De la ficción a la realidad, esta empresa imprime sus autos y motos en 3D

Foto: Ethan Pines para Forbes.

Por Alan Ohnsman y Joann Muller

Nadie tiene que recordarle a Kevin Czinger cómo era la línea de producción durante la época de oro de la manufactura estadounidense. Los olores penetrantes, el hollín oscuro que arrojaban las chimeneas y su trabajo de verano traspalando coque en una planta de acero, son todos recuerdos que guarda de su juventud en Cleveland, durante la década de 1970. La ciudad del norte de Ohio era un símbolo del poderío industrial hasta que, de repente, todo se derrumbó.

Ahora, el empresario de 58 años quiere ayudar a marcar el comienzo de una nueva era de manufactura, una que pueda resistir las fuerzas que diezmaron su ciudad natal junto con grandes sectores de Estados Unidos. Puedes echar un vistazo a esta nueva era en una fábrica de automóviles en miniatura, del tamaño de un gran supermercado, metida dentro de un parque de oficinas de concreto y vidrio en los suburbios de Los Ángeles.

Detrás de unas oscuras puertas de cristal, estacionada en el vestíbulo tipo galería de la sede de Divergent 3D, la startup que fundó hace cinco años, está la Dagger, una motocicleta de aspecto deportivo. Cerca está el Blade, un elegante auto deportivo de color plateado, que parece un vehículo sacado de la película Minority Report.

Czinger fabricó ambos con un enfoque patentado de fabricación que depende fuertemente de las nuevas tecnologías digitales, como la impresión tridimensional de metal. Estos métodos de fabricación son menos costosos que los tradicionales y mejores para el medio ambiente, y podrían ser tan perjudiciales para la industria del transporte como los vehículos eléctricos o los autos sin conductor.

El Blade y Dagger son prototipos, pero Czinger se ha asociado con Groupe PSA, de Francia, que fabrica los vehículos Peugeot y Citroën, para trabajar en una serie de proyectos de desarrollo en los próximos años. Y su mini fábrica producirá lotes de otros vehículos de prueba (como vans) para clientes que Czinger prefiere no especificar.

Inversionistas como el multimillonario de Hong Kong, Li Ka-shing, de Horizons Ventures, y Altran Technologies, una consultora de ingeniería de alta tecnología francesa que trabaja en el sector automotriz, junto con Czinger y otros, han invertido 28 millones de dólares (mdd) en la compañía. Se espera que próximamente se cierre una nueva ronda de inversión de hasta 100 mdd.

“La fabricación tradicional de automóviles está fundamentalmente obsoleta, desde el punto de vista económico y ambiental”, dice Czinger. “No puedes escalar las fábricas para que sean más grandes o pequeñas para cumplir con los cambios en el mercado”.

Divergent 3D, dice, señala el camino hacia un futuro mejor para la fabricación de productos industriales. En lugar de las megafábricas de Detroit o las gigafábricas de Elon Musk, la manufactura del siglo XXI será gobernada, cree Czinger, por redes de pequeñas fábricas urbanas como la suya, capaces de entregar vehículos de bajo costo y bajas emisiones de carbono en lotes pequeños y altamente personalizables. Y podrían ayudar, adicionalmente, a devolver empleos a aquellas comunidades que los han perdido.

Construir una típica fábrica de automóviles cuesta entre 500 y 1,000 mdd, y las herramientas y la maquinaria se amortizan a lo largo de muchos años, por lo que necesitan producir cientos de miles de vehículos al año para ser rentables. Divergent 3D promete que puede construir una línea de producción para 20,000 o más autos al año en un espacio tipo almacén, con impresoras de metal tridimensionales en gran escala, cortadoras láser y robots de ensamblaje, por poco más de 50 mdd. Dado que los costos de capital y producción serían más bajos, los vehículos resultarían hasta 6,700 dólares más económicos, en promedio, dice Czinger.

Czinger no es el único en apostar a la impresión 3D a escala industrial. Hasta ahora, la impresión tridimensional se usaba principalmente para fabricar prototipos. Pero la tecnología está cambiando rápidamente, con máquinas cada vez más grandes que ahora pueden “cultivar” piezas más grandes a partir de una variedad de materiales avanzados, incluido el polvo de metal.

Las ventas de impresoras 3D avanzadas que se están utilizando para fabricar motores para cohetes SpaceX y turbinas eólicas gigantes para GE, van en aumento. Es posible que Ford Motor no imprima en 3D un F-150 a corto plazo, pero está usando la tecnología para manufacturar equipos de fábrica. HP predice que la tecnología marcará el comienzo de un futuro de “fabricación distribuida” en el que las empresas crean lo que necesitan, cuando lo necesitan y donde lo necesitan, dice Tim Weber, ejecutivo de la unidad de impresión 3D de la compañía. “Imagina que estás en un mercado como Amazon”, dice Weber. “Pides un coche. Tal vez fue diseñado en Lituania, pero está construido en tu ciudad natal y fue entregado unos días más tarde. Ése es el curso que se está siguiendo, tal vez no de inmediato, pero la Cuarta Revolución Industrial es exactamente eso”. Costa Samaras, profesor asistente de Ingeniería Civil y Ambiental en la Universidad Carnegie Mellon, dice que la impresión 3D industrial “revolucionará muchas cadenas de suministro existentes”.

