Sobre un escenario oscuro, sentado al piano o con la guitarra bajo un solitario foco de luz, Damien presenta una extraordinaria delicadeza, un lado tierno de cantautor naïf que recuerda al primer Dylan o a Cat Stevens.

 

Cuando en 2002 Damien Rice publicó su álbum debut como solista, bajo el título simple y sencillo de O, la pregunta que más se hacía el melómano (y los plumillas musicales) era básicamente una: ¿de dónde había salido este chico que escribía y construía canciones tan hermosas? ¿De dónde había salido este chico con esa voz que nada más escucharla uno sentía algo incrustado entre el pecho y la espalda?

Han transcurrido ya 13 años, y las cosas no han cambiado demasiado. Obvio: hoy, por supuesto, se sabe un poco más de él, bastante más —cortesía de su mediática posición—; por ejemplo, que nació el 7 de diciembre de 1973, o que es irlandés, o que ya estaba en la música con una banda llamada Juniper —la cual, como Ícaro, voló demasiado cerca del sol: Damien renunció a ésta al ver la dirección comercial que estaba tomando el disco debut del grupo, debido a la presión de Polygram—, o que, también se sabe, varias de sus canciones han sido usadas en un montón de películas y series de televisión…

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Álbum debut.

Álbum debut.

Sin embargo, lo que tampoco ha cambiado —para fortuna mía, de usted, de todos a los que les gusta la música y la han agregado en su canasta básica— es que Rice sigue escribiendo y construyendo canciones hermosas. Y su voz —ya sea en disco o en vivo— sigue emocionando a raudales. Sí: Damien aún conserva sus poderes.

Vamos a ponerlo de esta forma: la saga de herederos de Jeff Buckley —ese ángel que se volvió músico, fallecido hace 17 años— se proyecta en este irlandés, cuya evocadora melancolía ha seducido a un montón de colegas. Rice se mira tanto en el espejo de Jeff como en el legado de clásicos como Nick Drake, Scott Walker o Randy Newman, o nuevos referentes del folk británico de los noventa como ese otro elegante y afectado bardo nómada que es Perry Blake o David Gray.

Eso sí: no le pidamos muchas canciones a este songwriter con pasado de rockero indie, porque en esta década y pico que lleva en carretera, Damien ha publicado tres álbumes. Aquí aclaro: a diferencia de otros músicos que producen música y que ninguno de sus discos o temas pasaran a la posteridad, el irlandés lleva sólo y apenas tres trabajos bajo su firma, que seguro pasarán a la posteridad por sus múltiples aciertos, empezando por su lírica —melancólicas canciones de amor y de desprecio—, y terminando por su sonido: desde la sencillez de la guitarra de palo (al puro estilo del folk irlandés) hasta increíbles explosiones sonoras (con cellos y violines incluidos).

Y aquí también aclaro: no es que Damien Rice sea perezoso; lo que ocurre es que escribe y toca y canta canciones que no se gastan, que no tienen edad, que están fuera del tiempo y de la despótica idea pop de que hay que cambiar y reinventar el sonido a la velocidad del sonido. En O (2002), 9 (2006) o My favourite faded fantasy (publicado en noviembre del año pasado), Damien muestra y demuestra y evidencia que a veces las cosas sencillas siempre terminan siendo mejor, y que sus influencias —un poco a la manera de Jeff Buckley— siguen intactas: el amor, el desamor, la cólera, la depresión, la alegría y los sueños.

Sus influencias siguen intactas.

Sus influencias siguen intactas.

Y es que pocos músicos actuales como él, como Damien Rice, expresan de manera tan contundente y poderosa el tormento. “Te hice reír, te hice llorar. Te hice abrir los ojos, ¿no es así? Te ayudé a desplegar tus alas, tus piernas, y muchas otras cosas, ¿no es así? ¿Soy acaso el mayor hijo de puta que has conocido?, el único que dejó que te marcharas. El único al que hiciste tanto daño, que no eres capaz de soportarlo”, canta en la centelleante “The greatest bastard”, canción del más reciente disco.

Puntualizo: si bien es cierto que en un primer momento uno pensaba que este irlandés era más un producto que un artista (dentro de este negocio de compraventa en que se necesita sacar nuevas tendencias y nuevas caras), la realidad me ha demostrado lo contrario. Sus tres discos son muy buenos, pero su directo es espectacular.

Hace unos años, cuando estuvo en el Lunario del Auditorio Nacional, el plumilla que esto escribe lo comprobó. (De hecho, por los videos de sus conciertos que ha dado en los últimos meses, y que circulan por internet, queda claro que suyo es y ha sido siempre el escenario.)

Alternándose al piano, a la guitarra acústica y al órgano, Damien es de ese tipo de artistas que poseen el talento suficiente para darse a cualquier formato. Es un poco como el increíble Hulk. Sobre un escenario oscuro, sentado al piano o con la guitarra bajo un solitario foco de luz, presenta una extraordinaria delicadeza, un lado tierno de cantautor naïf que recuerda al primer Dylan o a Cat Stevens.

Publicado en noviembre de 2014.

Publicado en noviembre de 2014.

Por ejemplo, esa belleza que es “Cannonball” suele cantarla a capela, o su tema “Delicate” suele interpretarlo —gracias a su gran tacto al piano— con un elevado sentido de la balada. En cambio, sobre un escenario iluminado, acompañado por una banda (donde hay guitarra, batería, violoncelo y tambores), él se transforma, cantando con urgencia, distorsionando el sonido rumbo a una experimentación de ritmos pesados, cercano al rock duro, pero con una ejecución tremenda.

Ojo: esta metamorfosis fascinante no sólo se da entre canciones, sino que puede producirse a velocidad de vértigo (cuando el cantante empieza el tema al órgano para a los pocos minutos agarrar repentinamente la guitarra y poner el escenario patas arriba).

En fin: escuchar a Damien Rice en directo es una de las mejores propuestas del panorama musical actual. Una garantía, sin duda, este increíble irlandés. Y qué bueno que así suceda. La honestidad y la credibilidad, en el negocio musical, es, a veces, lo más difícil de conseguir. Y él lo sabe: “Lo que es más importante para mí —contaba hace poco— es botar cualquier máscara que esté usando, para poder ser yo mismo en este mundo, en vez de una versión de mí mismo que yo pensaba era la apropiada.”

En efecto: tres discos después, Damien puede estar tranquilo de haberlo logrado.

 

Nota bene: Este lunes 27 de abril (de 2015), Damien Rice se presenta en el Plaza Condesa, a partir de las 21 horas.

 

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