En las vacaciones del verano de 1988, antes de entrar a la universidad, Óscar Padilla, CEO de Grupo Alcis, recibió su mejor lección en el mundo de los negocios: “Llego a la oficina un día con mi suegro y le digo: ‘Bueno, y… ¿qué hago?’ Me dio una Sección Amarilla y me dijo: ‘Quiero que busques todas las iglesias y templos que hay en el Distrito Federal [hoy Ciudad de México, CDMX] y que al párroco le preguntes si le interesa tener nichos. Lo más seguro es que te diga que sí, pero que no tiene dinero, y entonces le vas a decir que nosotros construiremos los nichos y que el 50% de los nichos se los daremos a él [a su iglesia] y nosotros nos quedaremos con el otro 50%’”, recuerda el directivo de la empresa.

Su historia con esta compañía comenzó, curiosamente, en un Burger Boy. Ahí conoció a la que actualmente es su esposa, Guadalupe García Bravo, la hija más pequeña de don Carlos García López, fundador de la firma que, hasta el día de hoy, es pilar de Grupo Alcis: Funerarias J. García López.

Para la década de los 70, don Carlos García López ya era dueño de algunos hoteles en Acapulco, Cancún y Puerto Vallarta.

En 1979, durante una charla que sostuvo don Carlos con el presidente municipal de Huixquilucan, en el Estado de México, le manifestó su deseo de que la demarcación tuviera un horno crematorio, e infirió que podría ser un negocio que él podría iniciar. El objetivo era tener un horno fuera de un panteón. En aquellos años, los hornos que existían en el área metropolitana estaban sólo dentro de los cementerios, y ése era el caso del Panteón San Isidro, en Azcapotzalco, y del Panteón Civil de Dolores, en la delegación Miguel Hidalgo, ambos en la CDMX.

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“Entonces don Carlos llega a su casa con su esposa y sus hijas y les dice: ‘Fíjense que me están ofreciendo comprar un horno crematorio, pero a mí no me interesa’. La esposa de don Carlos, Julieta Bravo de García López, levanta la mano y dice: ‘Yo lo manejo, yo me hago cargo’”, recuerda Padilla.

Lo siguiente fue adquirir un terreno en la zona de Huixquilucan e investigar con los agregados comerciales de algunas embajadas para saber quiénes eran los fabricantes de hornos crematorios. Encontraron que en la ciudad de Orlando, en Florida, Estados Unidos, había una buena cantidad de ellos:

“[Al principio] fue un desastre la operación, porque el horno no funcionaba. Hasta que, un día, don Carlos descubrió que el problema estaba relacionado con la altura de la Ciudad de México. El motor ventilador no inyectaba la suficiente cantidad de aire. Le faltaba oxígeno al equipo y la combustión no era la adecuada. El problema lo resolvieron”, comenta.

Luego hicieron cremaciones no sólo para el Estado de México, sino también para Veracruz, Jalisco, Querétaro, San Luis Potosí, Oaxaca y Baja California, entre otros, explica. En ese momento surgió otra idea: ofrecer a la gente que llegaba a solicitar la cremación de un cuerpo, la opción de tener un plan de cremación a futuro. Pronto se requirió una carrosa y hubo necesidad de tener ataúdes. En ese momento, aún no fundaban la funeraria y subcontrataban el servicio de velación.

Para 1986, arrancó la empresa Previsión Final y decidieron emprender la búsqueda de un inmueble para su primera funeraria. Encontraron un predio que resultó muy dañado por el terremoto de 1985, en la esquina de General Prim y Versalles, en la CDMX. El proyecto arquitectónico que se presentó para la primera funeraria fue rechazado porque aquella casona estaba protegida por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). La propuesta fue aceptada cuando ésta se apegó al estilo que inicialmente tenía la vivienda. A eso se debe el estilo victoriano de las funerarias J. García López.

Después de créditos, trámites, construcción y pruebas de operación, la primera funeraria J. García López (“J”, por el nombre de Julieta Bravo de García López) abrió sus puertas en 1989. La segunda sucursal de la funeraria se abrió en 1992, en la zona de Perisur, en la colonia Guadalupe Tlalpan de la capital del país.

Otro de sus logros en aquel momento fue la obtención de la primera autorización en México para tener un horno crematorio dentro de las instalaciones de la funeraria. Hasta ese momento, continuaban ofreciendo el servicio de cremación para otras funerarias, entre ellas Gayosso, uno de los jugadores más importantes del mercado.

