La tecnología y las redes sociales obligan a los jefes de Estado a capacitar a sus familiares sobre cómo conducirse en una vida que, aunque privada, se vuelve necesariamente pública.

 

Desde la campaña electoral, miembros de la familia del actual presidente de México han asumido actitudes públicas que afectan la imagen del jefe del Ejecutivo. Desde la calificación de “Prole” de Paulina Peña Pretelini hacia quienes se mofaban de su padre, pasando por las expresiones de Sofía sobre el asunto de Ayotzinapa, el conocido tema de la “casa blanca” y sus derivados, las 21 páginas de ostentación en la revista Hola, hasta la reciente gira por Beverly Hills, las acciones y dichos de la familia presidencial han sido objeto de cuestionamientos.

Comprar una casa, aparecer en una publicación, salir de compras fuera del país no tendrían nada de malo en tanto se hiciera racionalmente, sin ostentación (Hacer gala de grandeza, lucimiento y boato, según la RAE), con discreción y cuidando las formas, y con una preparación previa para hacer frente a fotógrafos y reporteros. Al parecer, a la mayoría de las familias de los políticos, especialmente los jefes de Estado, les gana la vanidad y olvidan que, por ser familiares de quien son, se convierten en personajes públicos, objeto de seguimiento y cuestionamiento.

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Esta familia presidencial no es la única que ha caído en expresiones y actitudes que son cuestionables, ni sólo es el caso en nuestro país. Los medios de comunicación, en su momento, han dado cuenta de algunos de estos casos. Veamos:

Cuando en febrero de 1975 la reina Isabel II de Inglaterra visitó México, el recorrido por las calles de la ciudad no se realizó en un automóvil descubierto, como el que hasta entonces empleaban los presidentes de México luego de sus informes anuales, sino en un descapotado autobús urbano acondicionado al efecto. Uno de los hijos menores del presidente fue incluido en la comitiva, pero, al fin niño, durante el recorrido estuvo brincando de asiento en asiento, lo que fue el comentario generalizado en diarios y noticiarios de televisión.

José López Portillo, quien incluyó en puestos de gobierno a familiares en primer grado, cuyas acciones complementaron, para mal, las propias del presidente. A su hermana Margarita la puso al frente de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía y del Canal 13 de TV. Al fin de su gestión, las instituciones a su cargo eran zonas de desastre. La revista Proceso lo resumió así: “Fueron los años más oprobiosos para la industria fílmica. Desde su sitial inamovible, el autoritarismo y los caprichos de la directora de Radio, Televisión y Cinematografía no pueden olvidarse: Se privilegió a los extranjeros, se persiguió a los realizadores y se les encarceló, se gastaron sumas exorbitantes y se destruyó por negligencia la Cineteca Nacional.”

A su hijo José Ramón (“El orgullo de mi nepotismo”) lo colocó en la Subsecretaría de Programación y Presupuesto. De él escribió Miguel de la Madrid en su libro Cambio de rumbo: “Fue su asesor principal, a quien más escuchaba. Y claro, José Ramón, rodeado de amigos, recibió influencias. Sé que (José Ramón) desde febrero empezó a instar a su padre a la nacionalización de la banca…”, lo cual finalmente ocurrió con todas sus consecuencias.

Y aunque su esposa Carmen Romano no tenía un puesto oficial, los medios de comunicación se encargaron de comentar sus caprichos artísticos, como el integrar una orquesta sinfónica para ser la solista al piano, o hacer viajes internacionales “oficiales” con todo y piano de cola, aunque se tuvieran que derribar muros en un hotel para meterlo en la suite presidencial, o bien, cerrar en París algunas tiendas y joyerías para que pudiera hacer sus compras tranquila y sin ser observada, a lo que las tiendas aceptaban por lo que implicaba en ventas.

