¿Por qué un país pequeño como Costa Rica sí logró calificar a la ronda mística de cuartos de final del Mundial de Brasil, a la que nuestra selección nunca ha podido llegar fuera de México?

 

 

Por Jorge Alberto López Gallardo y Emmanuel Ameth

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Una vez pasada la fiebre del Mundial, tiene uno tiempo para reflexionar sobre lo acontecido. Curioso es el hecho que durante los juegos es difícil librarse de pasiones que nublen la razón, y lo es aún más –casi imposible– que cualquier análisis que uno hace sobre los juegos no encuentre una resistencia feroz entre sus compatriotas.

Un ejemplo: uno de los autores (JALG) vio la mayoría de los juegos por televisión en el Lawrence Berkeley National Laboratory, en la colina arriba de la Universidad de California en Berkeley. Y ahí, rodeado de científicos nucleares de nacionalidades diversas (Alemania, Dinamarca, Rumania, China, etcétera), el famoso penal de Robben sí fue aceptado como justificado por unas dos terceras partes de la gente, cosa que nunca habría sucedido de haber estado rodeado de compatriotas.

(De hecho, el domingo siguiente la camiseta más vendida en el mexicanísimo mercado de las pulgas de Oakland fue la que mostraba a Robben y Márquez con la leyenda “¡No era penal!”.)

Así pues, sin los humos del rencor, la pregunta que viene a la mente es ¿cómo mejorar la calidad de la selección nacional? o, para ponerlo en términos menos dependientes de la calidad de la selección y más históricos, ¿qué hacer para lograr pasar a cuartos de final?

Esta segunda pregunta es conveniente porque existe un punto de referencia: Costa Rica. ¿Por qué un país pequeño como Costa Rica sí logró calificar a la ronda mística de cuartos de final, a la que nuestra selección nunca ha podido llegar fuera de México? Claro que el tamaño del país no es necesariamente un impedimento para ser exitoso en algún deporte, Cuba poniendo el ejemplo de esto, pero dado que es la primera vez que Costa Rica logra esta hazaña, conviene tomarlo como punto de comparación.

Declarando de antemano nuestra inexperiencia en análisis de este deporte, el primer paso en un estudio inicial es el de definir grandeza futbolística para después identificar factores que permitan cuantificarla. Empecemos por medir la efectividad que tienen los diferentes equipos en lograr pasar a las siguientes etapas del Mundial; como primer paso hagámoslo por confederaciones.

La figura siguiente muestra el número de equipos que lograron pasar, respectivamente, a octavos de final, cuartos de final y a la semifinal. Sin duda, las selecciones más efectivas fueron las europeas en primer lugar (UEFA), seguidas por las sudamericanas (Conmebol).

Es claro que esta medida no es ni única ni indiscutible: UEFA es mucho mayor y tuvo más representación en el Mundial que las demás asociaciones, etcétera. Sin embargo, dados los resultados de este campeonato (y del anterior) podemos tomar a los europeos como una medida confiable de calidad futbolística. Asimismo es posible que así como Nate Silver lo hizo con el beisbol, alguien ya se haya tomado el tiempo de examinar a fondo todas la variables del juego para encontrar maneras óptimas de medir grandeza en el fut. Pero para continuar con nuestra encomienda igualemos a los europeos con calidad.

Con esto, una manera pragmática de medir calidad sería medir la ‘europeidad’ de las selecciones, es decir, ver cuántos jugadores de cada selección juegan en Europa. La gráfica siguiente muestra, con las barras de la izquierda y el eje izquierdo, el número de jugadores que cada equipo de Concacaf tiene jugando en Europa: Honduras 6, México 8, EU 12 y Costa Rica 11.

Aunque tal media parecería tener buena correlación con efectividad, señalaría que EU debería haber clasificado a cuartos de final al tener un jugador más en Europa que la selección de Costa Rica. Sin embargo, como todos vimos, varias de las estrellas no jugaron todos los juegos, o jugaron de manera mínima entrando al final del juego, etcétera.

Tomando esto en cuenta, y viendo cuántos seleccionados de los que juegan en Europa realmente participaron en los juegos, es posible medir la participación real de estos jugadores. La gráfica anterior muestra, con las barras derechas y el eje derecho, los porcentajes de participación en el Mundial de seleccionados que juegan en Europa; con esta medida, Costa Rica claramente toma la delantera.

Por supuesto que el análisis se puede extender hasta el infinito, pero otras medidas dan resultados erróneos o nulos. Por ejemplo, los costos de cada selección no tienen nada que ver con los resultados obtenidos: de acuerdo con PluriConsultoría, la selección de Costa Rica es la menos costosa, con un valor de 41 millones de dólares, seguida por Honduras (42 mdd), EU (82 mdd) y por México, con un presupuesto gigante de 138 mdd. Sin duda, si estos costos reflejaran calidad, México hubiera llegado al siguiente nivel.

Tomando, entonces, lo anterior como si fuera una verdad absoluta, podemos concluir que para que México llegue a cuartos de final necesitaría aumentar en un 30% el número de jugadores de tal capacidad, así como su participación en los juegos.

¿Por qué no sucede esto de manera automática? Es decir, ¿por qué México no genera oferta abundante de jugadores para el mercado internacional? Pareciera que tiene que ver con el modelo económico que sostiene el juego en nuestro país. Mientras que en México las ganancias de los clubes vienen mayormente de la televisión, en otros países más exitosos el enfoque económico del futbol es muy distinto.

Por ejemplo, de acuerdo con reportes especializados, en los últimos meses Argentina y Brasil han acaparado más de 20% del mercado de exportación de talento futbolístico (que globalmente sobrepasa los 2,000 millones de dólares). Ramón Carazo, del ITAM, indicó en entrevista con CNN que desde hace 50 años asociaciones de estos países han adoptado el mercado de exportación como modelo de negocio en asociación con agentes en Europa. En 2012 las asociaciones de Brasil lideraron en ganancias por venta de jugadores con un total de casi 65 millones de dólares.

Entonces, si el crudo análisis anterior tiene algo de verdad, las noticias no son buenas. Para que la ultrafanática sociedad mexicana satisfaga sus ansias de ver llegar a los cuartos de final a su selección nacional sería necesario que la estructura económica del futbol nacional se reformara de tal manera que las ganancias dejaran de llegar a los bolsillos a donde llegan y empezaran a llegar a las arcas de los clubes por medio de ventas de jugadores. Cuando rija tal incentivo económico, los clubes y jugadores nacionales tendrán motivación y condiciones para esforzarse y llegar a igualar la calidad de los jugadores de Europa.

 

Jorge Alberto López Gallardo es físico teórico especializado en el área de reacciones nucleares, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias.

Emmanuel Ameth es analista económico.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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