El futuro alcanzó a la música. La industria digital en 2014, por primera vez en la historia, tuvo los mismos ingresos que los discos físicos.

 

Según la Federación Internacional de Música Digital, en su reporte anual 2014, las ventas digitales y físicas representaron 14.965 millones de dólares en ingresos globales.

La Federación asegura que el mayor uso de los servicios de suscripción de música dirige el crecimiento digital. Pero, alertó, la industria está perdiendo ingresos (0.3% en 2014 comparado con el año previo) debido a que algunas plataformas, como YouTube, están exentas de las leyes de derechos de autor aplicadas a los servicios de streaming de música, como Spotify o Tidal.

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Y la música se hizo digital

En 2001 la industria musical declaró la guerra a un nuevo y extraño enemigo llamado Napster. Las compañías veían en la startup, que ofrecía descargas musicales gratuitas basadas en el intercambio de archivos MP3, a un enemigo desleal. Pronto, Napster se convirtió en el demonio. Incluso, artistas y grupos como Metálica se sumaron a su linchamiento y se mofaron de su modelo de “piratería”.

En julio de 2001, un juez ordenó el cierre de Napster “para prevenir más violaciones de derechos de autor”. Hacia finales de ese mismo año, el popular software, creado por Shawn Fanning y sus dos amigos Jordan Ritter y Sean Parker (este último pieza clave en el crecimiento de Facebook y actual accionista de Spotify), estaba en la lona. Napster debía pagar a las empresas discográficas 26 millones de dólares por daños y otros 10 millones de dólares por futuras licencias.

Sin embargo, la idea no murió. Decenas de empresas alrededor del mundo siguieron la idea de Napster, el más famoso Megaupload. El curso de la industria había cambiado.

 

Sonido bajo demanda

Una década después de Napster, la industria musical seguía mostrando poca imaginación para refrescar su modelo de negocio. En ese contexto, en 2009 surge la empresa sueca Spotify, que ofrece al usuario convertir su computadora en una tienda de música. Desde su lanzamiento ha firmado acuerdos con Universal Music, Sony BMG, EMI Music, Hollywood Records, Warner Music, entre otras. Y para inicios de 2015 ya presumía 60 millones de usuarios activos, de los cuales 15 millones son usuarios de pago.

Pero la empresa basada en Estocolmo, Suecia, y con un capital de más de 8,400 millones de dólares, no juega sola; compite contra iTunes, Atraci, Grooveshark, Pandora, Last.fm y, más recientemente, contra Tidal, el servicio de música del rapero Jay Z, que ha mejorado considerablemente la oferta de música streaming.

La empresa del esposo de Beyoncé (con presencia en 30 países y pronto en México), que presentó el pasado 30 de marzo en NY la plataforma, acompañado de sus socios y celebridades de la música, como Chris Martin (de Coldplay), Daft Punk, Madonna, Rihanna, Usher, Kanye West y una decena más, representa un giro en el modelo de negocio de la música, ya que, como ellos mismos lo han definido, “es el primer servicio streaming propiedad de los mismos músicos”.

“Todo se encamina a la ruta de servicios streaming y tecnología en la nube”, dijo hace poco Daniel Ives, analista de RBC Capital Markets, al medio Investor’s Business Daily. Además, como nunca, la oferta es abundante. El buffet musical está servido y sólo falta que el usuario elija qué platillo quiere.

 

Memoria RAM: Por si alguien se preguntaba cuál fue el disco más vendido en 2014, la respuesta es el soundtrack de la película Frozen, que vendió 10 millones de copias.

 

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Sitio web: Me viene muy bien

 

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