Por Ismael Jiménez y Óscar González 

El pasado 30 de mayo, James Rodríguez, jugador del club de futbol FC Bayern Munich, lanzó su criptomoneda JR10. De acuerdo con la plataforma SelfSell responsable de la comercialización de la moneda digital, en 12 segundos se agotó la primera emisión.

Como JR10, existen al menos otras 1,500 criptomonedas que se ofertan en el mercado virtual de las criptomonedas, las cuales se cotizan de acuerdo con su popularidad y a la percepción que se tiene de su valor en el mercado.

De acuerdo con el sitio CoinMarketCap, las cinco criptomonedas con mayor valor de mercado son: Bitcoin, Ethereum,XRP, Bitcoin Cash y EOS; en conjuto suman un valor aproximado de 180 mil millones de dólares (mdd) y la cotización de éstas monedas virtuales varia entre los 7,000 doláres y los 22 centavos de dólar.

PUBLICIDAD

Puedes leer:  Blockchain, el nuevo aliado del sector energético

Ante tal disparidad de precios en el segmento de las monedas digitales, la pregunta obligada es ¿qué les otorga valor? La respuesta es que la oferta y la demanda establecen su apreciación.

“En el caso de las monedas virtuales, la especulación es lo que les da valor y genera su capitalización”, apunta Sebastián Acosta, fundador de ISBIT plataforma financiera de intercambio de activos digitales.

No obstante, y pese a su popularidad entre los usuarios de internet y los miles de temerarios inversionistas virtuales, el mercado mundial de criptomonedas se derrumbo 50% a mitad de año y durante la última semana previa al cierre de esta edición, volvió a perder el 20% de su valor.

¿Una nueva fiebre del oro?

Muchos son los analistas económicos y financieros que tratan de explicar el fenómeno de las criptomonedas y han tomado como referencia la “Fiebre del oro” en el sur de California en el siglo xix.

Y aunque han sido varios los delirios masivos por el metal precioso a lo largo de la historia, prevalece como la más representativo el californiano de 1848. En aquellos años, el descubrimiento de oro en el aserradero Sutter’s Mill en el pueblo de Coloma, generó un estallido de especulación.

El fenómeno dio paso a una migración de más de 300,000 personas hacia las tierras sureñas de Estados Unidos venidos de todos los puntos de la unión americana y de otros países y continentes.

La fiebre tuvo su gran auge hasta 1855. Luego de este periodo la euforia bajó y aunque algunos exploradores mantuvieron el sueño de hacerse ricos, con el tiempo la ola que impulsó el movimiento se disipó.

Como en todo, la fiebre dejó perdedores y ganadores. Los principales beneficiarios fueron los propagadores del rumor del descubrimiento de oro, quienes posteriormente se dedicaron a la venta de tierras, así como a la comercialización de todo tipo de inusmos para ejercer la minería.

Por supuesto hubo quienes amasaron grandes fortunas, pero no fue necesariamente por la extracción de oro, sino por las oportunidades de negocio que generó la migración.

La lección que dejó fueron los cientos de familias en la bancarrota y miles de inversionistas que compraron extensiones de tierra que los dejaron quebrados.

El auge de las criptomonedas presenta algunas similitudes con la Fiebre del oro, pues la migración de algunos inversionistas tradicionales hacia las divisas virtuales, parece estar teniendo mayor efervescencia, aunque eso no quiere decir que los grandes inversionistas institucionales migrarán hacia este instrumento de especulación.

La anarquía del BlockchAin

Hace 10 años se conoció por primera vez la ‘cadena de bloques’, conocida mundialmente como blockchain, la cual hacía posible el protocolo con el que opera Bitcoin. Un año más tarde, se lanzó públicamente esta forma digital como un sistema de pago y como unidad de cuenta.

Para los expertos en el tema, una criptomoneda es una unidad de cambio dentro de un sistema y una secuencia de firmas electrónicas en el que se registra el espacio de propiedad; el resultado de esta cadena, permite conocer el estatus o cantidad de valor que cada participante tiene en el sistema.

Así inició lo que hoy conocemos como ‘moneda virtual’ que permite realizar operaciones comerciales en internet sin utilizar dinero de uso común.

Sin embargo, y pese al entusiasmo de los nativos de los sistemas blockchain, esta herramienta que hoy tiene ya carácter financiero, es una enorme vía para el lavado de dinero, el tráfico de drogas, la piratería y el financiamiento al terrorismo. Todo esto sin que organismo alguno regule las transacciones en el mercado virtual.

