Los hombres más ricos de este país tienen pasiones que están a la vista de todos: fútbol, béisbol, toros… Son pasiones que los han llevado a la cancha al festejar un campeonato o a lanzar amenazas en Twitter al ver perdidos millones en busca del triunfo. Éstas son algunas aproximaciones a su fanatismo.

 

 

 Por Ivan Pérez

 

Hace dos años en San Diego, California, Juan Manuel Ley se disponía a ver un partido de béisbol en su iPad luego de una intervención quirúrgica. Durante el periodo de convalecen­cia los rumores en torno a él corrían vertigino­samente. En medio de tanto ruido, se preparaba para seguir las incidencias de su equipo, Los Tomateros de Culiacán, uno de los equipos más tradicionales de la pelota caliente del país.

Manuel Ley,  presidente del Grupo Ley, una de las cadenas de autoservicio más importantes de México, estaba lejos de desmentir las versiones. Únicamente sos­tenía conversaciones con las televisoras en México para que sólo él, lograra ver los partidos de los Tomateros por tv o a través de cualquier dispositivo móvil.

Ley es uno de los empre­sarios que hacen lo que sea para relacio­narse con el deporte (muchos de ellos forman parte de nuestra lista de millona­rios). El Chino está en el béisbol, así como Alfredo Harp Helú (quien ocupa el asien­to 1154 la lista con 1,500 millones de dólares), Carlos Peralta y Ricardo Martín Bringas. Alberto Baillères (en el lugar 90 con 12,400 mdd) destaca por su pasión por la fiesta brava. En el fútbol intervienen Lorenzo Zam­brano, Emilio Azcárraga Jean (en lugar 663 con 2,600 mdd), Ricardo Salinas Pliego (en el 160 con 8,300 mdd), Carlos Slim (en el lugar número dos con 72,000 mdd) o la familia Hank Rhon.

Hoy cualquier equipo profesional del deporte mexicano —ya sea en fútbol o béisbol— tiene un millonario detrás. “(Estar ligado al deporte) corresponde más a una estrategia de diversificación en el portafolio de negocios, por lo que es complicado no dejarse seducir”, comenta Jorge Badillo Nieto, director de Fusión Mercadotécnia Deporte.

 

¿Un simple hobby?

En 2009, Carlos Peralta, presidente de Grupo IUSA (empresa del sector eléctrico), anunció: “Estoy vendiendo (a los Tigres de Quintana Roo) porque ya me cansé de tirar el dinero año con año, el béisbol no es negocio”.

La pelota caliente es el cuarto depor­te en las preferencias de los mexicanos, según la última encuesta de Consulta Mi­tofsky; en ésta, 70% de los fans interroga­dos se inclina por el fútbol, seguido por el boxeo, el basquetbol y el béisbol.  A pesar de todo la “pelota caliente” es una de las pasiones de los hombres más ricos del país.

En esta especialidad deportiva es posible ubicar a Harp Helú, dueño de dos franquicias (Guerreros de Oaxaca y Dia­blos Rojos del México), quien ha recono­cido que acude al menos a 50 partidos al año desde 2012. Harp Helú —quien tam­bién es uno de los copropietarios de los Padres de San Diego de las Grandes Ligas y que invirtió para crear una Academia en Oaxaca— resume así su filosofía de vida: “Voy a jugar un partido de béisbol cada día, y lo tengo que ganar”.

Hussein Forzán reflexiona: “El deporte pondrá a todos en su lugar, ya que no por­que tengas dinero vas a ganar siempre”.

Otro empresario que pertenece al mundo de la “pelota caliente” es Ricardo Martín Bringas, director general de Soria­na, quien también es presidente del Consejo de Administración de los Va­queros Laguna, un equipo de béisbol, que no se corona desde 1950.

