Por Manuel Grajales

“Creo que este es un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y  sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos  creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizá en lo adelante todo sea más difícil.” Estas fueron parte de las palabras de Fidel Castro aquella noche del 9 de enero  de 1959  cuando se dirigió al pueblo de Cuba en un mitin multitudinario. Una semana antes los revolucionarios  habían logrado  derrocar  al gobierno  de Fulgencio Batista, quien se instauró en el poder  durante once años. 

Esa  noche en ciudad Libertad  una paloma blanca, de las que se soltaron como parte de la celebración,   se paró en el hombro izquierdo de Castro  y permaneció ahí durante todo su discurso, convirtiéndose  en el simbolismo de los nuevos tiempos que estaban por venir. Al menos ese era el júbilo que imperaba entre  la  población de Cuba. “Tiene hoy el pueblo la paz como la quería: una paz sin dictaduras”, proclamaba Fidel.

Con el triunfo de la Revolución Cubana uno de los primeros cambios que se impulsaron en la Isla fue la Ley de la Reforma Agraria,  la cual proponía la redistribución de la  tierra, pues con el gobierno de ese entonces  más del 70% de las áreas cultivables estaban en manos de extranjeros, la cual no fue vista con buenos ojos en la unión americana. De igual forma se buscaba  impulsar proyectos de salud, educación, vivienda, la reconstrucción de caminos en zonas rurales, etc.

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Todo ello requería de hacer expropiaciones que un principio fueron bastante modestas;  sin embargo, un año después se comenzaron a nacionalizar propiedades de compañías estadounidenses y a las refinerías, que también eran estadounidenses, se les ordenó refinar petróleo soviético (en un contexto ya de la Guerra Fría) por lo cual dichas empresas se negaron a hacerlo. En respuesta el gobierno cubano las expropió.

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El conflicto entre Estados Unidos y Cuba comenzó a escalar la tensión entre ambas naciones: mientras el primero recortó y después suprimió por completo la cuota azucarera de Cuba (el monocultivo del cual dependía gran parte de la economía de ese país);  el segundo respondió nacionalizando todas las propiedades de Estados Unidos. El resultado: la imposición del embargo económico contra Cuba en febrero de 1962. Cifras del gobierno cubano estiman que hasta la actualidad este conflicto  ha provocado un daño económico a la Isla de 833, 755 millones de dólares (mdd) y ha producido  perjuicios por más de 121, 192 mdd.

Casi de  la noche a la mañana esta isla del Caribe perdió el comercio exterior con el país norteamericano,  el cual superaba los 1,000 mdd, representado el 69% de intercambio comercial total de esa nación.  Habría entonces  que aprender a vivir sin Estados Unidos.

La salvación comunista

Si bien Fidel Castro había insistido en diversas ocasiones que él no era comunista,  el acercamiento con la Unión Soviética y sus dirigentes era cada vez más evidente y se intensificó a partir de  la ruptura de las relaciones con Estados Unidos.  Alguna vez Nikita Khrushchev, Primer Secretario del Partido Comunista de la URSS dijo: yo no sé si Fidel sea  comunista,  pero yo soy fidelista.

Por su lado,  el propio Estados Unidos como parte de las acciones del embargo buscó la expulsión de Cuba  de la Organización de Estados Americanos (OEA), situación que ocurrió  en 1962, con lo cual quedó  aislada casi por completo.

Cuba necesitaba entonces desarrollar otras industrias, además de la azucarera, que les permitiera hacer crecer su economía durante las dos primeras décadas de la revolución. Una de éstas fue la del níquel (hasta la actualidad es el cuarto exportador del mineral a nivel mundial)  en donde uno de los principales inversionistas fue la compañía canadiense Sherrit.

Un poco después los esfuerzos también se encaminaron hacia  el ron, sector en donde  la firma francesa Pernod Ricard le pagó  al gobierno nacional 50 mdd para quedarse con el 50% de la marca Havana Club.

“En la primera etapa de la Revolución sí hubo un intento bastante importante por diversificar la economía del país.  Uno de los objetivos de Ernesto Guevara (que entonces fungía como Ministro de Industria de Cuba) era desarrollar la economía emancipándola de la  producción azucarera”, comenta  Vanni Pettiná, historiador e investigador del Colegio de México (COLMEX)  especializado  Cuba y la Guerra Fría.

Ahora,  –agrega- se podría decir que ese intento fracasó.  A lo largo de toda la experiencia revolucionaria no podemos decir que  hubo un éxito en  el proceso de diversificación. Además, se abandona rápidamente y a partir de la segunda mitad de la década de los 60 queda claro que había que enfocarse  en fortalecer  la industria azucarera para aumentar la producción.

Esto  se debió, entre otras cosas,  a que la relación con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se había intensificado y  el gobierno de Castro  entró en una dinámica en donde a cambio de azúcar la Unión Soviética la proporcionaría todo lo que no  se producía localmente.

