Empezó vendiendo gorras a 10 dólares afuera del Madison Square Garden, y ahora su marca FUBU factura 6,000 mdd al año. Es una de las estrellas de Shark Tank, reality que fondea y desarrolla nuevos negocios. Entre los postulados de su “Biblia” está “arriesgar, aprovechar las necesidades del mercado y hasta sacrificar a la familia”.

 

Por Jorge Cervantes

 

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“Bubba” Baker no parecía el cocinero-pro­pietario del Bubba’s Bar-B-Q & Catering. Su negocio era muy modesto y facturaba apenas lo sufi­ciente para seguir abierto. Pero su hija Brittani lo convenció de buscar un fondeo con unos “tiburones” (personas que actúan solapadamente para tomar el control de una empresa). Cinco meses después de aquel encuentro, factura 2.6 millones de dólares (mdd), con buenas expectativas de crecimiento.

El punto de inflexión de esta historia ocurrió cuando el empresario Daymond John escuchó atento el planteamiento del preparador de carne al carbón en torno a su nece­sidad de disponer de una inyección de capital. Calibró las opciones, y ante el jugoso trozo de carne que tenía frente a sus ojos, lanzó su mejor oferta: 300,000 dólares por una participación de 30% en Bubba’s Bar-B-Q & Catering.

Lo que siguió fue un apretón de manos y el abrazo con el que Daymond y “Bubba” sellaron su alianza.

Para mejores señas, Daymond es frío y calculador, aunque, como buen “tiburón”, es veloz a la hora de ejecutar. Negocia, re­gatea, cuestiona lo que considera pueden ser puntos débiles en los proyectos y sus impactos; después, si lo que escucha le deja una buena espina, aprueba.

En tanto, a “Bubba” y a su hija Brittani la vida les cambió. Antes veían a Daymond John en la TV ofreciendo cátedras sobre emprendimiento. Hoy se escriben correos y se llaman por teléfono para plantear medi­das estratégicas que permitan el crecimien­to del negocio. Aún no asimilan el cambio.

 

El origen de una estrella

Su visión y capacidad le han permitido a Daymond John consolidar un imperio de moda para rapperos y hip hoperos que, identificado bajo la firma FUBU (For Us By Us), ha caminado por una ruta paralela a la de este pujante género musical surgido precisamente en la comunidad donde él se crió, en los suburbios de Nueva York.

Hoy, la ropa que produce y exporta a países como Corea, China y Sudáfrica lo ha convertido en uno de los empresarios más populares en Estados Unidos. Daymond es uno de los pilares del programa Shark Tank (tanque de tiburones), un reality que ha permitido a la cadena ABC constituir una incubadora de negocios en que los mentores adoptan y desarrollan proyectos del público.

Daymond John empezó confeccionan­do ropa en el barrio de Hollis, en Queens, Nueva York, mientras perseguía el sueño de dotar a la escena del hip hop de un estilo de vestir ligero y urbano, pero a la vez sofisticado y con una identidad bien definida.

Para entonces había ejecutado un prin­cipio básico en el mundo de los negocios: detectar una necesidad del mercado. La ropa que había para la población urbana de Estados Unidos era cara y trillada; las gorras que usaban los jóvenes costaban 20 dólares, por lo que él —en complicidad con su vecino, el aho­ra célebre Jay-Z— decidió bordar unas en su propia casa. Después, ambos las vendieron a 10 dólares frente al Madison Square Garden.

Poco después aplicó otra práctica para hacer crecer su negocio: aliarse con otros, que tenían la misma hambre que él. Así, in­vitó a J. Alexander Martin, Carlton E. Brown y Keith Perrin para abrir una boutique. “Estu­vimos en el momento adecuado y en el lugar correcto. No fue sólo suerte; se combinaron preparación, empuje y oportu­nidad. Gracias a eso le empezamos a vender a Samsung, y luego convertimos FUBU en una marca mundialmente conocida”, dijo Daymond Jhon, en entrevista con Forbes en el marco de una visita a la Universidad Anáhuac.

