A finales de noviembre, los principales líderes mundiales se reunirán en París para buscar soluciones concretas para el cambio climático, pero lo que el planeta realmente necesita es que comprometan dinero, mucho dinero.

 

Por Christopher Helman*

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Al final del mes, París será sede de la 21ª Conferencia anual de Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Ese trabalenguas es mejor conocido como COP21. Mientras más se acerca el evento, cada vez resulta más claro que el mundo está listo para el cambio. En todo el planeta, los países y las empresas hacen y exigen nuevos compromisos hacia una sociedad con bajo consumo de carbono.

Algunos ejemplos: El acuerdo sobre el clima entre Estados Unidos y China. La confirmación de China de la adopción de un sistema de límites máximos en 2017. La promesa de Suecia para convertirse en una nación libre de combustibles fósiles (invirtiendo cerca de 545 millones de dólares (mdd) en medidas de protección del clima en el próximo año mientras aumenta drásticamente el apoyo del gobierno para la energía solar, eólica, el almacenamiento, las redes inteligentes y los vehículos eléctricos). La decisión del Total, la segunda mayor compañía petrolera de Europa, de invertir 500 mdd al año en el rápido crecimiento del mercado de las energías renovables. La llamada de los CEO de 10 de las mayores empresas de petróleo y gas del mundo (todas en América del Norte) para alcanzar un acuerdo sobre el cambio climático en el COP21. El anuncio de que Goldman Sachs triplicará su objetivo para el financiamiento de energía limpia y la inversión de 150 mdd en 2025 (después de alcanzar su meta original de 40,000 mdd en sólo cuatro años).

Acciones como éstas están llevando a muchos a creer que la COP21 será un catalizador para un cambio significativo. Aunque que la Conferencia sobre el Cambio Climático de Copenhague terminó en punto muerto en 2009, no se espera que sea el caso en París. Estamos en el comienzo de un nuevo ciclo de innovación que tendrá un impacto significativo en la industria de la energía. Para citar a Christina Figueres, oficial superior climático de la ONU, el cambio a las cero emisiones para el 2080 es “imparable y en este punto ninguna cantidad de presión va a cambiar la dirección”.

A pesar de estas buenas intenciones y la esperanza de un rumbo de acción claro en el COP21, según un reciente estudio de Climate Interactive, incluso si los países logran cumplir sus compromisos existentes en la reducción de las emisiones de carbono, es probable que no sea suficiente para evitar que la temperatura del mundo aumente 3.5 °C por encima de los niveles preindustriales para el final del siglo. Hoy proliferan los reportes de condiciones meteorológicas extremas, sequías y megatormentas. El derretimiento de hielo en Groenlandia y la pérdida de los hielos perpetuos en Canadá y Rusia parecen estar acelerándose. Estas eventualidades conllevan enormes implicaciones para el aumento del nivel del mar y la liberación de metano atrapado. Tenemos que hacer más y tenemos que hacerlo más rápido.

La IEA (siglas en inglés de la Agencia Internacional de Energía) ha pronosticado que costará 44 billones de dólares hacer el cambio a 100% de energías renovables para el año 2050, una cantidad muy superior a la establecida en los compromisos actuales. Según un estudio realizado por la ONU y Bloomberg New Energy Finance, los inversionistas públicos y privados gastaron aproximadamente 270,000 mdd en proyectos de energía renovable en 2014. Pero ese gasto sólo aumentó la proporción de energías renovables en la generación mundial en alrededor 0.6%. Esa tasa de inversión es simplemente demasiado baja para mantener de forma exitosa los niveles de CO2 en la atmósfera por debajo del nivel de 450 partes por millón (PPM) que los científicos creen necesarios para mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2 °C.

CERES (una organización sin fines de lucro de América del Norte que propugna el liderazgo en la sostenibilidad) y la IEA calculan que el monto de inversión en energía limpia se duplicará para 2020 y se cuadruplicará en 2030 a 1 billón por año con el fin de alcanzar la meta de 450 PPM. Aunque eso suena como mucho dinero, considera que el costo total de la reunificación de la Alemania del Este con la del Oeste fue relativamente sencilla y costó aproximadamente 2 billones de euros y que los actuales subsidios anuales a los combustibles fósiles superan los 500,000 mdd a nivel mundial. También tomemos en cuenta que hay una cantidad significativa de efectivo disponible en los fondos de pensiones y otras instituciones financieras que buscan mejores rendimientos en el entorno actual de bajas tasas de interés.

