La libertad de expresión en la red sigue sin dimensionarse. Aun así, cada quien decide si ser culpable, inocente o ignorante en la red.

 

 

Dime qué publicas y te diré quién eres, dicen por ahí. El uso de las redes sociales revela más de lo que imaginamos de una persona. Incluso se habla ya de tipos de internautas: el pasivo y el activo. Es decir, hay quienes utilizan este medio para informarse y quienes interactúan y publican de cuatro a seis veces al día en varias redes sociales. Algunos ególatras, otros con alma de periodista, los que publican su comida, los todólogos y quienes gustan de decir dónde están y qué hacen a cada minuto. También existen los especialistas que conversan sobre un tema en particular; normalmente cuentan con un blog o sitio web, y su actividad está basada en compartir contenido de valor y posicionar a su persona o su marca. Finalmente tenemos a las figuras públicas: deportistas, artistas, políticos y líderes de opinión. Las redes sociales son un foro libre de expresión y se podría cuestionar todo lo que se publica. El problema no es qué se publica, sino quién lo publica. El alcance de un mensaje en cualquier red social es infinito e incluso se traslada fácilmente de una red a otra.

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El uso de Internet conlleva una responsabilidad; puede ser un arma de doble filo. El uso y presencia en la red, en cualquiera de sus formas, nos quita el anonimato convirtiéndonos en parte de una red global de información. Podríamos pasar desapercibidos pese a ser usuarios empedernidos (aun así es un riesgo), el problema ocurre cuando los usuarios son figuras públicas y sumado a ello ignoran su uso y alcance.

 

Jamás debes hablar de…

Toda figura pública supone tener un equipo de comunicación que lo asesore en materia de imagen. Abrir una cuenta de Twitter o Facebook no debe ser una moda, debe responder a un objetivo particular. Aun si la cuenta es para uso personal, se debe de contar con asesoría, pues el status de figura pública lo hace flanco de cualquier crítica positiva o negativa. Existen temas sensibles que en el mundo online y offline siempre se prestarán a la polémica. Los especialistas en comunicación brindan los lineamientos a estos personajes para cuidar dichos aspectos. Sin embargo, esto de tener asesores, sobre todo en la política, parece ser un asunto sin importancia. Su poder les concede hacer críticas, juicios de valor y traspasar las barreras de “su poder”; evidentemente no conocen el alcance que tienen la red. ¿Por qué no tachar de simio a un futbolista extranjero que colapsó la ciudad de Querétaro a su llegada?

 

La polémica y los actores

El político panista Carlos Manuel Treviño, ex secretario de Desarrollo Social del ayuntamiento de Querétaro, hizo un comentario racista en Facebook donde llamó simio a Ronaldinho. Según el propio Teviño, el tráfico generado por la llegada del astro brasileño desató su enojo y se le hizo fácil publicar: “En serio trato de ser tolerante, pero DETESTO EL FUTBOL y el fenómeno idiotizante que produce. Lo detesto aun más porque porque la gente estorba e inunda las avenidas para hacer que tarde horas en llegar a casa…Y todo para ver a un SIMIO…brasileño pero simio aun. Esto es un circo ridículo.”

La polémica no se hizo esperar y el mensaje cobró fuerza en la red. Los actores, desde sus respectivos ámbitos, respondieron y actuaron: el PAN, Conapred, Treviño y el Club Querétaro. Este último de forma muy inteligente, por cierto; utilizó el mismo medio, las redes sociales, para alzar su voz contra el racismo, apoyar al jugador e invitar al medio futbolístico a unirse a través del hashtag #TodosSomosSimios. Si acotamos este análisis al ámbito comunicativo (evidentemente tiene connotaciones políticas y hasta legales), podemos juzgar de acertada la estrategia usada en Twitter. Fotos de jugadores con un plátano en mano usando el hashtag fue todo un éxito. Lograron fijar su postura antirracista, cuidaron su imagen, la del jugador y la de México. De cierta forma revirtieron la situación.

 

Culpable, inocente o ignorante

Difícil dar un juicio objetivo del político en cuestión cuando supone ser un hombre preparado, miembro de un partido y que representó a una dependencia que vela por el desarrollo de una sociedad y defiende la igualdad. Culpable de una publicación que salió de su cuenta de Facebook. Culpable de cinismo y falto de ética cuando argumenta la intervención del taxista. Culpable de otras tantas publicaciones similares en su cuenta de Twitter.

La publicación no sólo le ha traído problemas al ex funcionario, desgraciadamente pecó de inocente al pensar que su publicación no trascendería de su cuenta personal. Inocente al pensar que una disculpa en Twitter sería suficiente; seguramente ya lo asesoraron y ha tenido que formalizar sus disculpas en cartas y declaraciones excusándose de su “estupidez”. Ignorante porque su acto no sólo lo afectó a él; se llevó entre las patas la reputación de una liga y de un país. El mensaje racista trastocó el ámbito social y futbolístico; por supuesto llegó a Brasil. Ignorante al no saberse representante de un partido político cuyas opiniones personales plasmadas en una red social de alcance mundial, detonan en la imagen de su partido y de su país. Ignorante porque ni siquiera imaginó las consecuencias legales.

La libertad de expresión en la red sigue sin dimensionarse. Estos acontecimientos trascienden cuando hablamos de un personaje de la vida pública. Pero independientemente de esta condición, estamos muy lejos aún de dar un uso inteligente a Internet. Bullying, pornografía, plagio, delincuencia, fraude o simple pérdida de tiempo.

Cada quien decide si ser culpable, inocente o ignorante en la red.

 

 

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Semántik

 

 

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