La clave del triunfo electoral en el 2018 fueron los escándalos, el hartazgo de la gente, la explosión del voto de castigo y los excesos de los políticos; no hizo falta ni hacer campaña: cualquiera que capitalizara el descontento popular triunfaría sin ningún esfuerzo, era solo cuestión de tiempo y esperar el día de la votación.   

La sociedad mexicana estaba hasta… el tope de las prácticas, francachela, complicidades e impunidad que socavaron el presupuesto público y que minaron los programas y las políticas públicas. Se suponía que las cosas en este rubro no podían seguir igual y que la hora de la revancha ciudadana llegaría.

Imaginar a los funcionarios públicos, a los expresidentes, sus socios, familiares y amigos en la cárcel, empobrecidos y/o suplicando por limosnas en la calle es la fantasía de toda nación ofendida por la desigualdad, el monopolio de la riqueza y las alianzas perversas de los “de arriba”.

Emociones como la envidia, frustración, resentimiento y desquite crearon la ola que arraso en las urnas, cualquier demagogo mesiánico la hubiera hecho, pero como todas las olas también esta trajo reflujo.

Un reciente video escándalo acaba de exhibir la devoción del pueblo humilde y servicial de México que gusta de hacer “donativos” a los movimientos políticos, que existen “trabajadores” (que, por cierto, no trabajan) “funcionarios” (que no funcionan) y “servidores públicos” (que no sirven para nada) que se dedican a recolectarlos, organizarlos y embolsarlos para pasarlos a los recaudadores oficiales.

¿Quién dijo que el milagro mexicano no existe? como siempre, las excusas son muy… “pendencieras” expresiones de procacidad y descaro que atentan contra el sentido común de la gente; el pueblo “pobre” se las arregló para juntar unos buenos millones y hacer donativos periódicos, constantes y aguantar vara en uno de los estados más pobres del país. ¿Cuánto dinero se habrá recopilado de otras “fuentes” en 30 años de no hacer nada? sin duda deja buena lana la inutilidad demagógica.

Que la gente apoye con donativos una causa es normal. Sin embargo, los movimientos y las organizaciones políticas están sujetas a regulaciones, montos, formatos y procedimientos en la ley; el no saber hacer otra cosa más que quejarse y estar chillando por el respeto al Derecho pone a prueba la integridad del gobierno, su discurso se le revierte y el cohete le explota en las manos.

El hecho no solamente admitido, sino explicado en la retórica de siempre, los enemigos, la mafia del poder, el acoso, constituye un delito electoral, una conducta ilícita y un tema de defraudación fiscal, pero más allá de eso, una falta grave y una prueba a la integridad (si es que se tiene) de cualquier ciudadano.

Sin tomar reserva de los efectos jurídicos, muy lejos de cualquier postura política y al margen de lo que las instituciones encargadas tengan que dilucidar; el asunto es reflejo del vacío moral, el cinismo, la cultura de mentiras y desprecio al intelecto ciudadano que afecta al país en su conjunto.

El ejecutivo se ha negado al escrutinio, siempre flagelado, quejumbroso y achacoso reclama a sus enemigos una templanza ejemplar, protege y encubre, enferma de Covid-19 a los funcionarios con contratos innombrables y los pone a reserva para que se enfríen las cosas, gracias a las redes sociales, ahora le toca medir con esa vara a sus cercanos.

Esperamos que las autoridades judiciales, administrativas y electorales no sirvan para lo que lo han hecho tradicionalmente (o sea para nada) y esto demuestre una voluntad solida de ejercer en serio y a fondo una postura seria al respecto. La sociedad sigue (hasta la progenitora) de que las cosas pasen y que nunca pase nada y ansia que cada delito sea castigado, incluidos los soplones y sapos llegados de España.

Reponer las faltas y cancelar la impunidad es el primer paso en aras de un progreso hacia una cultura de respeto a la ley. Sin pausa, ni excusa, ni justificación. Las reglas se cumplen al margen de las influencias, los costos políticos y los sueños de relecciones se dejan atrás cuando apenas se hace público un poco de la inmundicia y la podredumbre que se arrastra. 

Si se requiere ser ejemplo a nivel internacional este es un buen momento para aclarar el asunto hasta donde tope y que se lleve a cabo una investigación profunda de todos los incluidos, no importan los montos, lo relevante son la integridad, la solidez y la imparcialidad de la ley y las instituciones, hacer justicia caiga quien caiga. Robar es robar, engañar es engañar, simular es hacerse… bolas.

Para el mesianismo, la oportunidad es hasta positiva, usar el escarnio de los videos es como revivir la victimización y autosacrificio del falso ídolo; les encanta el circo de la plaza pública. Quisieran que los flagelos romanos zumbaran para tirarse al piso, un paso más del mártir al calvario. Para sus melodramas ya tiene asesores televisivos bien aceitados haciéndole al “educador”.

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