Todo gran viaje del héroe, al igual que comenzar un proyecto empresarial que trascienda el paso de los años, puede ser una épica aventura. Curiosamente, algo como una empresa familiar, que puede llegar a ser enorme, inicia en realidad en algo tan aparentemente pequeño e intangible: preguntarnos ¿Cómo construir una sólida empresa familiar?

Los caminos para llegar a esa respuesta son, por supuesto, varios y la ayuda para emprender el viaje, siguiendo sobre nuestra analogía, puede venir de llegar de cualquier lugar y cuando uno menos lo espera: hace poco leía la fábula popular de “El Jardinero”, en la que desde su lenguaje metafórico y su carácter narrativo, encontré una serie de consejos que son bastante homólogos al proceso de construir, o mejorar, una empresa familiar. La analogía entre las enseñanzas del popular cuento y nuestros intereses empresariales es sencilla: durante tu viaje te preparas, algunas veces sin siquiera saberlo, para cultivar el más increíble jardín. ¿Cuál jardín? ¡Tu propia empresa!

Escuchaste el llamado. Fuiste a él. Aprendiste de todo lugar, personas y circunstancias que te rodearon… ¿cierto? Sin embargo, tal cual lo entiende el Forastero, y a pesar de que pudiera parecer ser el final del camino, en realidad este es el comienzo del camino: los conocimientos obtenidos —asesorías, talleres, diplomados, consejos de colegas, y un extenso etcétera—, valiosos en sí mismos, son sino semillas que hay que cultivar. ¿Cómo? Regresar la atención a uno mismo después de una travesía -tan corta o larga, según sea necesario- a través del conocimiento que podemos obtener de fuera de uno mismo.

Una empresa comienza, hemos dicho, en la inquietud de emprender un camino de negocios. Sin embargo, antes que una idea hay un alguien que la piensa: he ahí la importancia de cultivarse como a un jardín. Para el gran maestro Jardinero de nuestra fábula, el Forastero enfrentaba tenía una gran tarea: ser capaz de reconocer las distintas plantas que embellecían un selecto jardín, advirtiendo la presencia -aun sin ser visible- de malezas.

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Hasta este punto, hemos trabajado en nosotros mismos. Como las esporas de algunos hongos comienzan a esparcirse alrededor, también el cultivo de nuestras buenas —o no tan buenas— actitudes se reflejarán en todo aquello que nos rodea.

Tras un largo camino de aprendizaje y trabajo en uno mismo, es natural y parte del proceso que comiencen los cambios. En la fábula, el maestro Jardinero le señala al Forastero una máxima que podríamos adoptar dentro de nuestra labor empresarial: “todos somos uno en nuestra aparente multiplicidad”. ¿No es esta la esencia de una empresa? La unión de individuos que busca un logro en común. Justamente la multiplicidad de saberes y conocimientos es aquello que enriquece y hace crecer una empresa, de cultivarse estas cualidades correctamente. Esa es, además, una de las grandes características que tiene por ofrecer el modelo de la empresa familiar: la consolidación de un gran equipo de trabajo que, con el crecimiento de la empresa, crea lazos más allá de lo consanguíneo pero la esencia de una gran familia de trabajo permanece.

Tanto los buenos frutos como las malezas, tal cual refiere atinadamente el sabio Jardinero, son propensas a crecer en una tierra fértil. ¿De qué manera podemos discriminar una de otra? A través de ejercicios de gestión de la atención. Una empresa funcional requiere un sinfín de actividades y si nos dejamos llevar por las nimiedades que llegan a presentarse en ellas —como contestar -emails o los temas secundarios que convierten las juntas en algo interminable— no podremos sembrar un ominoso jardín, si acaso uno somero y desarticulado. Comienza por controlar el ambiente externo: delimita los espacios en la oficina para las distintas actividades, de manera que se reduzcan las distracciones, asimismo, haz de la tecnología tu aliada sin que por ello sea invasiva, apaga las notificaciones de vez en cuando y concéntrate en determinadas tareas que tengan un carácter más urgente.

Si somos conscientes de las actividades que hacemos día con día para ver crecer, caeremos en cuenta de las palabras del sabio Jardinero: “eres un caminante que avanza sin un camino cierto y preestablecido; porque eres tú mismo quien hace el camino al andar”. Probablemente ya hayas comenzado el camino empresarial y es hora de convertirte en un sembrador del jardín universal. ¿De qué manera? Siguiendo la sabiduría del gran maestro Jardinero:

  • Elige tu camino: aprende de los errores pacientemente, cuando lleguen a suceder y ¡toma nota de ellos! Así, podrás prever situaciones futuras con una base empírica.
  • Sé constante: Aunque los caminos presenten altibajos, un líder empresario que mantenga su paso firme logrará llevar su equipo al triunfo. Calendariza actividades, mantén la motivación como parte de tu cotidiano.
  • Arranca las malezas de raíz: muchas veces, actitudes que nacen desde el ego nos harán trastabillar —como ideas arraigadas, autoritarismo, creer que siempre se tiene razón—. Observa si existen comportamientos de este estilo en ti y obsérvalos: para arrancar la maleza, hay que saber cuán profunda es la raíz. Para esto, es conveniente ejercitar dinámicas, tanto personales como dentro del equipo de trabajo, que nos ayuden a gestionar nuestra atención (como veremos más adelante).
  • Busca nuevas perspectivas: la cercanía que tenemos a nuestra idea de nosotros mismos, así como a nuestras empresas, pueden ser una trampa de doble filo. Sé capaz de buscar asesorías externas que te ayuden a posicionarte desde una distancia y verás que encontrarás nuevos ángulos para cualquier detalle que esté turbando tu empresa o a ti mismo.
  • Afina tu intuición y ten una mente flexible: si bien la ayuda externa es de crucial importancia, también lo es aprender a seguir nuestras corazonadas pues, a fin de cuentas, éstas nos indican la dirección en el camino. Grandes proyectos han comenzado desde el aparentemente breve llamado de la intuición.
  • Bebe de la fuente de sabiduría constantemente: no te quedes con lo que crees saber y busca mantener tu conocimiento actualizado. El universo empresarial está en constante evolución y transformación y tú como empresario debes aprender a moverte en él, consciente de sus exigencias y atento a los nichos de negocio que puedas aprovechar.
  • Observa las virtudes, nútrelas: ser el cabecilla de una empresa es una tarea retadora que puede ser mucho más ligera si aprendes a confiar y delegar tareas a los miembros de tu equipo. ¡Alienta y nutre sus virtudes! Desde ofrecer palabras de aliento hasta promover las capacitaciones constantes, si tú muestras confianza y apoyo a tu equipo, lo más seguro es que te veas correspondido.
  • Sé justo, en todo sentido: la justicia tiene muchos rostros, desde algo tan básico como reconocer los aportes de otros hasta algo tan puntilloso como las nóminas, un buen empresario se caracteriza por ser imparcial y equitativo.
  • Escucha antes de hablar: es importante que conozcas las perspectivas, opiniones, sugerencias y demás peculiaridades que puedan surgir. El silencio de la escucha es una posición reveladora, pues mantiene en línea nuestros propios prejuicios u opiniones arraigadas y nos permite entrar en “los zapatos del otro”. No censures: ¡aprende!
  • Practica el dejar ir: no es una novedad para nadie con experiencia empresarial que las despedidas son parte del proceso de crecimiento. Si alguna manera de operar, algún producto o, incluso, algún miembro del equipo de trabajo han dejado de aportar a la empresa, no te resistas al cambio.

 

Contacto:

Twitter: @mariorizofiscal

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