costal de los fondos perdidos.

La altanería de la Coordinadora por momentos es escalofriante: Recordemos los episodios de maestros que fueron amarrados y rapados en plazas públicas por apoyar la evaluación docente y, peor aún, por dar clases.

Hace unas semanas liberaron a dirigentes que estaban acusados de secuestro. En su momento las autoridades federales tuvieron elementos para que jueces los mantuvieran en prisión.  Las acusaciones eran duras, ya que mantuvieron a dos niños encerrados en una pileta durante dos meses. El rescate de los pequeños permitió desmontar toda una red delincuencial.

La CNTE, además, está lejos de ser una organización de mando único ya que conviven múltiples expresiones y entre ellas las que están ligadas a grupos muy radicales y que tienen una agenda violenta.

Los bloqueos a las vías del tren en Michoacán ya causaron pérdidas del orden de los mil millones de pesos por día. Los quejos exigen 5 mil millones de pesos y plazas para egresados de las escuelas normales.

Es un juego de fuerzas con el gobernador, Silvano Aureoles, pero también con el Gobierno federal. Esto muestra que la relación con la CNTE y todas sus afluentes va a ser complicada y de pronóstico reservado.

El hecho da cuenta, también, de que le problema no era la Reforma Educativa, sino la trasferencia permanente de recursos. En ese contexto, no importan los estudiantes y mucho menos los derechos que les asisten. Ahí está un drama grande y de profundas consecuencias para el presente y futuro del país.

A ello hay que añadir que en el SNTE están procesando el retorno de la maestra Elba Esther Gordillo, esto es, tienen sus propios litigios y no cuentan con márgenes para funcionar como un equilibrio o alternativa en los estados de alta influencia de la Coordinadora.

 

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