Reuters

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, exhortó el martes al pueblo cubano a realizar cambios profundos para lograr mayores libertades políticas y civiles, durante un histórico discurso transmitido en vivo por la televisión estatal cubana.

Hablando en un teatro de la capital cubana con el presidente Raúl Castro presente, Obama, de 54 años, extendió una “mano amiga” a Cuba y declaró que había llegado a La Habana para “dejar atrás los últimos vestigios” de la Guerra Fría.

Obama se convirtió el domingo en el primer presidente estadounidense en llegar a la isla de gobierno comunista luego de 88 años, para una visita con la que busca sellar el acercamiento entre los otrora rivales.

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Pero su viaje, a sólo 10 meses de dejar la presidencia, ha sido criticado por quienes consideran que su estancia en la mayor de las Antillas avala las conductas represivas y violatorias de derechos humanos que Washington critica.

“El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”, dijo Obama en español ante el aplauso de una multitud cuidadosamente escogida, que festejó cuando hablaba de la necesidad de acabar con el largo embargo económico sobre la isla, pero no tanto cuando se refirió a las libertades civiles.

“Los Estados Unidos no tienen ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba, los cambios dependen del pueblo cubano”, agregó.

Al igual que el lunes, Obama criticó la falta de libertades políticas y civiles en Cuba, despertando la algarabía de muchos cubanos, poco acostumbrados a escuchar críticas a su gobierno en la televisión estatal.

Tras el discurso de media hora, Obama fue a la embajada de Estados Unidos en La Habana, recientemente reabierta, para reunirse con un grupo de disidentes, algo inimaginable antes de que los otrora enemigos acordaran, en diciembre del 2014, acabar con más de medio siglo de hostilidades diplomáticas recíprocas.

Disidentes

Tras el discurso de media hora Obama fue a la embajada de Estados Unidos en La Habana, recientemente reabierta, para reunirse con un grupo de disidentes, algo inimaginable antes de que los otrora enemigos acordaran, en diciembre del 2014, acabar con más de medio siglo de hostilidades diplomáticas recíprocas.

“Aquí hay personas que han sido detenidas”, dijo Obama antes de entrar a la reunión que se extenderá por unas dos horas.

“Nuestro compromiso con Cuba no es simplemente encontrarme con el presidente Castro, debemos ser capaces de escuchar directamente a la población cubana y asegurarnos que tienen una voz y que sus preocupaciones y sus ideas están ayudando a dar forma a la política de Estados Unidos”, agregó.

La mayoría de los cubanos son escépticos de los disidentes, que se cree están motivados por una tajada de los 20 a 30 millones de dólares en fondos anuales que el Gobierno de Estados Unidos destina para los programas de democracia en Cuba. Parte del dinero es canalizado a través de grupos no gubernamentales que financian a los disidentes.

A pesar de haber relanzado sus vínculos bilaterales, Washington y La Habana aún mantienen profundas diferencias: Castro señaló el lunes al embargo económico impuesto por Washington en 1962 como el principal obstáculo hacia la normalización total de sus relaciones.

Además, Cuba exige la devolución del territorio donde se levanta una base naval estadounidense en la bahía de Guantánamo, al extremo oriental de la isla, así como el cese de transmisiones de radio y televisión dirigidas a su territorio.

Luego de un juego de béisbol entre el equipo Tampa Bay Rays y la selección cubana, Obama partirá a Argentina acompañado de su esposa Michelle y sus dos hijas, buscando recomponer la relación con la tercera mayor economía de Latinoamérica.

Obama estará en Buenos Aires durante el 40 aniversario del golpe de Estado que dio inicio a la última y más cruenta dictadura argentina y el jueves visitará el Parque de la Memoria para rendir homenaje a las víctimas de ese oscuro período.

Además, anunciará un esfuerzo para desclasificar más documentos estadounidenses sobre la “guerra sucia” de la dictadura militar, que Washington avaló en su tiempo.

 

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