En 1997, cuando estaban por abrir la tercera sucursal de la funeraria, en la calle Miguel Ángel de Quevedo (Coyoacán), don Carlos García López sufrió un infarto y no pudo continuar dirigiendo la firma (él falleció en 2015). Es entonces cuando sus tres hijas y Óscar Padilla quedan al frente del negocio.

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“Para nosotros fue un golpe terrible porque éste era un negocio familiar; cero gobiernos corporativos… Empezamos a ver las áreas de oportunidad y nos involucramos. Todos éramos muy jóvenes en aquel entonces; yo tenía como 28 años. Comenzamos [la nueva etapa] con la disciplina de abrir una funeraria cada dos años. Mejoramos los servicios y la atención al cliente. Mientras tanto, los hoteles se medió mantenían, pero no nos daban ningún recurso económico. El negocio turístico iba a la baja y el funerario para arriba”, recuerda.

Para el año 2001, abrieron la sucursal de Observatorio y, después, la de Ciudad Satélite. En 2008 realizaron una inversión en Av. San Jerónimo, para abrir Casa Pedregal y atender a los segmentos A y B.

“En ese momento empezamos a posicionarnos en la mente de los consumidores como la mejor opción del área metropolitana, por muchos factores: primero, dábamos un precio 30% o 25% menor de lo que daba la competencia; en muchas ocasiones, teníamos mejores instalaciones que ellos, mejor servicio y mejor atención”, dice.

El desarrollo y la evolución de las funerarias los llevó a perfeccionar el servicio de cafetería. La demanda fue tal, explica Óscar, que también desarrollaron gran experiencia en aspectos de la panadería y la repostería, hasta que los mismos se convirtieron en otra división del negocio: “Hoy horneamos cuatro toneladas de galletas al mes… sólo para las funerarias”.

Los descalabros del grupo comenzaron en el año 2012, con la muerte de Julieta Bravo de García López, suegra de Óscar. En 2013 muere Margarita García Bravo, a los 50 años de edad, hija mayor de don Carlos García López, y quien fungía como directora general del Grupo.

Al frente de la compañía se quedaron Julieta García Bravo y Guadalupe, esposa de Óscar Padilla. Antes de morir, Margarita les comentó que era tiempo de iniciar el proceso de institucionalización de la empresa y crear un gobierno corporativo. Así, actualmente, Julieta ocupa la presidencia del Consejo de Administración, Guadalupe la vicepresidencia del Consejo y preside la Fundación J. García López; y Óscar Padilla es el director general del Grupo.

Durante este proceso de institucionalización, uno de los cambios más importantes fue registrar un nombre distinto para el grupo de empresas y reservar el de J. García López sólo para la división funeraria. Así fue cómo surgió Grupo Alcis, que en griego significa “diosa de la fuerza”.

El negocio funerario es hoy el pilar del grupo: aporta entre 78% y 82% de los ingresos y es la única empresa dentro de este sector que vende franquicias, de las que ya comercializaron cuatro. Cada una de ellas tiene un costo de 2 millones de dólares (mdd).

Otro de los productos que ofrecen es asistencia internacional para la población migrante en Estados Unidos. En este sentido, la propuesta es que, si el migrante pierde la vida, el cuerpo puede ser repatriado y trasladado al punto en donde se lleve a cabo la velación. Este servicio también puede cubrir a la familia del migrante y tiene un costo de entre 8 y 12 dólares mensuales.

Hoy, 12,000 migrantes tienen contratado este servicio. Para otorgarlo, la empresa funeraria trabaja en alianza con algunas aseguradoras asistenciales en Estados Unidos. El objetivo es poder otorgar el servicio a 24,000 migrantes para el año 2018. Por este modelo de negocio, fueron invitados a formar parte de las 23 empresas mexicanas en la cumbre de negocios SelectUSA, en Washington DC, Estados Unidos.

La firma tiene 500 corresponsales en todo el país, bajo el sello de Funeral Net, a través del cual ofrece sus servicios en todo el territorio e, incluso, trabaja con el gobierno.

La compañía ya explora la posibilidad de abrir funerarias en otros países. Uno de los objetivos es llevarlas a Florida y ofrecer el servicio de repatriación de cuerpos a Cuba. Este proyecto ya está en proceso, aunque no comenzará a operar antes de 2018.García López también será el distribuidor exclusivo para México de los equipos de biocremación. La meta es disminuir las emisiones de los equipos convencionales y tener un equipo con esta tecnología en cada una de las funerarias.

La biocremación consiste en simular el proceso de descomposición natural de un cuerpo cuando es enterrado, mediante la manipulación de la humedad y el uso de sustancias como el hidróxido de potasio, hasta obtener carbonato de calcio, es decir huesos, los cuales, una vez pulverizados, se entregan a los familiares. Un servicio adicional consiste en convertir estos residuos en un diamante.

