Las buenas ideas y propuestas que para la campaña electoral sonaban bien y hasta sumaban votos, ahora en la recta final y directa a iniciar un nuevo gobierno empiezan a ser cuestionadas y generan diferendos en las redes sociales hasta con sus mismos seguidores.

Este es el caso de los últimos nombramientos para las dos empresas productivas del estado por parte de López Obrador con las designaciones de Manuel Bartlett para la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de Octavio Romero Oropeza para Pemex, son los que causan extrañeza en propios y extraños. Bartlett es un político de la vieja guardia, representante de la política de los 80´s y que, en sus últimos años de Senador, jugó un papel estratégico en la oposición a la reforma energética, no es técnico-especialista en el tema. Por su parte Romero es un Ingeniero Agrónomo de Tabasco, que lleva muchos años junto a López Obrador, sus posiciones clave han sido oficial mayor tanto del PRD en su tiempo como en el gobierno de la Ciudad de México, tampoco es técnico especialista en el tema.

Estos dos nombramientos han sido cuestionados en los últimos días por todo el mundo y han causado mucha extrañeza, porque parecen ser movimientos con visión política y, hay que decirlo, aunque quieran echar para atrás la reforma, estas dos instituciones ya cambiaron su perfil empresarial, ya no son lo que eran antes, dependencias que cualquier político pudiera dirigir, ya no son las empresas nacionales de antes, hoy ya son empresas con un perfil “productivo”, con contratos legales internacionales que no va a ser fácil echar para atrás de un plumazo, con perfiles técnicos de la más alta modernidad y con especificaciones financieras atadas a los mercados accionarios mundiales y con asociaciones con las empresas más grandes del mundo, entre ellas, las chinas, europeas y americanas.

Estas dos empresas junto con el Seguro Social, las empresas más grandes de México de una complejidad enorme, que se mueve entre los retos constitucionales de tirar las reformas, la burocracia y sus prácticas obsoletas, el manejo de los sindicatos más poderosos, la lucha entre viejas y nuevas tecnologías, los pasivos enormes, las presiones geopolíticas, las inversiones mundiales ya pactadas, dos empresas que cotizan en bolsa y los asuntos financieros de altísimo nivel. Y por lógica las personas que están nombrando, no cumplen con los requisitos mínimos para enfrentar estos retos, así de fácil.

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Con estos nombramientos, se confirman los miedos que se tenían sobre que la visión de los problemas del país es muy tradicional y que se podrían dar soluciones que al largo plazo podían generar altos riesgos.

Ahora la gran diferencia de cuando se estuvo en campaña, es que ahora, como gobierno, las decisiones van a ser cuestionadas por todos y en un momento dado, lo que opinen los líderes sociales, actores, fans, disidentes o chairos en redes sociales hará ruido mediático, que no pasara de ahí, las verdaderas presiones, son las que no se ven, las que no se hacen públicas, pero son las que pueden verdaderamente descarrilar el proyecto energético, retrasar al país por muchos años y costar, sobre todos en esas dos empresas específica, billones de dólares.

 

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