Por Adolfo Laborde*

La OMS, “se basa en 3 criterios: que se trate de un evento extraordinario, que constituya un riesgo para la salud pública de otros países a través de la propagación y que puede requerir una respuesta internacional coordinada” (OMS, 2020). Independientemente que se realicen las labores y acciones de prevención, el virus ya ha salido de China y tiene presencia en Asia, América, Europa y Oceanía. Esto, sin lugar a dudas es producto de la interconexión, interdependencia y globalización por la que atraviesan la gran mayoría de las economías del mundo, especialmente la de China que ha acogido a muchas empresas globales que han visto a esta nación como parte de su estrategia de encadenamiento productivo (cadena de valor) y fragmentación de su producción global, lo que las hace vulnerables a este tipo de sucesos. 

Lo que, en su momento fue una estrategia acertada para el gigante asiático, es decir, apostar por el incremento de dichas fortalezas, se ha convertido en su talón de Aquiles. Las ventajas competitivas producto de la ubicación y todo lo que ella representa para generar liderazgo en precios-costos, diferenciación, logística y servicios financieros se ponen en riesgo en el caso de que las políticas globales de salud y de la propia China fracasen. Una pandemia sería desastrosa para un país que depende de los mercados internacionales para seguir creciendo y, por ende, cumplir sus programas nacionales de desarrollo y proyectos internacionales en marcha como el de la Ruta de la Seda. De la misma manera, esto traería afectaciones muy importantes para los países que dependen de los insumos de origen chino y que son fundamentales en los procesos productivos. 

Igualmente, los países que han cambiado su lógica industrial a través de la adquisición de bienes de capital sufrirían las consecuencias de un desabasto de repuestos o maquinas que ya estaban consideradas en su programa de producción y entrega. Simple y sencillamente no cumplirán con los pedidos, o bien, sus procesos serán golpeados por falta de materia prima o insumos productivos.  Habría, por lo tanto, además de una contracción del consumo internacional, un decrecimiento de los pedidos de combustible de la segunda economía del mundo, afectando a los proveedores de petróleo, mayoritariamente de Medio Oriente, lo que traería una baja de los ingresos por este concepto de éstos últimos. El resultado e impacto social en países como Irán sería catastrófico, más aún cuando se encuentra ante un redoblamiento de las sanciones por parte de algunos países occidentales, especialmente Estados Unidos, por la reactivación de su programa nuclear (mayor enriquecimiento de uranio). 

Queda claro que la globalización tiene una gran cantidad de ventajas, empero a ello, las secuelas negativas de la misma se pueden ejemplificar con lo que se está viviendo en China con las afectaciones no solo en la salud pública, que es la más importante de controlar y en donde se están enfocando todos los esfuerzos, sino éstas las observamos cotidianamente a través de la cancelación de vuelos a China de algunas compañías, el cierre de las fronteras con algunos de sus vecinos (Mongolia y Rusia, por ejemplo) y la repatriación de ciudadanos, estudiantes, empresarios y oficiales destacados en ese país. 

Esperemos que esto sea un asunto estacionario y que pronto se pueda neutralizar la amenaza de un contagio masivo y, por ende, una parálisis y afectaciones de las estructuras sanitarias y económicas de países con menores capacidades en estos rubros. La respuesta a este gran reto de la humanidad, como la hemos visto, es la cooperación internacional y transparencia. Si bien es cierto esto no estaba contemplado en el horizonte, hay casos en los años recientes como el SARS en el 2002, que nos muestran que la globalización no soluciona de manera automática los problemas derivados de ella. Esta mala experiencia global nos deja claro que las eventualidades, tales como el coronavirus, deberán estar presentes en los mapas de riesgos de los países susceptibles a ellas. Afortunadamente se están tomando cartas sobre el asunto.

 

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*El autor es Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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