Muchos piensan que México requiere la corrupción para sobrevivir. La realidad es otra, pues la corrupción es la principal barrera para hacer negocios en el país.

 

¿Cómo combatir de forma efectiva la corrupción? Esta pregunta no ha encontrado una respuesta adecuada, y en lugar de irse aclarando el panorama y aminorando el problema, éste se agrava poniendo un obstáculo severo al futuro del país.

En realidad, no ha sido por falta de leyes innumerables, reglamentos, pactos y llamamientos que se han hecho, junto con la gran indignación que produce en las personas honestas el hecho de ver en forma constante la hiedra de la corrupción.

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Es difícil lidiar contra este problema tan arraigado, pues México se distingue por ser un “país de leyes sin legalidad”, porque los líderes que deben ser ejemplo de prudencia, probidad y ética, en muchos casos son verdaderos rufianes, y esto hace que se genere un mimetismo social, que se filtra hasta los niveles más modestos de los ciudadanos, con representaciones de las más grotescas.

Las grandes élites claman por el “Estado de derecho”, pero aquí debemos todos de hacer un acto de honestidad. Un pueblo que miente y no está consciente de sus mentiras, se miente a sí mismo, y eso hace que se pierda completamente la ética, los valores sociales de convivencia y, sobre todo, el respeto a la dignidad humana.

Muchos no distinguen la diferencia entre honestidad y la honradez. Honestidad es una cualidad de calidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad (decir la verdad), de acuerdo con los valores de verdad y justicia. Se trata de vivir de acuerdo como se piensa y se siente. Honradez, por otro lado, es la cualidad de ser digno de confianza en virtud de las buenas obras evidenciadas; la honradez deriva del hecho de tener honra u honor.

En todo ello, quizá lo más doloroso para el país es que el diagnóstico que se hace del problema es muy disperso. Algunos lo ubican en los antecedentes históricos de nuestra conformación como Estado, otros mencionan que son actitudes importadas.

Cuando vemos a diario muchas de las actitudes que están enmarcadas en el mantra “el que no transa no avanza” es cuando damos cuenta del gran camino a recorrer que deberá darse, desde el nacimiento de los nuevos mexicanos, además de que se logre que algunos líderes quieran tomar esto como un verdadero apostolado ciudadano y comiencen a “barrer la sucia escalera”, de arriba hacia abajo, con el cual, en un momento determinado, se encontrarán a la mitad del camino los nuevos mexicanos y aquellos que hayan decidido ser ejemplo real del cambio.

Muchos piensan que México requiere la corrupción para sobrevivir; la realidad es otra. El Foro Económico Mundial indica en su Índice de competitividad global 2014-2015 que la corrupción es la principal barrera para hacer negocios en México. ¿Por qué, entonces, se cree en lo contrario? Por un exceso de individualismo.

Al incentivar la justa competencia se fomentan la innovación y la competitividad, además de que se generan ahorros muy importantes de recursos públicos. De acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial, el nivel de impunidad en México es del 98%, lo que eleva el costo de la corrupción hasta 1.5 billones de pesos. Por su parte, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) señala que en la medida que no se atienda este problema, México nunca podrá crecer a tasas del 5% debido al costo de improductividad que esto genera.

Adicionalmente se debe combatir el culto que se da en medios a personajes que han hecho de las malas prácticas su modus vivendi y han logrado amasar recursos de forma ilícita al amparo de las autoridades. Esto es también resultado de esta cultura de la inmediatez, en que se buscan resultados carentes de esfuerzo, en que no importa cómo alguien logró ser millonario, sino el hecho de que es millonario.

Cualquier inversión en recursos y tiempo que dediquemos a este tema va a ser muy productivo y de gran resultado para el beneficio del país.

En este sentido considero que cuando más oscuro está un cuarto se tiene la sensación de vacío y de sentirse perdido, de no saber adónde dirigirse. Posiblemente seguimos oyendo muchas ofertas de motivación, pero habrá que preguntarse, finalmente, usted que lee este artículo, ¿está consciente de las mentiras que dice al día? Ése, quizá, sería un primer paso.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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