Como se usaba en el teatro antiguo para anunciar el final de una obra, en Croacia es hora de decir: acta est fabula. En 2016, después de ríspidas negociaciones, ingresará a la Unión Europea y, con ello, se enfrenta a la encrucijada de trabajar en pro de un Estado de bienestar o formar parte de un club que hoy no está de moda.

 

Por Irene Savio

 

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Enfrente del mítico hotel Dubrovnik, base de operaciones y dormitorio común de la prensa internacional durante las guerras yugoslavas, centenares de personas se amontonan detrás de las vallas metálicas que cercan toda la céntrica plaza Ban Jelačić, sede de los festejos por la futura entrada de Croacia al selecto club de la Unión Europea (UE).

Mientras faltan pocos minutos para que inicien los festejos por el ingreso de Croacia a la UE, se enciende un gigantesco y artificial set televisivo. En lo alto, pulula la crema y nata de los líderes europeos. Martin Schulz, José Manuel Durão Barroso y Herman Van Rompuy.

Croacia disimula bien sus miserias. Pero no han resuelto los problemas endémicos que surgieron, tras su independencia como país, en 1991, durante el gobierno del primer presidente de Croacia, Franco Tudjman.

Nadie sabe, con certeza, cuántos mendigos hay en este pequeño ex país yugoslavo. No hay datos oficiales. Ni programas de ayuda. Ni leyes que garanticen la inclusión social de los marginados a los beneficios de pertenecer a la UE. “Es un fenómeno nuevo, en aumento, pero que pasa completamente desapercibido en las estadísticas”, cuenta la investigadora Lynette Šikić-Mićanović, del Instituto Ivo Pilar, uno de los pocos que hoy trata de entender esta circunstancia.

Por eso el país tiene una recesión desde 2009, con una tasa de desempleo que este año acaricia 20%, un déficit elevado (–3.8%), una burocracia desbordante y una economía basada drásticamente en el comercio, mientras la industria y la agricultura languidecen.

“La economía ha acumulado problemas estructurales relacionados con la desindustrialización, la corrupción y la ineficiencia de la administración pública”, afirma Vladimir Cvijanović, experto en Teorías Económicas de la Universidad de Zagreb.

Ana Pavičić Kaselj es otra economista que coincide con el análisis. Según explica, tras la desintegración de Yugoslavia, en la época del ultranacionalismo de la década de 1990, la industria croata —la más pujante de la Yugoslavia unida— fue privatizada y puesta en manos de unas 200 familias que acaudillaron la revuelta hacia la independencia del país. Gente sin preparación ni estudios, pero que fue recompensada por motivos políticos.

Éste es un secreto a voces que muchos saben en ese país, pero del que pocos hablan. “Sí, es verdad, antes, éramos competitivos, pero lamentablemente el proceso de privatización fue desastroso y criminal”, reconoce Stipe Mesić, ex presidente de Croacia y anteriormente de Yugoslavia.

Eso, él lo vio con sus ojos y fue partícipe de ello. En 1990, Mesić formaba parte de la Unión Demócrata Croata (HDZ), un partido de centroderecha nacionalista fundado el año anterior por Franco Tudjman. Mesić llegó a secretario general del partido y luego fue elegido Primer Ministro de Croacia con un gobierno liderado por el HDZ, partido que abandonó en 1994 porque Tudjman “pensaba más en clave política que para el bien del país y terminó rodeándose de gente poco recomendable”.

Es por eso que ahora a Croacia le va como le va. “En este país, hay 1.2 trabajadores activos por cada pensionista, quizá el peor dato de toda la Unión”, explica la economista Ana Pavičić Kaselj.

Un caso aparte es la política monetaria del país, que también daña la industria pues hace los productos croatas más caros de lo debido. De hecho, hoy un euro equivale a 7.5 kunas —la moneda local—, aunque su tasa de cambio real sea de entre nueve y diez kunas.

Si la economía va mal, mucha de la culpa la tiene también la corrupción. Tanto que, según reveló recientemente la consultora estadounidense Ernst & Young, Croacia se coloca en el penúltimo puesto en la UE, precedida sólo por Eslovenia.

No es de sorprender que 90% de los empresarios considere estos trapicheos como “habituales” y que esta plaga, junto con la evasión fiscal, le haya costado al país la módica cifra de 11,300 millones de euros entre 2001 y 2010, según el informe de la organización Global Financial Integrity (gfi). Además, es un fenómeno transversal: afecta a todos.

Pero tampoco hay justicia. “El número de sentencias contra el crimen organizado es bajo. Y también en el ámbito de la corrupción hay pocas condenas”, reconoce el último informe de marzo de la UE. “Los jueces croatas todavía tienen cierta dificultad en aplicar las leyes y los reglamentos internacionales”, explica Julija Kranjec, del Centro Estudios para la Paz de Zagreb.

Así, el temor es acabar como Bulgaria, la nación más pobre de la UE, o como Grecia, la gran víctima europea de la crisis financiera internacional. “Yo sí tengo ese miedo”, afirma Marija Krnic, de la plataforma Za Grad, una especie de movimiento de indignados local. Ella, como casi el 50% de sus coetáneos, está desempleada y, como muchos de ellos, quiere irse del país. “No es que quiera, tengo”, dice. Tina Pekech, estudiante de biología de 24 años, también conoce esa herida: “Estoy contenta por la entrada a la UE pues así me podré ir del país; aquí no hay oportunidades”, afirma esta joven, que también es miembro del colectivo Jóvenes, váyanse de Croacia.

