Construir un sistema de comunicación creíble a nivel mundial ha sido algo muy difícil, estamos hablando que incluye a las empresas, a los gobiernos, a los medios de comunicación, a las agencias de noticias, a las agencias de comunicación y relaciones públicas y a los profesionales en todos los países.

La comunicación, su estrategia, generación y manejo se mueve a través de procesos, planes, operación e implementación precisa, pero lo más importante se mueve a través de confianza, y esta confianza es generada “con base en códigos de ética mundiales”; todos los profesionales sabemos de la gran responsabilidad que implica un fallo y una falta de precisión, ni por error pensar en difundir cosas falsas, mentiras o imprecisiones, las implicaciones son y serían gravísimas. Pensemos en una crisis de una empresa o un gobierno mal manejada, puede causar pánico y situaciones de impactos inmensurables. Sabemos que, a pesar de los códigos de ética, enfrentamos manipulación por cualquiera de los involucrados en el proceso, emisores, medios y/o hasta receptores, el sistema es frágil, pero hasta la fecha con todo y eso se ha mantenido dentro de ciertos estándares.

En las últimas fechas y desde el desbordamiento de las redes sociales, vivimos una serie de efectos que están poniendo en riesgo este frágil balance, la velocidad de la información, la falta de verificación de la credibilidad de las fuentes originarias, las bromas, los memes y hasta los medios de chiste con los que, hasta, nos hemos acostumbrado a vivir con noticias falsas, ponen en crisis a las sociedades, nos alejan del contexto y crean una gran brecha de desinformación.

Lo verdaderamente grave es que un gobierno tan poderoso como el de los Estados Unidos opere en una política que tiene varios frentes muy peligrosos, primero el de ataque frontal y denostación permanente a los medios de comunicación;  el segundo es el enviar información imprecisa que ante las evidencias, que se pueden encontrar en internet, demuestran ambigüedades en su comunicación; tercera, el usar a los medios para enviar información orientada a golpear a presidentes y países y que eso se convierta en una herramienta de negociación.

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Simple y sencillamente estas prácticas nos ponen en la antesala de estados totalitarios, con altos grados de manipulación, nos hace recordar prácticas de grandes tiranos y qué decir de todo el sistema que desarrolló Joseph Goebbels en la Segunda Guerra Mundial.

El problema es que esto se convierta en una práctica usual bajo el lema de, si el gobierno más poderoso del mundo lo hace, qué limitante existiría en el resto del sistema, otros gobiernos, medios o las mismas empresas.

Si a pesar de los códigos de ética que se manejan a la fecha de manera internacional, mantienen el frágil balance, corremos el riesgo que cualquier profesional ose o crea que es un camino fácil el de no aplicar la ética en el manejo de la comunicación.

Llamo a la cordura, a no romper la ética por parte de los profesionales, medios, periodista, líderes de opinión, influencers, bloggers y demás, a no convertir el sistema comunicacional en un circo barato, cedido a los intereses de los grandes intereses. Honremos la ética personal, corporativa y gubernamental en el manejo de la comunicación, que no cunda el ejemplo de lo que está pasando en los Estados Unidos, por favor.

 

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