Por: Pablo Azorín*

 

La pandemia que está azotando al Mundo entero no sólo implica un riesgo para la salud sino también para la economía. Pequeñas y grandes empresas en todas las industrias ven su presente y futuro en riesgo ante la necesidad de evitar la circulación social. Sin embargo, esta puede ser una gran chance para mejorar los negocios e, incluso, desarrollar nuevas unidades. ¿Cómo hacerle frente a esta coyuntura y salir ganando?

Mucho se ha escrito sobre la transformación digital y las bondades de la tecnología para mejorar los negocios. Sin embargo, todavía se cuentan por miles las empresas que no cambiaron su modelo y prefieren continuar en una vida cien por ciento analógica.

Algo similar sucede con el trabajo a distancia. Aún hay que batallar para que el home office sea aceptado de la misma manera que acudir a la oficina. Por lo menos así fue hasta la reciente irrupción del coronavirus que puso al Mundo de cabeza.

Un buen número de empresas ya se estaban replanteando su relación con el ecosistema digital y, por tanto, son las que hoy pueden transitar este cimbronazo mundial con un poco más de calma. Sin embargo, aquellas cuya relación con las nuevas tecnologías es distante, se encuentran sumidas en la incertidumbre. Esto último es lo que comúnmente se llama “trastorno digital”, es decir, no llegar a digitalizarse a tiempo, sentir que el mundo avanza más rápido que uno. En un contexto de crisis como el actual, no sorprende que tal fenómeno se haya profundizado.

Si hasta hace unas semanas la tensión entre el mundo online y el mundo offline era apenas una amenaza a la que había que prestarle atención, hoy se ha transformado en una cuestión ineludible. Comprar en línea, pagar vía home banking, comunicarse a través de plataformas virtuales o aplicaciones, reclamar un servicio por chat, teletrabajar y hasta sumarse a una clase de aerobics a través de streaming dejaron de ser una alternativa para pasar a ser la única opción viable.

Los causantes de este trastorno digital no son los mismos: el enemigo de los taxistas ya no es Uber, el de los cines no es Netflix y el de las agencias de turismo ya no es TripAdvisor. Hoy el coronavirus es el común denominador que, además, marca un claro cambio de rumbo del que no hay vuelta atrás. 

La buena noticia en medio de esta crisis es que no estamos perdidos. Existen maneras de adaptarse a esta nueva realidad y de, incluso, generar alternativas hasta hoy no transitadas. Tenemos la tecnología para hacer que la economía siga funcionando.

No hay dudas de que hoy están mejor posicionados quienes ya estaban preparados para esta coyuntura, pero esto no quita que no se esté a tiempo de adaptarse.

En estas últimas semanas se ha incrementando la demanda de empresas que quieren desarrollar aplicaciones, plataformas y demás alternativas para mantener vivo su negocio.

Nosotros mismos nacimos de una crisis, la de 2009. El Mundo estaba sumido en una recesión y todos estaban enfocados en minimizar el daño, pero vimos en ella una oportunidad y la tomamos. Hoy podemos decir que fue la decisión correcta. Estábamos convencidos de que los ingenieros regionales tienen el potencial suficiente y teníamos razón. Lo que marcó la diferencia es que nosotros apostamos, incluso con todo el viento en contra.

Entendimos que podemos proveer los ingenieros talentosos que el mercado requiere a precios más competitivos y con el plus que sólo América Latina puede ofrecer: profesionales altamente capacitados, con experiencia, con husos horarios similares a los de las empresas de Estados Unidos y Europa, y con mínimas diferencias culturales.

El Coronavirus y la crisis que ha desatado pueden ser la oportunidad que muchas empresas necesitaban para entender que otra manera de trabajar es posible, que pueden implementarse nuevas rutinas que sean tan productivas como antes, pero además sean beneficiosas en cuanto a costos. Nosotros sabemos que es posible porque así es como venimos trabajando en los últimos 11 años. Nacimos con esa mentalidad. Es parte de nuestro ADN.

 

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*El autor es CTO y co-founder de BairesDev.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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