El país más pequeño del Sudeste asiático, es también el centro neurálgico del comercio internacional, uno de los principales centros financieros, uno de los puntos más globales y hoy, el centro de todas las miradas alrededor del mundo: Singapur.

Fue el pasado 10 de mayo cuando Donald Trump confirmó la celebración de la Cumbre binacional EU-Corea del Norte y compartió que ésta se llevaría a cabo en Singapur por considerarlo un país neutral pero de interés común entre Washington y Pyongyang.

A partir de entonces, entre estires y aflojes, ambos países propiciaron un intercambio discursivo y político que ponía sobre la mesa la posibilidad de un nuevo fracaso en el proceso de negociación hacia la desnuclearización de Corea del Norte.

En la década de los setenta, la extinta Unión Soviética apoyó la iniciativa norcoreana de crear un programa nuclear que le permitiera un fortalecimiento totalitario que respondía a la latente amenaza que le representaba el avance militar de los Estados Unidos en la región gracias a su alianza con Corea del Sur y Japón. Aunque la consolidación de las dos plantas nucleares norcoreanas es posterior a 1980, el desarrollo de la industria militar y nuclear comenzó en el inicio de los sesenta y esto permitió que la investigación en el campo de la energía nuclear (supuestamente con fines pacíficos) avanzara de manera importante.

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A pesar de que el gobierno de Corea del Norte ratificó en su momento el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, su programa de armamentista dio prioridad a los usos prácticos de la energía nuclear y al desarrollo de armamento, Corea del Norte comenzó a operar instalaciones para la fabricación y conversión de uranio, y llevó a cabo pruebas con alto poder explosivo de detonación sin que estas actividades estuvieran reportadas a la Organismo Internacional de Energía Atómica. A principios de 1990, la OIEA informó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que había fuertes indicios de que Corea del Norte no cumplía cabalmente con las salvaguardas contenidas en el Tratado, lo que acreditaba la imposición de sanciones.

Desde entonces y hasta 2017, Corea del Norte ha realizado diversos ensayos nucleares y ha mantenido el programa de producción y venta de materiales prohibidos con fines bélicos. De manera reiterada, la comunidad internacional ha exhortado al gobierno norcoreano a desistir de estas prácticas por poner en riesgo a los países de la periferia y a la estabilidad de la paz y la seguridad mundial.

En octubre de 2017, con el voto unánime al interior del Consejo de Seguridad se autorizó el más reciente paquete de sanciones comerciales, que estableció la prohibición de venta de gas natural condensado y productos petrolíferos refinados que excedan el medio millón de barriles a Corea del Norte y en el cual también se congelaron las cantidades de petróleo que se le venden con el objetivo de no rebasar montos comerciados en el último año.

La ríspida relación entre Corea del Norte y los Estados Unidos se acentuó con la llegada del presidente Trump a la Casa Blanca, principalmente cuando en el seno de las Naciones Unidas, la Delegación de los Estados Unidos presentó un informe en el que se afirma que Corea del Norte no acató las sanciones internacionales contra Siria al enviar componentes que sirven de insumo para la fabricación de misiles nucleares.

Ante este contexto, la celebración súbita de una Cumbre de alto nivel entre Estados Unidos y Corea del Norte; raya quizás en la extravagancia de un reality show que con estruendo acaparó los reflectores de la prensa internacional para reconocer que gracias a las muestras de buena voluntad de ambos gobiernos, quizás se llegue a materializar los cuatro puntos del acuerdo ahí suscrito.

La liberación de presos de guerra remanente de la Guerra de Corea, la realización de tareas conjuntas para la desnuclearización de la región, la suma de esfuerzos para el establecimiento de una paz verdadera y la garantía de condiciones de seguridad regional para Corea del Norte constituyen los cuatro pilares de un texto que sin definir los cómos dejó fuera también, palabras como verificable e irreversible.

Ojalá que este primer esfuerzo no sea efímero y, por el contrario, sea recordado por los resultados concretos y tangibles en cuestiones de seguridad y estabilidad global y no solo por el relajamiento de tensiones gracias al extraordinario manejo mediático de la reunión.

 

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