Algunos gobiernos empiezan a ver las ventajas de la digitalización de la moneda, que no es lo mismo que la creación de criptomonedas, lo que a su vez permite digitalizar sus servicios. Uno de los primeros ejemplos que noté fue cuando Uruguay anunció el “e-Peso” hace algunos meses. Ellos atinadamente lo denominaron como un “activo responsabilidad de la institución”, o sea que básicamente hicieron un fondo de dinero real y lo metieron a la máquina de Willy Wonka para digitalizarlo y poder moverlo fácilmente por la red de redes.

Mario Bergara, presidente del Banco Central de Uruguay lo dijo claro: “La primera emisión de billetes digitales consiste en 20 millones de pesos uruguayos, de los cuales siete millones ya han sido transferidos a Red Pagos (operador privado de pagos y cobranzas). Esta no es una moneda nueva sino el mismo peso nacional, pero con un soporte tecnológico en lugar de físico.” Así que mientras Uruguay digitaliza su moneda, y crea un wallet digital que permite hacer cobros de mil dólares entre personas y hasta de 6 mil 600 dólares a empresas, pero con un sustento en la moneda nacional. Este es el tema clave, las criptomonedas no tienen esas arcas de resguardo, no tienen un fondo que les asegure detrás.

Aclaro esto antes de entrar a la criptomoneda que acaba de anunciar el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La divisa digital por excelencia, Bitcoin, dejó clara la esencia de la criptomoneda: no dependerá de gobiernos ni de bancos centrales y se regulará a través del consenso de los nodos que la gestionan. Es así que el Petro, no es una criptomoneda, ni mucho menos, porque lo que están haciendo es digitalizar el petróleo, o un recurso ya existente. Ahora sí que hay que hablar con un contador que nos diga si con esto están ya sea haciendo “double booking” o “double valuation” de un activo nacional como lo es su petróleo. Releyendo esto que acabo de escribir, hace que tengan aún más sentido los bonos de carbono, que el Petro.

Mientras tanto en el mundo de las criptomonedas, estamos viendo que ya pasamos de los lucky first (primeros afortunados) a los early adopters. Si bien Bitcoin ha tenido máximos históricos de valor, pasando por encima de los 215 mil pesos por Bitcoin; el hermano poco querido, Ethereum, está empezando a recibir cariño por parte de los amantes de los gatos. Básicamente hay personas que han utilizado más de un millón de dólares comprando gatos virtuales con Ethereum.

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Si, “CryptoKitties” es algo que es más digital que el un bono de Petróleo digitalizado. Y aunque cueste aceptarlo, tiene hoy un valor cercano a los 450 dólares, cuando el barril de petróleo WTI está por ahí entre 50 a 55 dólares. Es así que cuando uno creía que las criptomonedas, de verdad, no se podían poner más “excéntricas”, por decirlo de una forma, ahora los gatos virtuales están generando estrés en esta criptomoneda hasta hace poco menos utilizada o demandada que el Bitcoin.

Valuación de Ethereum al pasar el tiempo (en USD).

Dentro de todo lo serio que pueden tener estos gatos virtuales, si escribí serio, hay que entender que es parecido a la tendencia de los peluches cuando los empezaron a rellenar con pellets de PET en vez de otros rellenos. Incrementó la demanda y el creador se hizo de unos buenos dólares. En este caso la gente podría obtener algún retorno por criar a sus extraños mininos, o se quedarán con la llave criptográfica cifrada a su extraño felino virtual cuando el mercado de esta moneda vaya a quiebra. Lo bueno que podemos rescatar de este juego, sin embargo, más allá de la ridícula valuación, es que es una excelente forma de interactuar con el blockchain de Ethereum.

Al entender que se juega en este espacio, ayuda a interiorizar el tema del principio: no hay una entidad central administrando el juego. Esto quiere decir que los usuarios son dueños de sus gatos, literalmente. A diferencia de jugar con otras mascotas virtuales o digitales, que todo estaba centralizado y las mascotas se borran al quebrar la empresa, CryptoKitties está descentralizado y vivirá por siempre en el blockchain de Ehtereum.

Es así que, con gatos virtuales, he intentado explciar por qué no veo al Petro como una criptomoneda. Si quieren saber más sobre CryptoKitties, pueden leer este espectacular documento de preguntas frecuentes, (mucho mejor que el que no encontré sobre el Petro). Mientras tanto, los gatos salvan a Internet, una vez más.

 

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