La transformación de un líder implica un desprendimiento gradual del ego para lograr la claridad que nos permite tomar decisiones considerando el impacto a largo plazo.

 

Lo he visto más de una vez: Un hombre sale del templo lleno de buenas intenciones, con la convicción de ayudar y de ser un ciudadano ejemplar. Al salir del templo se topa con una mujer (receta en mano) que le solicita limosna. Con su misión renovada en mente saca la cartera y le entrega un billete de buena denominación. Orgulloso de su acción y consciente de que se puede permitir un pequeño lujo después de haber ayudado al prójimo se dirige hacia el carrito de las nieves. Como tiene prisa acelera el paso y logra llegar dos segundos antes que el niño vecino que claramente se dirigía al mismo lugar. Rápidamente busca la atención del vendedor y le pregunta por el precio de las nieves. Al tener su respuesta su reacción nata es negociar y tumbarle unos pesos. Lo logra y continúa feliz con su día.

¿Por qué regalar dinero a la primera mujer que sólo extiende la mano y regatear al vendedor que trabaja con esfuerzo? La respuesta a las dos preguntas es: ego.

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Espero no ser mal interpretado. La caridad no es mala pero el motivo detrás de la acción puede serlo. El ejemplo es sencillo y quizá simplista pero lo importante es reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos, ejecutivos, emprendedores, y empresarios. Tener claridad de los motivadores que empujan nuestras acciones es indispensable en nuestro constante proceso de madurez. Aclaro: Esto no es tema de edad, hasta el más anciano muere madurando.

En el ejemplo la trascendencia es poca. La mujer se va con algo de dinero, el nevero cumple con un día de trabajo, el hombre satisfecho se sube a su auto y a la vida continua. A pesar de satisfacer ciertas necesidades, al final de ese día nadie es ni más rico, ni más pobre. Sin embargo, como líderes podemos no siempre correr con la misma suerte.

La transformación de un líder implica un desprendimiento gradual del ego para lograr la claridad que nos permite tomar decisiones considerando el impacto a largo plazo. En esta simple consideración está la diferencia entre el líder que hace negocio y el que hace empresa.

El negocio es una actividad, una transacción. La empresa es una organización con un alto impacto social que hace negocios. El negocio muere con el líder, la empresa lo trasciende.

Suprimir el ego y las reacciones instintivas no es fácil. Van de la mano con nuestra batalla diaria con las cosas que nos producen satisfacción inmediata y las que nos mantienen enfocados en lo que verdaderamente deseamos. Requieren carácter, voluntad, disciplina emocional, y sobre todo conciencia de nuestros actos.

¿Cuánto ego lleva tu limosna?

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