Según diferentes sondeos, sólo entre 45% y 49% de la población cree que su país se beneficiará de la anexión; mientras que apenas 20% de los acreditados —en un país de 4.2 millones— acudió a votar en las primeras elecciones europeas, celebradas en abril pasado. Todavía más: otro sondeo, de Gallup Balkan Monitor, indica que sólo 36% se siente europeo.

Pero hay quien guarda cierta esperanza. A partir de la segunda mitad de 2013, el país recibirá 655 millones de euros de fondos europeos. Hasta 2020, sumaran 13,700 millones. Dinero que, si se gestionara bien, mejoraría el entorno y también atraería nuevas inversiones, gracias a que, a partir de ahora, Croacia no pagara tasas aduanales dentro de la Unión.

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“El neoliberalismo no es la respuesta a esta crisis”

 

Ivo Josipović, presidente de Croacia, en entrevista exclusiva con Forbes México

 

Me pregunto si se siente decepcionado por las circunstancias en las que Croacia entra a la Unión Europea

No… Me decepciona la economía mundial, que a la economía europea no le vaya bien, pero me siento feliz de que estemos viviendo una etapa histórica, que nos hayamos convertido en una mejor sociedad, que estemos ante nuevos desafíos.

 

O sea, asume que, estando ustedes en crisis, ingresan a una Europa en crisis…

No hay pruebas de que estaríamos mejor sin la Unión. Nuestros problemas económicos empezaron antes, estando fuera de la Unión. Dicho esto, confiamos en que la Unión nos ayude a salir de la crisis.

 

─ ¿No teme que Croacia se convierta en otra Bulgaria o en una nueva Grecia?

¿Hay alguna razón por la que debería pensar esto? Confiamos en nosotros. Me pregunto por qué los periodistas son tan desconfiados y nos hacen estas preguntas. Lo he dicho y lo repito: ¿Qué país ha abandonado la UE? Por las mismas razones que ellos quieren quedarse, nosotros queremos entrar.

 

─ ¿Y qué razones hay en el caso de Croacia?

Tener acceso a un mercado más amplio, la posibilidad de desarrollar un corporativismo en diferentes ámbitos, desde la economía a la investigación científica y, claro, también creemos en el proyecto de pacificación de la Unión.

 

Por tanto, ahora que Croacia está dentro, ¿apoyará la entrada de Serbia a la UE?

Por supuesto. Y no sólo apoyaremos a Serbia, sino también a Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Albania. Sin estas naciones, a Europa siempre le faltará algo. Estos Estados le pertenecen a Europa. Lo que no sé es cuánto tiempo les llevará cumplir con los requisitos necesarios (para la anexión). Quizá muchos años.

 

─ ¿Le gusta la Europa de hoy?

Siempre ha habido problemas y hay que resolverlos. Pero Europa es todavía el sitio en el que se vive mejor.

 

No entiendo, ¿y la austeridad?, ¿le gusta el modelo económico de la UE?

Al respecto hoy hay dos voces dominantes. Una dice “gastemos” y la otra “ahorremos”. No obstante, yo creo que ninguna de las dos está en lo cierto, no son (posiciones) factibles. No podemos gastar sin freno, pero tampoco ahorrar tanto y quitarle la posibilidad a la gente de vivir normalmente. Tenemos que encontrar un equilibrio. ¡Hasta nos lo están diciendo algunos Premios Nobel! Y los políticos deberíamos escucharlos, porque [de no hacerlo], se generarán los problemas políticos y sociales que hay en Grecia. Otro asunto es que el neoliberalismo no es la respuesta a esta crisis. La Unión tiene ciertas características, como el Estado de Bienestar, que han de ser protegidas.

 

Sin embargo, Croacia ha aceptado las privatizaciones que pidió la Unión. Es así, ¿no?

No fue sólo una (reacción a una) petición de la Unión. Lo hicimos porque en Croacia muchas empresas aún son propiedad del Estado, y algunas son muy pequeñas. Creo que los Estados deberían mantener en sus manos sólo las empresas estratégicas, como las energéticas, ya que además el Estado no es un empresario eficiente.

 

Las élites croatas cometieron muchos errores en los 90 y el resultado es que hoy Croacia es un país desindustrializado…

Sí, se llevaron a cabo una serie de privatizaciones; algunas (empresas) acabaron en manos de criminales, otras en las de gente incompetente. Esto no ha de repetirse. Había muchas empresas buenas antes de nuestra independencia y por eso ahora hay que pensar en la reindustrialización del país.

─ ¿Qué me dice de que la mayoría de los croatas no están contentos ante esta anexión?

No estoy de acuerdo con esto; no es verdad.

 

Pero si sólo 22% votó en las primeras elecciones europeas…

Tienen algunos miedos, es normal. Además, ha sido una época de muchas elecciones; por eso no fueron a votar. ¿Cómo podríamos vivir pacíficamente esta transición si ellos no estuvieran de acuerdo? ¿Se lo imagina?

 

Aún no están en el Acuerdo de Schengen, pero la entrada de Croacia se prevé para 2016. ¿Están preparados?

Eso ocurrirá en dos años. Estamos en ello (en adecuarnos a los estándares europeos). Y, de todas formas, no me gustaría ver una muralla china en la frontera de Croacia. Creo que sería un gran error clausurar la puerta a nuestros vecinos.

 

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