Destinar recursos a disminuir el estrés y la depresión al interior de la empresa es una inversión estratégica para atraer y mantener al talento, lograr las metas y que sea competitiva.

 

En los últimos años la venta de antidepresivos en el país ha reportado un crecimiento promedio anual de alrededor del 17%, representando uno de los negocios más rentables para la industria farmacéutica, con ingresos superiores a los 3,000 millones de pesos.

La depresión, considerada como un estado de tristeza permanente; un estado en que la autoestima es muy baja; una situación en que se ha perdido en gran parte la esperanza en sí mismo y su entorno, se presenta con más frecuencia en estos tiempos modernos que antes. La depresión se presenta no sólo en los adultos, sino también en los ancianos y en los niños y adolescentes.

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Algunas variables como la situación de inseguridad en el país, tanto por la violencia como por la economía; la presión social por cumplir con ciertas metas, vestir cierta ropa, traer cierto equipo celular; la alta desintegración familiar; las adicciones; la saturación de las ciudades; los conflictos político-sociales; la deficiente alimentación; la escasez de espacios de recreación y contacto con la naturaleza, y, adicionalmente, la alta carga laboral y los entornos poco amigables de trabajo, han ejercido presiones en el hombre y la mujer actuales llevándolos a estados de depresión y estrés.

La depresión, y su “hermano” menor el estrés, son condiciones que afectan tremendamente la productividad de una persona colaborando en una empresa o bien como su propio jefe siendo microempresario o freelance.

Muchos jefes, de manera ignorante, consideran que hay que mantener el estado de estrés en las personas para que sean más productivas, cumplan mejor con las metas, sean más competitivos, no se dejen de la competencia, mantengan los altos estándares de calidad, pero éstos están totalmente equivocados, no sólo en términos económico-productivos, sino en la parte ética-humana-moral.

El estrés y la depresión matan neuronas y provocan un deterioro en varias regiones del cerebro, el corazón y las arterias, limitan las capacides del sistema inmunológico, impiden que las personas sean suficientemente creativas, disminuyen la capacidad de colaborar en equipos, generan un desenfoque en las actividades más importantes, fomentan errores que podrían ocasionar pérdidas a la empresa y, por si fuera poco, generan ausentismo, rivalidades internas y una alta rotación.

Por ello afirmo que no hay mejor inversión empresarial o corporativa que invertir en disminuir el estrés y la depresión al interior de las empresas. Muchos jefes dirán que ellos no son responsables de la felicidad o el estado emocional de sus colaboradores, pero hasta cierto punto sí lo son si su objetivo es que los colaboradores se desarrollen y realicen todas la actividades encargadas, al mismo tiempo como responsbalidad moral lo es también, y más aún cuando ellos y las políticas que establecen son responsables protagónicas de estos padecimientos en las personas.

Un colaborador desestresado NO es igual a un colaborador sin metas u objetivos; aquí reside un error de pensamientos entre los directores. Un colaborador puede tener altos objetivos, pero unos que lo motiven positivamente, que lo inviten a colaborar con sus compañeros, en un entorno en donde pueda preguntar, consultar y aprender de otros, en donde pueda decir libremente “no puedo con esta actividad en particular, ¿alguien me ayuda?”, en donde pueda expresar sus ideas y escuche sana retroalimentación, en donde haya espacios de convivencia para relajar la mente, en donde se promueva una sana alimentación (por ejemplo en las cafeterías de la empresa). Hoy en muchas empresas en el extranjero se ofrecen espacios para tomar una siesta, para hacer 15-20 minutos yoga, para meditar, para comer al aire libre, para leer por una media hora cualquier cosa que el colaborador quiera, oportunidad para consultar un psicólogo o coach, incluso para que la persona, en una cocina industrial, pueda prepararse algunos platillos, y con esto distraiga la mente, conviva y se prepare lo que él o ella quieran. Bueno, hasta permitirles que customicen su espacio de trabajo con objetos personales es un buena estrategia, no costosa para la empresa, para bajar el estrés de un colaborador.

Regularmente la inversión en capacitación está mucho más enfocada en temas de planeación, generación de ideas, trabajo en equipo, liderazgo, calidad, nuevos procedimientos y otros temas coporativos, pero rara vez esta capacitación se enfoca en control emocional, encontrar el origen de emociones negativas, el manejo positivo de las situaciones, las relaciones familiares, la planeación personal del futuro, etcétera.

Es fundamental que las personas no sólo conozcan al cliente y los métodos de la empresa, sino que se conozcan a sí mismos para mejorar su propia relación consigo mismos, identificar los temas que les preocupan y estresan, la fuente real de sus depresiones.

Invertir en su gente es lo mejor que una empresa puede hacer. Invertir en bajar el estrés y la depresión es una inversión estratégica que toda empresa tiene la necesidad de llevar a cabo si quiere atraer y mantener talento, lograr sus metas y ser competitiva.

 

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