La ópera prima de Alejandro Andrade Pease, director egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CUEC), narra una turbulenta temporada en la vida del pequeño Andy (Emilio Puente), quien acaba de perder a su madre, ve poco a su ludópata padre (Moisés Arizmendi) y lo obligan a mudarse con su abuela (Carmen Maura).

La cinta aborda la manera en que la vida nos obliga a madurar y cómo ese proceso puede dejarnos secuelas permanentes. Sobre ese tema y otros que toca la película, tuvimos oportunidad de charlar con el director y uno de sus protagonistas:

¿Los sucesos de la niñez nos marcan de por vida?

Alejandro Andrade Pease (AAP): Yo creo que sí, la niñez es una etapa donde absorbes las cosas como una esponja y finalmente estás formándote. Mucho de lo que vives va a marcar tu futuro, aunque dicen que Infancia no es destino, hay que cosas que se pueden rescatar bastante buenas.

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Moisés Arizmendi (MA): Coincido, la infancia te marca quieras o no. Tus principios, tus valores, obstáculos. ¡Los traumas! Yo tengo problemas para conciliar el sueño y a pesar de pasar largas horas con el psicoanalista, no sale, hay cositas que siempre están ahí.

En tu caso, el personaje que haces es interesante porque su hijo termina por madurar más rápido que él…

MA: Esa es la vuelta de tuerca que le va a dar el Oscar a mi compadre. Es tristísimo, pero existen los eternos adolescentes. Creo que la sociedad latinoamericana es un poco permisiva con los hombres varones, se le exige más a la mujer en ciertos sentidos y al hombre, no. Entonces, cuando no somos capaces de hacernos responsables de ciertas cosas hay una manera fácil de abandonar, que al final no está tan mal visto, es el caso del personaje de Andrés. No le va bien en la vida, pero tampoco le va tan mal. Pero de que es absolutamente irresponsable y está desinhibido en su responsabilidad, no tiene una ruta, es claro.

La película usa dentro de su construcción observaciones que, quizás, en otra cinta tomarían el primer plano, como es el caso del narcotráfico. Sin embargo, nunca abandonas la mirada infantil….

AAP: El eje de la película es la maduración, la transformación, el proceso de crecimiento del niño. Me interesaba estar siempre a su lado, que el espectador no conociera nada más que él no conoce, que no viera más. Que los personajes vivieran la realidad de su proceso a través de él. Que el niño fuera nuestro guía en la película, poder ser testigos de esa transformación y eso nos remitiera a nuestros propios procesos de crecimiento y maduración de la infancia.

El entorno era importante pero no era la trama principal. Me parecía una responsabilidad hablar de la situación social del país, la situación de inseguridad, pero no quería que fuera una película de narcos o delincuencia, sino algo muy cercano a lo que vivimos muchos de nosotros. El telón de fondo que está ahí pero no lo queremos ver o que no nos afecta, pero qué pasa cuando a una de estas vidas que lo tiene como fondo sí lo afecta. Traté de hacer una historia muy personal de crecimiento y maduración, pero en un tono realista.

¿Hay algo biográfico en la película?

AAP: Sí, partí desde los recuerdos de mi propia infancia. Para que una obra tenga consistencia, debe tener mucho del autor. Si iba a hablar de la infancia, del momento en que es ser niño, me remití a la propia. Lo primero que hicimos de la película fue el setting: la casa, la abuela, las guayabas, las hormigas, todo eso, son recuerdos sensoriales de mi infancia que me marcaron de alguna manera. Recuerdo a mi abuela que vivía en una casa muy ordenada, pero llena de secretos. La parte de la construcción de la historia del niño, afortunadamente, no tiene nada que ver con mi vida.

¿El cine mexicano está obligado a hablar del narcotráfico?

MA: No, lo han manoseado tanto en la televisión que los cineastas dicen “ya, por favor”, hay tantas series y telenovelas que tocan el tema que no hay necesidad de hacerlo.

AAP: Yo creo que nadie está obligado a nada, finalmente lo bonito del cine mexicano es que hay una variedad enorme de temas, de estilos, hay muchas aproximaciones. Personalmente creo que hay una responsabilidad de hablar sobre cosas que nos afectan, hay que ponerlas ahí. No necesariamente sobre el narco o la violencia, hay muchos otros temas sociales que podemos poner delante. Este es un medio que llega a muchas personas y ahí hay una responsabilidad.

¿Alguna película influyó en el proceso de creación de Cuernavaca?

AAP: Muchas. Me gusta mucho el cine, soy bastante cinéfilo. Hubo varias etapas y películas que se acercan, aunque hay tres que son muy cercanas. Sobre todo, una, que vi y vi y vi, Los 400 golpes (1959), de Truffaut, la he de haber visto unas 30 veces. Es una obra maestra, una buena forma de acercarte al cine es ver qué hacen los genios, los grandes, y aprender de ellos desde una posición muy humilde.

Otras dos son Mouchette (1967), de Bresson, y La infancia de Iván (1962), de Tarkovsky. Todas son más o menos de la misma época, en esos años en Europa se hizo un cine muy parecido a esto, con protagonistas jóvenes que pasan situaciones terribles. Es un poco un homenaje.

 

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