Los partidos de futbol se definen por diferencia de goles, pero también la cantidad de intentos a la portería eleva las posibilidades.

 

 

El futbolista

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Estás a media cancha. La última vez que pateaste un balón fue en la infancia, cuando pusiste tu tiendita y vendías paletas. Pero ahora estás frente a miles de espectadores en el Maracaná, porque se te ocurrió publicar en Facebook la frase: “¡Me vale, dejo la empresa porque Pepetoñear es lo mío!” ¡Y se hizo mundial!

Entonces todos tus cuates, y no cuates, se vuelven directores técnicos y parece un partido México contra el resto del mundo, pero la diferencia es que México eres tú solito, y a veces oyes gritos, porque gritar es fácil para los espectadores.

Preguntas Poderosas: ¿Nací para ser futbolista? ¿Llevo el emblema en la camiseta? ¿Es ésta mi camiseta correcta?

 

Los espectadores

Ahí están, pendientes como quienes leen las revistas de chismes o los periódicos de nota roja. Propagadores de gracias y desgracias ajenas. Esperando que pase algo en la vida de los demás. Porque la propia está ocupada en una zona de confort y en algunos casos sólo respaldada por quincenas seguras.

¿Cómo los reconoces? Acostumbran hablar mucho y hacer poco. Son los que fundamentan que el equipo es malo, que no se puede, que la ven difícil. Otros te dicen: “sí, ve, y mete muchos goles”, y lo desean, pero parte de ellos sólo quieren ver el marcador global y el partido poco les importa.

Muchos te dirán que no te arriesgues. Con un dejo de miedo que parece apoderarse más de ellos que de ti. Pero no te preocupes, serán los mismos que se preparen para sacarte en hombros si ganas la copa acompañado de la frase: “¡Yo siempre creí en ti!”

Preguntas poderosas: ¿Quién quiero que me apoye? ¿A quién le pido consejo? ¿Cómo puedo hacerme de un respaldo verdadero?

 

La cancha

En el verdadero juego, los gritos son internos. Tú poco sabes de todas las reglas porque jugabas llanero, y mientras no te viera el árbitro, ¡todo valía! Pero, ¿qué crees?, acá te expulsan si enseñas los tacos de frente. Y por mucho que lo tuyo sea una taquería, protección social te sacará la roja acompañándola de tremendos sellotes, y todo porque ahí no iban tus extintores.

Aquí no hay trompetas, y sólo los que estarán contigo toda tu vida aplaudirán tu esfuerzo. Pero la realidad es que en el terreno de juego se deben meter goles. Las medidas de la cancha son las mismas para todos. El tiempo es el mismo; todos tenemos 24 gotitas diarias: algunos meten goles con ellas y otros creen que van en la dirección correcta y el gol no llega.

Preguntas poderosas: ¿Qué estoy haciendo con las 24 gotitas? ¿Estoy en la cancha? ¿Estoy fuera de ella? ¿Qué actividades de las que estoy haciendo me llevarán al gol?

 

El juego

Dependiendo de tus recursos, te verás o no en distintas posiciones: serás portero, delantero, defensa o medio de contención, y por ello tus roles serán distintos, pero ¡cuidado! No queremos que pierdas tu tiempo sacando copias o en el banco porque tu lugar es la cancha. Y lo más valioso que tienes es tu tiempo. Requerimos que ese tiempo esté bien invertido; los entrenamientos sólo son eso. Las cosas se demuestran con constancia y disciplina en el terreno.

Preguntas poderosas: ¿Cuánto de tu tiempo pasas en el terreno de juego? ¿Qué estás haciendo en el terreno de juego? ¿Estás procurando defender más o atacar más? ¡Cuidado! Los partidos se definen por diferencia de goles, pero también la cantidad de intentos a la portería eleva las posibilidades.

 

 

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