El tiempo se agota, y mientras minimizamos las posibilidades de materializar el potencial de nuestra energía. México está en cuenta regresiva.

 

Por María Fernanda Diez-Torres

 

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“La edad de piedra no terminó por falta de
piedras, y la era del petróleo no terminará
por falta de crudo”: Ahmed Zaki Yamani
(padre del milagro petrolero en Arabia)

El tiempo se agota para la legislación secundaria de la reforma energética. Mientras los legisladores se escudan en el Mundial, en los pactos no cumplidos, en negarse a discutir las razones de su acuerdo y en cualquier razón irrazonable, el tiempo se agota, a la par que minimizamos las posibilidades de materializar las potencialidades de nuestra energía.

La reforma energética va más allá del petróleo; alcanza la energía renovable (solar, eólica y, aunque olvidada, la más importante, la geotérmica), la generación de electricidad y todos los combustibles fósiles, así como la comercialización, competencia económica y medidas ecológicas a tomar en cuenta.

Miopemente, la discusión se ha centrado sólo en lo que pasa en México, sin analizar las políticas energéticas de otros países. Y en pausas infructuosas perdemos oportunidades de inversión y de crecimiento por no ponernos de acuerdo.

El tiempo se agota, al igual que la producción de crudo en nuestro país. Solamente refirámonos a Cantarell, el mayor complejo productor en la historia de México y uno de los 10 yacimientos más grandes del mundo. En una década pasó de una producción de 2 millones 125 mil barriles al día a tan sólo 353,000. Una caída insalvable del 83%.

¡Ojo!, no es por falta de inversión actual, pues el presupuesto de Pemex para exploración y producción este año será de 301,607 millones de pesos, lo cual duplica el mismo presupuesto de hace seis años. Pero sí es el resultado de un rezago de años que hoy cobra factura, aunado a una nula inversión tecnológica en el pasado. Hoy requerimos urgentemente mayor inversión para explorar (y explotar) nuevos yacimientos en aguas muy profundas, aunado a una nueva industria de refinación como único camino para lograr una producción que en algunos años (10, en el mejor de los casos) se traduzca en una mayor calidad de nuestros combustibles a menores precios. Inversión requerida, que no puede costear Pemex o el país, pero que sí podemos administrar a la par de nuestros recursos, y con ello permitir un crecimiento real del sector energético nacional y de la economía de todos los mexicanos.

A esto podemos sumar la corrupción rampante intrínseca en Pemex, la cual abarca contratos amañados en compras de bienes y asignación de servicios, una mafia sindical, robo a ductos, concesionarias de litros incompletos, etcétera. Sin olvidar los diablitos enquistados en todos los cables de la CFE (corrupción de la ciudadanía), y una larga lista de necesidades y prioridades que urge resolver, las cuales no pueden seguir esperando.

En México se deben discutir y entender los alcances y límites de una reforma energética, pues mientras nos contemplamos en ese impasse legislativo, otros países están explotando eficientemente sus campos petrolíferos y apostándole a fuentes de energía limpia. Y si bien una reforma no está exenta de aspectos dolorosos como toda medicina, no hay otro camino ni milagros para ello.

Sin embargo, nuestro Poder Legislativo, en muchos de sus representados, no conoce la iniciativa, ni las propuestas, ni siquiera los beneficios reales (en tiempo y dinero) o los costos de no implementarla. Por ello, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias presentó sus propuestas para la legislación secundaria energética, las cuales permiten entender un poco más los alcances de toda la iniciativa y los puntos a mejorar en la misma.

Mientras no se trabaje la iniciativa, se enriquezca y también se apruebe, el tiempo discurre y se minimiza la oportunidad de ser competitivos, y con ello la oportunidad de reducir nuestra dependencia del petróleo y empezar una nueva era regida por energías más limpias, más competitivas. Eventualmente, la era del petróleo terminará; nuestro tiempo para ser competitivos también. El reloj avanza.

 

María Fernanda Diez-Torres es directora de Relaciones Institucionales del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

 

 

Contacto:

Twitter: @ceeymx

Facebook: ceey

Página web: ceey

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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