El debate está centrado en regular o no las operaciones virtuales de las criptomonedas, sin embargo el dilema se hace patente cuando los poseedores de una moneda digital, convierten sus ganancias en depósitos bancarios en el mundo real y viceversa. Al final, los inversionistas en criptomonedas, desearán transformar sus ganancias virtuales en ganancias físicas.

La problemática es que el blockchain opera como un algoritmo digital que induce e influye en los usuarios de internet a la hora de la toma de decisiones. Italo Pizzolante, columista de Forbes, en su entrega La dictadura de los algoritmos, publicada en septiembre de 2017, señalaba que: “cada vez más, la cantidad de algoritmos existentes eligen lo que nos gusta a los usuarios de internet”.

En otras palabras, las cadenas electrónicas sesgan nuestra visión del entorno y nos llevan a pensar que la información anticipada que nos inducen los algoritmos digitales, son verdades absolutas haciéndonos creer que todo el mundo comparte nuestras ideas, creando así la dictadura a la que se refiere Pizzolante.

¿Regulamos o no?

El fenómeno de la especulación de los blockchain, generó que muchos de los usuarios de las criptomonedas, realizaran compras en paquetes de divisas digitales. Esto dio origen a una burbuja financiera que reventó en junio pasado, generando una perdida de 50% del valor global de mercado de las monedas, según cifras de CoinMarketCap.

Los inversionsitas pequeños fueron los más afectados, luego de reventar la burbuja de los blockchain; 42,000 mdd se esfumaron de las principales cuentas de criptomonedas. Antes de iniciar la crisis, el valor mundial de ese mercado era de 830,000 mdd.

Coinrail, un sitio coreano que administra más de 50 criptomonedas, informó que las monedas virtuales habían sido víctimas de un hackeo que hizo perder más de 290,000 mdd a sus poseedores. El mismo portal, reportó que la moneda digital japonesa, Coincheck, fue víctima de hackers que extrajeron 500 mdd de su cuenta.

La crisis de las criptomonedas coincidió con el momento más álgido de la guerra comercial desatada por Estados Unidos contra China, la devaluación de varias divisas en el mundo, el alza acumulada de tasas de interés por parte de la FED y los primeros indicios del estallido de una nueva burbuja financiera en las principales bolsas de valores del planeta.

El sistema financiero mundial se rige bajo los acuerdos de Basilea III, desde 2009, con la finalidad de evitar crisis especulativas y en caso de que se detone cualquier brote, las autoridades financieras de los países, así como las instituciones privadas de financiamiento, deben hacer frente a las pérdidas sufridas. La regulación en la utilización de criptomonedas tiene dos aspectos, de acuerdo con George Levy del Instituto de Tecnología Blockchain (BIT): “uno, regular la criptomoneda como tal; o dos, regularla cuando interactúa con la moneda de un gobierno”.

En el primer caso es complicado hacerlo, pues la criptomoneda vive en un mundo virtual. Sin embargo, se pueden implementar regulaciones cuando una persona vierte la moneda digital en una divisa de curso legal; en ese caso, se generan los impuestos, comisiones o multas correspondientes.

“En Estados Unidos, en abril pasado se cumplió el plazo para la declaración anual de impuestos, en ese momento se desató una polémica sobre qué tipo de gravamen debían pagar quienes hicieron inversiones en criptomonedas, porque generan ganancias y por supuesto el gobierno quiere su tajada”, comenta Levy.

Aunque nada se ha concretado con respecto al pago de impuestos por la obtención de ganancias en base a la inversión en criptomonedas, actualmente se analiza este tipo de regulaciones alrededor del mundo. Más que preguntarse si el surgimiento y explosión de las criptomonedas son temporales e ilusorios, y por lo tanto dejar a sus inversionistas en la calle, habría que pensar cómo regular su uso, aprovechar la capitalización que generan, utilizarlas para mejorar economías y, sobre todo, entender y adoptar la tecnología en la que están basadas, dice Sebastián Acosta.

No obstante, regular las operaciones financieras de las criptomonedas no será tarea fácil, y en caso de que los pronósticos de los promotores de las inversiones virtuales tengan razón, el número de participantes en ese mercado crecerá de manera exponencial en los siguientes años, lo que llevaría a elevar su valor por encima del que tenía antes de reventar la burbuja de junio pasado.

Y aunque lo más puristas de la libertad virtual se oponen a la regulación, lo cierto es que la economía en su conjunto no es virtual y es tan real que quienes invierten en las monedas intangibles pretenden hacer materiales sus ganancias. Cuando eso sucede, entonces se convierte en una acción económica que no puede ser tratada en forma etérea.

 

Siguientes artículos

La inclusión digital en Centroamérica y el Caribe
Por

La habilitación de la transformación digital en el sector empresarial está siendo abordado por iniciativas de empresas d...