Un video reveló las cuotas que el crimen organizado cobra a trabajadores agrícolas en Michoacán; quienes no las pagan, sufren las consecuencias.

 

La semana pasada circuló en la red social YouTube un polémico video que pocos medios de comunicación alcanzaron a reseñar.

En este video, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) no sólo declara la guerra a los Caballeros Templarios en Michoacán, sino que también revela el monto de las extorsiones por parte de estos últimos a los trabajadores del campo.

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La grabación, que tiene una duración de seis minutos, se publicó el pasado jueves y entre los pocos medios que la difundieron se encuentran los sitios SinEmbargo.mx  y la página electrónica del diario español El País. En el video se puede observar a integrantes del CJNG, cubiertos con pasamontañas mostrando armas de grueso calibre y con una actitud belicosa y de reto a la banda criminal radicada en Michoacán.

Aseguran que si bien es cierto que ambos son cárteles criminales, el de Jalisco no extorsiona a los trabajadores del campo, y en esta parte, revela que los jornaleros que laboran en el agro michoacano cortando limón y aguacate deben pagar a los Templarios un peso por cada kilo de producto que recolectan.

Esto muestra el nuevo riesgo que enfrentan los trabajadores del campo, quienes no solo tienen que vivir en precarias condiciones, tanto laborales como personales, sino que también, ahora, son un blanco fácil de la delincuencia organizada. Un blanco que no tiene posibilidades de contratar seguridad y mucho menos de ponerse al tú por tú con los grandes cárteles de la droga.

Viene a mi mente una noticia que en abril conmocionó a la opinión pública: la muerte de 14 personas en Michoacán, en los municipios de Gabriel Zamora y Apatzingán, durante un presunto enfrentamiento entre fuerzas federales y el grupo de los Templarios.

Posteriormente se supo que fue un acto premeditado por la delincuencia organizada y que ocho de los muertos eran cortadores y productores de limón que minutos antes se habían reunido con autoridades del gobierno local para pedir garantías y seguridad para seguir trabajando.

Después de esto, tal pareciera que el silencio es otra de las condiciones que se necesita ser jornalero, uno de los oficios más ingratos en este país, primero, porque nunca existe un trabajo seguro: en la mayoría de los casos las condiciones laborales son precarias al no tener la garantía de seguridad social y, ahora, se convierte en una ocupación de alto riesgo.

Si nos vamos a los números, un jornalero agrícola en el país gana siete veces menos que los trabajadores mexicanos que se van a la “pizca” en Estados Unidos. De acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Social, 90% de ellos carece de contrato formal.

Pero al parecer, al menos en Michoacán, su mayor preocupación ya no son sus condiciones laborales ni e estar expuestos constantemente a los pesticidas, la delincuencia organizada también va tras los pobres.

 

Ve aquí el video completo.

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Contacto:

Twitter: @julianafregoso

 

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