“La ayuda virtualmente gratuita que la URSS les dio ascendió a 65,000 millones de dólares entre 1960 y 1990, de los cuales sólo 39% eran préstamos y 0.6% fueron pagados”, sostiene el estudio “Balance Económico –Social de 50 años de la Revolución Cubana” de  Carmelo Mesa-Lago,  investigador de origen cubano y  profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh.

Era evidente que  la URSS no buscaba un beneficio económico, sino político  y por ello a cambio del endulzante les proporcionaba petróleo, equipo agrícola, autos, alimentos, ropa,  que venían del Europa del este, etc. “Cuba no hubiera podido sobrevivir sin la Unión Soviética. Primero que nada porque  no tiene petróleo,  todo el suministro de este energético vino de la URSS, quien aparte le permitió revender parte de ese petróleo en el mercado internacional y ayudó a todo el funcionamiento de su economía”, resalta  Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami.

Durante estas primeras décadas de la Revolución, si bien Cuba puedo impulsar su programa social, el cual tuvo entre sus principales pilares la salud y la educación,  uno de los  mayores problemas que enfrentó a nivel interno  fue  la sustitución de Estados Unidos por la Unión Soviética.

Esos autos  americanos de los años 50 que aún  circulan  por La Habana, los cuales  sorprenden a más de uno que todavía funcionen, con el paso del tiempo sufrieron desperfectos y tuvieron que  ser arreglados adaptándoles autopartes soviéticas.  Como este ejemplo fue todo: electrodomésticos,  maquinaria  industrial,  televisiones, etc.  Todo entró en un proceso de sustitución  por productos soviéticos que no podía darse de manera inmediata.

“Evidentemente ese fue un golpe durísimo para la economía cubana. También había problemas de la capacidad soviética de ayudar a  Cuba a industrializarse. Se debe tomar en cuenta  que las capacidades de la URSS no eran ilimitadas y  siempre  luchó con su propio modelo económico para proveer los insumos necesarios para el desarrollo,  incluso de su propio país”,  resalta el investigador del COLMEX.

Él agrega: los productos  industriales soviéticos funcionaban poco y funcionaban mal. Eran buenos en el asesoramiento  para construir industria pesada, pero  en productos menores de consumo como tractores o coches la calidad era muy mala.

Los cubanos pronto se dieron cuenta que depender de Estados Unidos no era lo mismo que hacerlo de la URSS,  con todo y su enorme ayuda económica.

Tiempos de paz que parecen de guerra

Hacia finales de la década de los ochenta uno de los mayores problemas que enfrentarían a nivel interno no sería lidiar con el mal funcionamiento de las televisiones o los radios provenientes de Europa. Pese a todo, durante tres décadas Cuba había logrado impulsar las políticas redistributivas que abanderó al triunfo del movimiento armado; sin embargo,  un golpe todavía más fuerte del que enfrentó con el embargo estadounidense le vendría del otro lado del Atlántico con la desintegración de la Unión Soviética.

El colapso del campo socialista provocó  una grave crisis económica,  haciendo que el  Producto Interno Bruto de Cuba cayera 35% entre 1989 y 1993; así como el deterioro de los servicios sociales, sostiene  Mesa-Lago en su estudio.

Las remesas que los cubanos americanos mandaban a sus familiares en la Isla; así como el exilio de  la población que se agudizó en 1994 cuando más de 37,000 cubanos se lanzaron al mar en medio de la crisis económica y la mayor protesta contra Fidel Castro: fenómeno conocido como “La crisis de los balseros”,  le dieron un respiro a este país. Pero poco o nada se podía hacer sin el apoyo de otra nación que sostuviera la endeble economía de Cuba, por lo cual  comenzaron a hacerse comunes los apagones de luz de 16 horas, las fábricas paralizadas y el racionamiento aún más fuerte de los alimentos.

Desde 1990 el gobierno decretó  el “Periodo Especial en Tiempos de Paz” para imponer  severas restricciones en el consumo y la economía nacional. Este “era un programa económico-social para que Cuba pudiera retar y hacer frente a una situación militar. Lo que estaba ocurriendo es que no había  una invasión militar, pero las consecuencias sociales son casi de una guerra en ese momento”,  comenta Vanni Pettiná.

De esta forma el gobierno de  Fidel Castro comenzó a hacer algunas reformas para, por ejemplo,  permitir el turismo internacional a la Isla,  de tal forma que pudieran aprovechar las divisas en dólares que dejaban estos visitantes extranjeros. Fue en este momento cuando comenzó a crecer el número de visitantes  hasta convertir en la actualidad al turismo en uno de los renglones más importantes de su economía. De esta forma se dolarizó al economía  y se permitió que compañías europeas invirtieran en el país.