“A los minerales los sometemos a alta temperatura y a alta presión y el resultado es un diamante. El boro da el color del diamante, y cada uno de nosotros produciríamos un diamante distinto, desde transparente hasta azul”, asegura Óscar. Este proceso también puede realizarse a partir de la cremación convencional.

En la CDMX se practican 25,000 cremaciones, aproximadamente; el 50% se hace en hornos pertenecientes al gobierno y el resto lo realizan las empresas. La mitad de este mercado lo cubre J. García López.

Para el año 2017, la compañía planea abrir dos sucursales propias: una en la zona del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y otra en el área de Lindavista, en el norte de la urbe. Hoy tienen ocho funerarias en operación.

(Oscar Padilla. Foto: Michelle Burgos).

División restaurantera

En mayo de 2016, Grupo Alcis abrió el restaurante Mextizo, de cocina mediterránea, ubicado en Barcelona, España. Hoy ya recibe unos 140 comensales diarios, con un ticket promedio de entre 65 y 70 euros, explica Óscar. El objetivo es llevar el concepto a otros países: “La próxima apertura creemos que puede ser en Estados Unidos”.

El modelo de negocio que han desarrollado para esta apertura en España es el resultado de la evolución de las cafeterías y de satisfacer su propia demanda de panadería. Con esto han perfeccionado su división de alimentos y bebidas. A Grupo Alcis pertenecen los restaurantes Anastasia (en Pabellón Altavista y en Masaryk), Anastasia Confitería Fontina y Mextizo. El grupo también cuenta con el concepto Pan de Pueblo, que consiste en locales cercanos a tiendas de conveniencia que venden pan recién horneado, tortas y café. Arrancó operaciones en febrero de este año y ya tiene cuatro sucursales en la CDMX.

Para el mes de febrero de este año, planean el arranque de la Escuela de Gastronomía Milán 41. El modelo académico se basa en 90% práctica y 10% teoría. El certificado, explica Óscar, podrá obtenerse en un periodo de 12 meses y lo expedirá la Universidad de Barcelona. Al término del curso, el alumno podrá realizar prácticas profesionales y elegir entre 30 restaurantes con estrella Michelin en México, España y otros países de Europa. Este tipo de experiencia, asegura, hará que los jóvenes tengan acceso a un mejor trabajo.

Enumerar las empresas y proyectos de Grupo Alcis podría requerir varias páginas más. Su modelo de negocio les permite satisfacer las demandas de servicios que ellos mismos crean. Las funerarias abrieron la oportunidad de comenzar el negocio de alimentos y bebidas; éste, a su vez, les permitió independizar la división, desarrollarla y generar una escuela.

El mismo grupo también desarrolló la empresa Blanc (florería), que abastece las funerarias y a otros clientes. Este negocio les representa ventas de hasta 40,000 pesos diarios. Grupo Alcis, en todas sus divisiones de negocio, entre junio de 2015 y junio de 2016, realizó inversiones por 90 millones de pesos (mdp).

“¿Que si para el futuro vamos a invitar inversionistas? No te lo puedo contestar. Siempre estamos abiertos a las oportunidades de negocio negocio y buscamos subirnos a esas olas maravillosas que se dan en el ámbito empresarial. Aunque, como empresa y como familia, lo que buscamos es el famoso Blue Ocean [creación de mercados en áreas que no están explotadas en la actualidad y que generan oportunidades de crecimiento rentable y sostenido a largo plazo, de acuerdo con el libro La estrategia del océano azul, de W. Chan Kim y Renee Mauborgne]”, puntualiza.

“Mi chamba hoy, ante este Grupo, como ceo es, primero, que el trabajo de los directores de área luzca. Si el trabajo de ellos luce, todo luce bien. Segundo, cuando a mí me preguntan si me preocupan mis clientes, la verdad es que no; otros me critican y me reclaman, pero a mí no me preocupan mis clientes: me preocupan mis colaboradores. Si mi gente está bien, nuestros clientes están bien, y eso ha sido parte del éxito y del resultado. Mi oficina tiene la puerta abierta, no tenemos cortinas… ni puertas. Sé que hoy la gente trabaja con entusiasmo y con la misma pasión con que yo les platico a ustedes las cosas”, concluye.

Grupo Alcis podría emitir deuda hacia el año 2018 y, probablemente, salir a Bolsa rumbo al 2020. Pero, ¿qué pasó con los hoteles? Hoy están a la venta.

 

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