Sin embargo, cuando se trata de una acción real, la mayoría de los actores financieros e industriales siguen al margen de la verdadera acción, intentando descifrar sus mandatos y las evaluaciones tempranas de los riesgos tecnológicos y de mercado mientras intentan entender si los retornos de los bonos verdes de más de 6% y los retornos de los fondos de capital de más del 12 a 18% en la sostenibilidad o la inversión de impacto son alcanzables en el largo plazo.

Los números empiezan a mostrar que sí es posible: basta con ver la energía eólica y la solar, que han sido probadas y competitivas desde la perspectiva de los costos. A finales de 2009 había un poco más de 150 GW de capacidad de energía eólica instalada en todo el mundo y alrededor de 30 GW de energía solar fotovoltaica. Hoy hay más de 400 GW de eólica y alrededor de 230 GW de energía solar fotovoltaica, mientras que otras tecnologías renovables, como el almacenamiento de energía, los vehículos eléctricos, y la redes inteligentes y eficientes están en camino de volverse rentables.

Ese capital marginado probablemente comenzará a moverse si el COP21 puede definir el “campo de juego” para la nueva industria de la energía, ofreciendo transparencia, orientación a largo plazo de las inversiones y una mayor certeza sobre la regulación y los subsidios, además de algo de capital de salida. Los mercados no pueden resolver el cambio climático por su cuenta. Es como en los Países Bajos, donde muchas personas viven por debajo del nivel del mar: no puedes salir del edificio de diques y la regulación que bombea de agua en el mercado y permitir que todo el mundo construya un dique privado en torno a su propiedad.

Sin embargo, con un nuevo campo de juego que proporcione una mayor seguridad de inversión, el mercado sí puede hacer su trabajo y la nueva industria de la energía tendrá la capacidad de atraer y invertir el capital que el mundo necesita para la transición a una sociedad libre de carbono. Se convertirá en una nueva clase de activos financieros rentables para los principales inversionistas que conocen el atractivo de la industria del petróleo y el gas tradicional, que durante tanto tiempo fue la clase de activo confiable en que las instituciones financieras podían desplegar un importante capital con rendimientos y dividendos casi garantizados.

Sería de gran ayuda si, además de los marcos de política y regulación generales, los principales líderes participantes en el COP21: Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Japón, India, China y otros, se comprometieran a un Plan Marshall de 10 año con un 1 billón de dólares destinados a la energía renovable. No sólo los 100,000 mdd reportados, sino 1 billón por año. ¡El dinero habla!

Este nuevo Plan Marshall debe enfocarse en: (1) inversiones en soluciones innovadoras para luchar contra el cambio climático; (2) la construcción de la infraestructura que necesitamos desesperadamente para la nueva economía de la energía; y (3) la forma de manejar las implicaciones de los activos varados para los inversionistas, planes de pensiones e ingresos fiscales. Esto podría liberar el dinero que actualmente se encuentra estático y moribundo en las arcas de las instituciones financieras y proporcionar apalancamiento desde 10 hasta más de 30 billones de dólares. Tal cantidad durante un periodo de 10 años podría proporcionar un impulso importante para la transición económica hacia una sociedad libre de carbono a la que la mayoría de las naciones parecen pretender comprometerse en la actualidad.

Como resultado podríamos ver oportunidades significativamente mayores de crecimiento económico y de empleo. Pero tendremos que desarrollar planes claros sobre cómo manejar los activos varados, cómo evitar un fuerte aumento de la inflación debido al estímulo financiero, y la forma de mitigar el cambio en la base impositiva de las empresas con grandes contribuciones de hidrocarburos a las empresas de TI y de nueva economía y servicios, que hasta ahora pagan mucho menos impuestos.

El COP21 no se trata sólo de un acuerdo ambiental. Realmente tiene que convertirse en un acuerdo financiero más amplio. Sin esta extensión del ámbito de aplicación, la transición ambiental es probablemente imposible. La verdadera esperanza para el COP 21 es que ya vamos por buen camino para ganar la guerra contra el carbono.

Es difícil imaginar la magnitud de la transición por la que atraviesa la industria de la energía. No estará, ya está. La carrera por abrazar el lado positivo de una economía más sostenible ya ha empezado. En lugar de simplemente hablar y hacer acuerdos de papel, con suerte la cumbre de París terminará con claras órdenes financieras que obligarán a la aceleración del cambio que el mundo no sólo merece sino necesita. El tiempo corre, ¡la carrera ya empezó!

 

*Wal van Lierop es CEO de Chrysalix Energy Venture Capital. Desde que co fundó Chrysalix en 2001, Wal ha invertido en varias startups enfocadas en crear innovaciones en materia de petróleo y gas, generación de energía, minería, productos químicos y manufactura.

 

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