Pero la liga de béisbol más poderosa, incluso a nivel financiero, es la Liga Mexi­cana del Pacífico (LMP), donde juegan los Tomateros de Culiacán, el equipo de Juan Manuel Ley y una de sus principales mo­tivaciones (algunos diarios locales, como El Debate, han reseñado que en algunas entrevistas ha llegado hasta las lágrimas). El Chino tiene en marcha el proyecto de un estadio nuevo que tendrá un costo de 380 mdp, que estará listo en agosto de este año.

“El papel de ellos (los millonarios) será cada vez más importante y vital para el desarrollo de la industria deportiva”, co­menta Jorge Badillo Nieto; al tiempo que Hussein Forzán complementa: “Además, activan la economía pues sin el deporte la situación sería un poco peor”.

 

Pasión, ¿nada más?

Alberto Baillères González es el tercer hombre más rico de México y es muy raro que aparezca en los medios de comuni­cación. Es presidente del Consejo de GNP, Peñoles, El Palacio de Hierro, y su pasión tiene que ver con el mundo del toro: tiene las ganaderías de Begoña, San Miguel de Mimiahuapan, Santa Teresa y San Martín; además, encabeza la empresa Espectáculos Taurinos de México, que gestiona plazas de toros importantes como la de Aguascalientes, y apoderado de algunos toreros como Morante de la Puebla.

Por otro lado, los equipos del fútbol mexicano tienen en su mayoría a una gran empresa detrás. De otro modo: aquí, el emprendedurismo no cuenta; si tienes dinero, entras; si no, estás fuera. “El fútbol seduce, pero también es una llave para la puerta comercial y política”, comenta Hussein Forzán.

Hace unas semanas, Arturo Elías Ayub, director de Alianzas Estratégicas de Telmex, dijo: “Estamos interesados en adquirir los derechos de tv de los clubes (de Primera División) que terminen contrato”. Carlos Slim es socio de los clubes del Pachuca, León y Estudiantes Tecos.

De acuerdo con los especialistas, las grandes empresas tienen dos objetivos claros para invertir en clubes: ganar imagen y marca o, en su defecto, desarrollar negocios. “Televisa no es el mismo después de que se organizaron los Mundiales de México (1970 y 1986)”, recuerda el director de la agencia PMKT. “La empresa de tv fue la responsable para que nuestro país organizara ambas justas”, afirma.

Podría decirse que este pastel se reparte así entre los millonarios: Carlos Slim es socio en Pachuca, León, Estudiantes y Oviedo de España; Emilio Azcárraga es el jefe en el América y el Necaxa; Ricardo Salinas Pliego en Morelia y Atlas; la familia Hank Rhon en Tijuana y Lorenzo Zambrano en los Tigres.

UnoTV es una de las estrategias de negocio de Carlos Slim, que busca los derechos de tv de los partidos para aumentar su influencia; claro, lo motiva una base de 70 millones de aficionados que tiene el país. Otro caso son los Tigres de Nuevo León, de Lorenzo Zambrano, a quien no le han dado muchas alegrías; sólo un título desde que tomó el club en 1996 y en el que ha invertido más de 55 mdd en fichajes.

En 2010 dejó en claro lo que significa el club para él: “Tigres no se vende; quien tenga ilusiones desorientadas de eso, que quede claro, no se vende”.

Hablando de pasiones, en la primavera de 2013, a aquella noche en el Estadio Azteca cuando el América ganó el título de Liga después de ocho años,  provocó que Emilio Azcárraga dejara el protocolo en el pasto. Las cifras económicas indicaban que la liguilla le había dejado 100 mdp a las Águilas por venta de boletos. Significaban 0.6% de las ventas consolidadas de Grupo Televisa de ese trimestre. Los ingresos del club en la fase final del campeonato no ameritaban necesariamente un brindis. Pero Emilio lo festejó de un modo peculiar: con los jeans totalmente mojados, sin camisa, hincado y con las manos extendidas rindiendo pleitesía a la porra del equipo, festejando ferozmente el campeonato.

Moraleja: los millonarios pierden la compostura por la pasión hacia su club, como cualquier mortal.

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