El torneo más importante de la región es cada vez más competido por las selecciones que lo disputan. ¿Se terminó la era de los “grandes”?

 

Por Ivan Pérez

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En el estadio de Arlington el 24 de julio de 2013, Román Torres marcaba de cabeza el 2-1 y Panamá se clasificaba a la final de la Copa Oro. Habia derrotado a México.

Los panameños no sólo disputaron el título ante Estados Unidos (que perdieron), sino que fueron un buen negocio para la Concacaf, la confederación que ahora se debate en los escándalos por corrupción en el mundo. Aquella selección centroamericana convocó a más de 250,000 personas durante el campeonato, ya que se midió a las dos selecciones más fuertes del área: la de las barras y las estrellas y la azteca.

Este verano, una vez más, el torneo de naciones más importante de Concacaf, la Copa Oro, enfrenta a las 12 mejores selecciones de la confederación. La participación de los equipos de Centroamérica han demostrado ser una sorpresa al pelearle de nueva cuenta al tú por tú a la Selección de México que en el último juego de la fase de grupos, apenas empato con su similar de Trinidad y Tobago y quedo en segundo lugar.

Para este año se espera que al menos 378,000 centroamericanos asistan para apoyar a cualquiera de sus selecciones participantes (Panamá, Costa Rica, Honduras, Salvador y Guatemala) en los estadios estadounidenses y generen una derrama económica de al menos 56 mdd, según un informe de Mxsports y cifras de Sports Business Journal.

La Copa Oro —que siempre se ha desarrollado en Estados Unidos y en algunas ocasiones tiene como subsedes México o Canadá— aprovecha que en la nación del Tío Sam hay al menos 2.9 millones de personas (documentadas e indocumentadas) de América Central, de acuerdo con el Instituto de Política Migratoria de EU, y que el futbol es su pasatiempo favorito para poder facturar algunos millones de dólares, sacando ventaja del sentimiento de nacionalismo que despierta este deporte entre los migrantes.

“Cada vez es más complicado ganar (en el área) tanto fuera como dentro de casa”, dijo José Manuel de la Torre sobre la actuación de México en aquella Copa Oro y la eliminación a manos de Panamá.

A mediados de diciembre del año pasado el hondureño Bryan Róchez recibió una llamada que le informaba que para este 2015 su compañero de equipo sería Kaká, en Orlando. La MLS lo había fichado y además como ‘jugador franquicia’, la etiqueta más alta que recibe un futbolista para estar en el balompié estadounidense, pese a que todavía era muy joven y ni siquiera alcanza los 21 años.

“Creía que el futbol no era muy popular aquí (EU), pero la verdad es que estaba totalmente equivocado. La gente apoya a tope al equipo tanto en los entrenamientos durante la semana, así como también los días de partido y cuando saltamos a la cancha en nuestro estadio es algo impresionante”, reconoce el delantero catracho cuando se le cuestiona sobre el impacto del futbol en aquella nación.

Estados Unidos no sólo es una buena oportunidad de mejorar económica y socialmente para los futbolistas centroamericanos, sino también lo ha sido para lasinstituciones y clubes que gozan de ingresos por venta de camisetas y asistencia a los partidos por parte de los migrantes de las diferentes regiones del continente, un fenómeno que también ocurre cada dos años con la Copa Oro.

De acuerdo con datos proporcionados por Mxsports, para la actual versión del torneo de Concacaf, la participación de las selecciones centroamericanas puede dejar una derrama económica al campeonato de más de 56 mdd por los conceptos de boletos y lo que se factura en las ciudades sedes vía el turismo. La presente Copa Oro tiene asegurados al menos 13 encuentros donde están involucradas selecciones de América Central y la expectativa de personas que asistan es de 378,000, dispuestas a pagar 75 dólares (precio del boleto promedio de todas las sedes) para presenciar y apoyar a su selección nacional.

Los organizadores no desaprovechan la posibilidad de hacer negocio con el mercado en el sur de Estados Unidos, donde tienen mayor presencia, por ello ha colocado cinco partidos en las zonas de Dallas y Houston en Texas y Los Ángeles en California, dos de los tres estados donde según el Instituto de Política Migratoria hay más centroamericanos en Estados Unidos, el otro es Florida.