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La filosofía Daymond

Ya con el mode de alguien que ha transitado por arenas movedizas, y erigido un negocio próspero, Daymond cita tres prácticas que le cambiaron la vida.

1. Arriesgar. Cuando tejía el preludio de FUBU y andaba a la caza de un préstamo, puso como garantía la casa de su mamá y adquirió 100,000 dólares. “La casa repre­sentaba lo único que había tenido de valor en mi vida, y aposté con ella.”

2. Confiar. Asociarse lo orilló a confiar y a revelar todos los aspectos de su empren­dimiento. “Conocí a mucha gente que no estaba en la misma sintonía que yo; ahora, todos sabemos cuáles son nuestras responsabilidades.”

3. Sacrificar. Él lo explica: “Nunca podré es­tar seguro de si mi éxito en la vida pública valió mi fracaso como padre, pero sé de personas que tienen trabajos de poca importancia y que dedican a éstos las 24 horas del día, por lo que nunca ven a su familia y apenas van ganando el salario mínimo. Siempre tendrás que valorar cuánto de tu tiempo personal quieres arriesgar, cuándo decides aceptar un trabajo o aprovechar una oportunidad para convertirte en empresario.”

Hacia 2009, Daymond incursionó como mentor de empren­dedores dentro del programa Shark Tank, de la cadena ABC. Se trata de un reality como cualquiera de tantos que hay en la TV con cantantes, bailarines, niños talento, cocineros o aventureros; sólo que en éste aparecen pequeños empresarios que nece­sitan fondear sus proyectos. Los emprende­dores presentan sus negocios y cualquiera de los inversionistas del panel puede tomar el riesgo de financiarlos.

El creador de la marca FUBU se mueve con mucho dominio dentro del “tanque de tiburones”. Desde la zona de los panelis­tas, vestido siempre de manera impecable, escucha las opciones de negocio, pone aten­ción en cada caso y no se tienta el corazón para descalificar a quienes no le resultan competentes. Se involucra a entre seis y 10 empresas al año, a las que brinda apoyo financiero

Daymond, además de instalarse en su pa­pel de emprendedor exitoso, es el director de Shark Branding, una empresa que ofrece servicios de marketing para firmas como Google+, San Antonio Talons, ShopiFy, SchoolTipline y Pitbull. Y, fiel a su costum­bre, festiva y simple, sostiene que entre las obligaciones básicas de un emprendedor está amar profundamente su trabajo. Después, dar pasos pequeños y alcanza­bles. “Debes aprender de todos los errores pequeños, porque no puedes pretender que alguien invierta en ti, para que luego despil­farres su dinero.”

Y el tercer punto que recomienda es acercarse a mentores adecuados, ya que siempre es necesario tener una red de apoyo, que esté dispuesta a estampar su nombre en el producto de tu empresa o en ti mismo. “Alguien que realmente te pueda dar las claves que necesitas.”

 

El mejor consejo

Daymond no lo dice así, pero es uno de sus mensajes entre líneas: los empresarios no salen de las macetas, no nacen; se forman con tesón, inventiva y estrategia.

Y esto tiene que ver con una de las res­puestas más duras que le ha tocado dar; eso ocurrió con un joven que producía hebillas para cinturón y pedía una inyección de capital de 500,000 para hacer “despegar” su negocio.

“¿Es buen negocio o no?”, le preguntó como si no tuviera ya la respuesta. “Me gus­ta el producto, pero el precio (20 dólares) es alto. Es un artículo que no me parece funcional y, aparte, no ofrece nada diferente de lo que hay en el mercado. Trabajaste muy duro por destruir tu oportunidad. Pierdes tu tiempo y me haces perder el mío”, le dijo.

Así, este “tiburón” asesta su última mor­dida: “[Los jóvenes empresarios] creen que el dinero en sí mismo va a crear la empresa, y se lanzan sin tener pruebas de concepto; no saben quiénes son sus clientes ni dónde están. Deberían tener una mejor idea de que un buen producto es un bien que resuelve un problema, satisface una necesidad o ayuda a mejorar la calidad de vida de la gente.”

 

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