Esta crisis combina la vieja lucha de grupos de poder, a guerrilleros, delincuentes, la narcopolítica y la ineficiencia de un gobierno de vieja guardia.

 

 

Washington, DC.- Economistas, empresarios e investigadores de diferentes países se dan cita en el Foro de Mercados Emergentes, para analizar el futuro de la economía mundial. El futuro es incierto; en dos días de discusión sólo hemos podido escuchas en múltiples ocasiones la palabra crisis, proteccionismo y falta de liderazgo en los países de nuevo desarrollo. Los datos de los principales países tampoco son positivos: las economías se mueven lentamente.

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Me queda muy claro que el mundo no se está dando cuenta de que el modelo económico mundial está agotado, no hay confianza, no hay seguridad y, por lo tanto, no hay desarrollo. Para empeorar el panorama, las instituciones nacidas de los tratados de Bretton Woods en 1944, tienen un modelo de actuación de más de 70 años y ya tampoco están funcionando; tienen una visión antigua y ortodoxa, y tal vez sean los primeros que no están entendiendo lo que está pasando en el mundo.

Como un ejemplo de una de tantas situaciones podemos decir que todos los países emergentes están necesitados de grandes proyectos de infraestructura y no tienen todos los recursos fiscales para llevarlas a cabo. El problema es que existe un círculo vicioso, pues a las empresas privadas no les da confianza invertir en estas obras mientras los plazos y la certeza jurídica no sean las adecuadas; entonces se crea el efecto de quién es primero, el huevo o la gallina.

Por otra parte tenemos que las compañías requieren mano de obra técnica y calificada, que no existe en los países por los déficits educativos, y el mundo está enfrentando la trampa del sistema universitario, que genera más profesionales que el sistema de profesionales técnicos, que cada día serán más necesarios. En medio de este dilema ya empieza a ser una preocupación, sacada de las viejas películas tecnológicas, la incipiente, pero real, batalla entre los robots contra los humanos. A esto le sumamos el dilema de los acuerdos comerciales y financieros, así como la baja del petróleo, y tenemos un mundo que no sabe para dónde ir.

Mientras esta batalla mundial tiene cabida, en México los estudiantes se están dejando politizar por el terrible asunto de los estudiantes en Ayotzinapa, y desafortunadamente el tema de Guerrero empieza a contaminar todo el sistema político. Una vieja lucha de grupos de poder y de partidos políticos que nace de traiciones, enfrenta al viejo PRD y al PRI; el problema es que se combina con grupos guerrilleros, delincuenciales, narcopolítica y la ineficiencia de un gobierno de vieja guardia.

Es necesario hacer un gran control de daños y un buen manejo de crisis. El gobierno de Peña Nieto tendría que cerrar filas y no empezar luchas internas de poder que puedan crear agujeros, para que los enemigos puedan hacer de las suyas. El ambiente, la economía aún no generan soluciones, y será necesario que cierren filas para poder enfrentar este reto y no perder el momentum.

El dilema es muy complejo. La población pide la cabeza del gobernador, al sistema no le conviene que caiga, y el PRD defenderá la plaza hasta el cansancio; es un bastión político para seguir con el proyecto de los Chuchos y cambiar la imagen de la izquierda como gobierno. El problema es que el resto de la izquierda extrema es su peor enemiga y también está jugando a que las cosas no salgan bien.

En esta ocasión, no se pueden dar el lujo de fallar. Está a prueba la operación política del más alto nivel, así como el poder del Estado.

 

 

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