En la época de Carlos Salinas surgió la frase del “hermano incómodo” gracias a su carnal Raúl, quien mientras trabajó en la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo) adquirió 41 propiedades en nueve estados del país, sin poder comprobar el origen de los recursos para comprarlas. Aunque pasó largos años en la cárcel, recientemente fue exonerado. El hermano menor, Enrique, no obstante mantenerse fuera de la vida pública, fue investigado con relación a operaciones de lavado de dinero durante el sexenio de su hermano, y en un artículo publicado en la revista Proceso fue identificado como el «cerebro financiero» de su hermano Raúl.

Con Ernesto Zedillo fue mediáticamente famoso el escándalo producido por sus hijos Ernesto, Emiliano y Carlos durante un concierto de U2 en el Foro Sol. Cuando trataron de salir por una zona restringida por el movimiento de luces, grúas de las cámaras y equipo en general, uno de los Zedillo fue tirado al suelo por alguien del equipo de la banda irlandesa; el personal de seguridad de Presidencia sacó sus armas, subieron a los hermanos a una camioneta blindada y rumbo a la salida pasaron por encima del jefe de seguridad de U2 afectando severamente su columna.

En el caso de Vicente Fox, su esposa Martha Sahagún fue señalada por algunos medios de utilizar su influencia en el gobierno para beneficiar a sus hijos con contratos de obras públicas. En mayo de 2005 se creó una comisión en la Cámara de Diputados para investigar la legalidad de los contratos otorgados a la empresa Construcciones Prácticas, vinculada con Manuel y Jorge Bribiesca, hijos de la primera dama. La comisión dictaminó que el daño ocasionado a la hacienda pública por irregularidades en la adjudicación de esos contratos ascendía a más de 1,000 millones de pesos y que Construcciones Prácticas adquirió una cartera de créditos al IPAB con valor de 1,183 millones de pesos, por la cual únicamente pagó 8 millones 100,000 pesos.

 

También en otros países

Tomás y Jerónimo Uribe, hijos del ex mandatario colombiano Álvaro Uribe, hicieron crecer como espuma, durante la presidencia de su padre, sus negocios personales: Jerónimo comerciando artesanías, y Tomás liderando una empresa de reciclaje. Ambos terminaron enredados por los beneficios recibidos para el montaje de una zona franca en la provincia de Cundinamarca, además de que Tomás tuvo que responder por, presuntamente, gestionar notarías para varios de sus amigos.

Los cuatro hijos del ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, le dieron tema a los medios brasileños cuando éstos se percataron de que los jóvenes pasaron vacaciones como cualquier magnate y compraron bienes millonarios. Uno de ellos se supone que recibió un sueldo del Partido de los Trabajadores sin haber pisado nunca una oficina.

La prensa de Miami, Estados Unidos, divulgó un video de una cámara de seguridad en el cual se observa la pelea en la que estuvo involucrado Juan Pablo Cartes, el hijo del presidente paraguayo, Horacio Cartes, que motivó su arresto. Las imágenes fueron divulgadas por el portal de noticias 7 News, y corresponden a varias cámaras del circuito cerrado del hotel St. Regis en Bal Harbour, donde Juan Pablo Cartes fue anfitrión de una fiesta.

Inclusive Mark, el hijo de La dama de hierro, Margaret Tatcher, fue acusado por un disidente saudita de haber recibido una comisión millonaria por un contrato de unos 20,000 millones de libras esterlinas con Arabia Saudita, que su madre firmó en 1985 cuando era primera ministra. Nunca se graduó como profesional, y en 2004 fue detenido por financiar un intento de golpe de Estado en Guinea Ecuatorial. Estados Unidos le negó la visa. Fue muy cercano al dictador chileno Augusto Pinochet, con quien negoció contratos de armas.

Lo que hace años sucedía con las familias presidenciales, sólo salía a la luz a través de los medios tradicionales. Hoy, gracias a la tecnología y a las redes sociales, se conoce de manera instantánea e ilustrada con voz e imagen. Ése es el principal motivo por el que los jefes de Estado deberían capacitar a sus familiares sobre cómo conducirse en una vida que, aunque privada, se vuelve necesariamente pública.

 

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