A casi dos meses de que la presente administración iniciara funciones, se ha observado un desmantelamiento de diversas capacidades y fortalezas que se habían construido en la administración pública federal, a lo largo de los últimos veinte años por lo menos pues, aunque en administraciones como en la de Enrique Peña Nieto no se hizo mucho, tampoco se eliminaron estructuras y habilidades generadas.

Desde finales del siglo XX, se había generado cierta conciencia sobre la necesidad de incorporar distintas metodologías y técnicas a la administración pública federal para fortalecer su trabajo cotidiano. Si bien esto fue reflejo de las tendencias que se habían construido en administración como la de Bill Clinton en los Estados Unidos, o la de Margaret Thatcher y John Major en Inglaterra, o experiencias como la de Australia y Nueva Zelanda en la misma época, en América Latina dicha influencia no se hizo esperar.

La configuración de organizaciones como la Comisión para la Administración y el Desarrollo (CLAD) o las recomendaciones de la OCDE, la CEPAL o el PNUD, llevaron a un proceso de fortalecimiento institucional de diversos gobiernos en la región, incluyendo la incorporación de México a diversos acuerdos internacionales que fomentaron, entre otras cosas, el gobierno electrónico, la planeación, el servicio civil de carrera, el fortalecimiento de los procesos de licitación, la reconfiguración de procesos, la transparencia, etc.

Si bien se generó, de manera indebida por condiciones políticas, un proceso de crecimiento del gobierno, impulsado además por la intensificación de su función reguladora; también se consolidaron áreas con experiencia y habilidades técnicas para realizar de manera más eficiente, diversas funciones que, en el pasado, se hacían de manera improvisada o por ocurrencias de los grupos directivos.

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Este desmantelamiento va en dos sentidos, por un lado, con la salida de recursos humanos capacitados en diversas técnicas que la administración requiere y, por el otro, con la modificación de estructuras dada por el “estilo” de gobernar del presidente López Obrador. Esto ha mostrado impactos importantes en la forma en que se han desarrollado las distintas crisis que se han tenido en estas últimas semanas.

La opacidad, la reacción, la ausencia de información consolidada, la violación a procesos administrativos con fundamento legal, la ausencia de planeación, las ocurrencias cotidianas que hacen cambiar las estrategias, etc., son algunos de los aspectos más observables, pero igualmente preocupantes sobre la forma en que la administración pública está funcionando actualmente.

Tan solo el hecho de reducir a tres secretarios de Estado a buscadores de ofertas de pipas en el extranjero, sin un proceso administrativo de licitación de por medio; o la falta de previsión y acción ante un hecho como el de Tlahuelilpan; o la estrategia antihuachicol que evidenció la falta de pericia del director de Pemex y la secretaria de Energía; o la decisión de no comprar equipos o plataformas tecnológicas por un año, etc., etc., muestran este proceso de desmantelamiento de las capacidades de la administración pública, lo que tendrá costos relevantes en el futuro por la pérdida no únicamente de recursos humanos, habilidades técnicas y el uso más eficiente de los recursos públicos.

El avance, mal que bien, que se había tenido en la construcción de fortalezas técnicas ha comenzado a retroceder, reduciendo la capacidad de la administración para la consecución de metas. El desdén por estos temas se refleja no únicamente en que para estas fechas aún no se sabe nada del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, que la misma Constitución mandata, como fundamento legal y motivación de las acciones de gobierno, sino también, porque hay programas que se han iniciado, sin que recaigan en las dependencias que, por su naturaleza técnica, debieran alojarlos. El valor público, de acuerdo a Mark Moore, se genera conjuntando apoyo político y capacidad técnica, si alguna de las dos variables falla, no se puede generar dicho valor a partir de las acciones de gobierno, sino únicamente acciones erradas. Hasta ahora, el presidente tiene apoyo político, falta la capacidad técnica que, se ha desmantelado en áreas estratégicas, tal vez por eso hayan tenido que ir las y los secretarios de Estado a comprar pipas a los Estados Unidos.

 

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