Además, sólo por venta de boletos, la derrama esperada para los partidos de las naciones de América Central se espera sea de 29 mdd. Según cifras de Sports Business Journal, un partido de la Copa Oro deja a las ciudades al menos 3 mdd y puede crecer hasta 15 mdd en semifinales y la gran final, así es como Mxsports concluye que entre las cinco selecciones del área aportarán a las localidades 27 mdd en total.

Pero la expectativa de negocio no sólo pasa por la comunidad centroamericana en Estados Unidos, sino por el momento futbolístico que viven sus respectivas selecciones. Por ejemplo, Costa Rica viene de estar entre los ocho mejores del Mundial pasado en Brasil, donde cayeron en cuartos de final ante Holanda y se quedaron a las puertas de las semifinales; además Panamá es el vigente subcampeón del campeonato; Honduras se ha convertido en los últimos dos mundiales en una selección que acude a las copas del mundo; Guatemala es uno de los países donde hay estabilidad para hacer negocios en el futbol.

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El rey de los incentivos

La diferencia entre lo que las selecciones participantes en la Copa Oro aportan en venta de boletos y la derrama económica a las ciudades donde acuden a disputar los partidos es un abismo respecto a los premios que reciben de parte de la Concacaf, rectora del campeonato.

De acuerdo con Sports Business Journal, el campeón recibe 1 mdd por el título, además de medio boleto para la Copa Confederaciones (donde se reúnen el campeón de Europa, Sudamérica, África, Asia, Oceanía y el país organizador del próximo Mundial). Todos los representativos reciben 100,000 dólares por participar y la Concacaf paga hospedaje y viajes, pero a decir de Rafael Callejas, presidente de la federación de futbol de Honduras, “en Concacaf hemos trabajado para que los premios económicos nos ayuden a sostener nuestro futbol y sean incentivos importantes”.

La diferencia, por ejemplo, con lo que dará la Unión Europea de Futbol a los 24 calificados a la Euro de Francia el próximo año es abismal. El reporte financiero de la UEFA indica que cada participante recibirá de entrada 14 mdd y el campeón 37 mdd. Los premios en Copa Oro no tienen nada que hacer.

Hace un par de años, cuando el banco Santander fue el socio comercial de la Copa Oro 2013, el entonces secretario general de la confederación, Enrique Sanz (acusado de corrupción en el escándalo que envuelve a la Concacaf y fifa recientemente), dijo sobre los patrocinios: “Con la llegada de nuevos socios comerciales hemos podido mejorar también la base de premios para el torneo, además de que eso nos a reinvertir ese dinero para proyectos de desarrollo”.

Apenas el año pasado Scotiabank firmó un contrato de cuatro años con la Concacaf para ser el presentador de los dos torneos más importante del área (Copa Oro y Concachampions) y Enrique Zorrilla, director general del banco, comentó que el acuerdo es “casi en línea con nuestros mercados”. El banco tiene presencia en 34 de 41 naciones que integran la Concacaf.

Y al cuestionarle en aquella ocasión al banquero sobre ser socio comercial de una de las zonas futbolísticas con peor imagen de por el tema de corrupción, comentó: “Estamos subidos en los mismo objetivos que Concacaf, competitividad, más transparencia”. Lo que falló fue la transparencia.

En medio del escándalo de corrupción en el futbol mundial que involucra a los ex secretarios Chuck Blazer y Enrique Sanz; los ex presidentes Jack Warner y Jeffrey Webb; entre otros directivos, la Concacaf tendrá la Copa Oro donde más ingresos logrará a nivel de sponsors. Además de Scotiabank, tienen acuerdos con Sprint, Nike, Telcel, Allstate, Prime Sport, Delta y Jarritos.

Por ahora no se comparan los ingresos en premios económicos que reciben las selecciones participantes en la Copa Oro con lo que le producen de dinero en taquilla y la derrama que genera en las sedes. Lo que sí da y mucho, es orgullo, como el que tuvo Román Torres cuando con su gol de cabeza dio el triunfo a Panamá para eliminar a México hace dos años en Arlington, Texas. Conclusión: Centroamérica aporta dos cosas al torneo más importante de la zona, pasión deportiva y millones de dólares.

 

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