Durante esta época también hicieron su aparición  los “cuentapropistas”. Es decir, trabajadores por cuenta propia a los cuales se les permitió crear negocios a muy pequeña escala: como por ejemplo, instalar  “paladares”: pequeños restaurantes  casi siempre improvisados dentro de  las mismas casas de los cubanos. También comenzaron rentar sus viviendas para hospedar a los extranjeros,  lo cual les permitía ganarse algún dinero, generalmente en dólares,  de donde le tenía que pagar una parte al Estado,  quien después utilizaba esas divisas en el mercado internacional para adquirir todo lo que ya no  les proporcionaba la Unión Soviética: desde petróleo hasta alimentos.

Jaime Suchlicki, el investigador de la Universidad de Miami,  agrega que en este periodo  el gobierno permitió los mercados populares,  en donde organizaciones de campesinos podía vender sus productos, luego de hacer su respectiva aportación al Estado por llevar a cabo esta actividad. “Lo hicieron por un tiempo y después Fidel Castro argumentó que los campesinos estaban haciendo mucho dinero, que él no quería un capitalismo en Cuba y cerró esos mercados populares.”

Mi amigo Chávez

Había pasado casi una década  durante la cual los cubanos  sortearon  el ataque intempestivo de las inclemencias de su economía nacional, cuando  una nueva alianza comenzó a formarse.

El ascenso a la presidencia de Venezuela  de Hugo Chávez (quien desde años atrás había manifestado su  simpatía con la Revolución cubana y sus dirigentes)  consolidó la relación  con  Fidel Castro,  ambos regímenes políticos  eran ideológicamente convergentes.

“Por suerte para Cuba esto acontece en un momento en que el petróleo, que es el producto principal de la economía de Venezuela, tenía un precio ascendente bastante importante. Eso hizo que Venezuela tuviera la capacidad no sólo de poner en marcha de manera interna  todo el abanico de políticas, algunos dirían  populistas, otros redistributivas,  yo creo que es una mezcla de las dos; sino también de apoyar económicamente a Cuba.  Pero en este caso en lugar de azúcar, se dio,  por ejemplo, un intercambio de médicos bastante importante”, resalta el Investigador del Colegio de México.

En octubre del año 2000 se firmó el Convenio Integral  de Cooperación entre Cuba y Venezuela  por medio del cual el país sudamericano le suministraría  53,000 barriles diarios de petróleo a Cuba. Jaime Suchlicki resalta que Venezuela le llegó a enviar 160 barriles diarios de petróleo “una cantidad igual o a veces mayor que la de la Unión Europea y también  invirtió 500 millones de dólares en la refinería Cienfuegos y ayudó algunas fábricas”

“El abastecimiento de petróleo  venezolano a la Isla  ha venido funcionando como subsidio no pagado, a pesar de las alusiones a algunos desembolsos monetarios por parte de Cuba o la pantalla pública, acordada entre ambos gobernantes,  acerca de la presunta compensación parcial mediante personal de salud, entrenadores,  deportistas y maestros enviados a Venezuela”, sostiene el estudio: “La alianza cubano-venezolana: ¿’neoliberalismo emancipador’ o expansión del totalitarismo?” de Hernán Yanes, politólogo de origen cubano.

La sustancial ayuda económica de Hugo Chávez le permitió a Fidel Castro embarcarse en un nuevo ciclo ideológico rechazando varias reformas que había aceptado  a regañadientes para detener la crisis de los 90.  Así por ejemplo, a los cuentapropistas se les empezó a imponer mayores restricciones para operar y a  elevarles la cuota que tenía que pagarle a Estado por realizar dicha actividad, con ello lograron reducir de manera significativa a este tipo de trabajadores.

Hacia finales 2004 se lanzaría de manera oficial la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), lo cual le permitiría a Cuba tener una mayor relación, no sólo económica,  con el resto de los países que la conformaran. En un inicio quienes firmaron fuero sólo estas dos naciones, más adelante se sumarían países como Bolivia, Nicaragua o Ecuador.  Uno de los acuerdos a los que se llegó entonces es que Cuba enviaría  hasta 30,000 médicos y enfermeras a realizar  brigadas de sanidad en Venezuela, quien a cambio le pagaba por estos profesionales.

En una entrevista  concedida a El País en 2015, Carmelo Mesa-Lago estimó que Cuba tenía unos 40,000  profesionales de la salud en Venezuela, por lo cual ese país le pagaba un promedio de 10,000 euros mensuales, 27 veces más que el salario de un profesional venezolano. “Por lo tanto hay un subsidio encubierto que recibe el Gobierno cubano, que paga sólo una pequeña fracción a sus médicos.”

Pero la dirigencia de la Isla  no contaba  con la muerte de Hugo Chávez en 2013;  ni con la baja significativa de los precios del petróleo que llevaría a Venezuela a sumirse, en la actualidad,  en una crisis económico-social casi comparable con la de Cuba durante el Periodo Especial; ni con la enfermedad y envejecimiento de la figura más representativa de la Revolución Cubana,   lo que acabaría con la era de Fidel,  pero no la del embargo estadounidense.

 

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