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El prototipo de Dagger se construyó con las técnicas de impresión tridimensionales patentadas por Divergent 3D. Foto: David McNew/Getty Images.

La versión de Czinger de esta disrupción se basa en el uso de complejas juntas metálicas impresas en 3D, como el “tejido conectivo” que se adhiere a la estructura de fibra de carbono, o “huesos” del chasís de un automóvil utilizando un adhesivo de alta resistencia, en lugar de ser soldado. El resultado es una parte inferior fuerte y liviana que cuesta una fracción de lo que cuesta una construida con los métodos tradicionales de prensado. En lugar de un trabajo de pintura, los automóviles reciben envolturas de vinilo de colores que son duraderas y resistentes a los arañazos. Debido a que los autos fabricados de esta manera serán más ligeros, también requerirán menos combustible.

Groupe PSA se acercó a Divergent 3D para acelerar su eficiencia de fabricación, como parte de un esfuerzo más grande de cambio bajo la dirección del presidente Carlos Tavares. En un estudio de seis meses para PSA en 2016, los ingenieros determinaron que el uso de la tecnología de Divergent 3D para desarrollar una popular SUV habría tenido un aspecto positivamente notable: el tiempo de desarrollo se reduciría un año, el peso del vehículo se reduciría a la mitad, se requerirían 75% menos partes, y habría más flexibilidad para hacer cambios sobre la marcha.

“Esto tiene el potencial de reducir drásticamente el tamaño y el alcance de nuestra huella de manufactura, de reducir el peso general del vehículo y la complejidad de la construcción y, al mismo tiempo, nos da una flexibilidad casi ilimitada en el diseño”, dijo Tavares, después de firmar el acuerdo con Czinger el año pasado. “Estamos hablando de un cambio radical para nuestra industria”.

En total, Divergent 3D tiene acuerdos de desarrollo con cerca de “media docena” de empresas, dice Czinger. Si Waymo o Apple de Alphabet un día optan por construir sus propios vehículos autónomos, el sistema Divergent 3D podría hacer que eso se vuelva realidad, dice. “Mi objetivo es hacer esto a nivel mundial”, agrega Czinger.

Como todo disruptor industrial, Czinger es un candidato curioso, con un pasado ecléctico. Sus talentos futbolísticos lo ayudaron a llegar a Yale, donde fue nombrado Jugador del Año de la Ivy League, en 1980. Después de obtener un título en Derecho, trabajó como fiscal federal a fines de la década de 1980 (bajo el comando del fiscal general Rudy Giuliani) y como banquero de Goldman Sachs en la década de 1990. Luego trabajó en Webvan, donde fue director financiero, y en otra firma de inversión.

Divergent 3D no es el primer intento de Czinger por provocar una disrupción en la industria automotriz. En 2008, cofundó Coda Automotive, que esperaba impulsar las ventas de vehículos eléctricos con un sedán de fabricación china. El tiempo no estuvo de su lado. Justo cuando Coda estaba incrementando las entregas, Tesla lanzó el elegante Model S que redefinió el mercado de vehículos eléctricos.

Coda fracasó, pero las probabilidades de Czinger con Divergent 3D pueden ser mejores. Él no está tratando de competir cara a cara con Tesla o cualquier otra compañía que fabrique autos. En cambio, su modelo comercial se basa en otorgar la licencia de la tecnología Divergent 3D a otros fabricantes.

Esta vez el momento puede ser oportuno. A medida que aumenta la presión por la sostenibilidad y que la propiedad privada de automóviles da paso al transporte como servicio, especialmente en las ciudades concurridas, la impresión 3D ofrece una forma eficiente para que los fabricantes de automóviles produzcan localmente vehículos limpios y económicos para flotas urbanas compartidas.

“Con la economía correcta, podemos hacerlo con mucha mayor flexibilidad”, dice Czinger. Un automóvil para Los Ángeles podría parecer muy diferente a un automóvil para París o Shanghai. “De eso se trata”, asegura Czinger. “La resiliencia del entorno y la capacidad de recuperación de la economía dependen de la diversidad”.

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Cómo invertir en esto

Por Jon Markman*

En 2012, la impresión en 3D estaba de moda. El golpe de realidad llegó más tarde, cuando la tecnología resultó ser insatisfactoria y la mayoría de las acciones de la industria colapsaron. Una sobrevivió. En 2012, Proto Labs, una empresa con pedigrí en moldeo por inyección y mecanizado computarizado, encontró el punto óptimo: la creación de prototipos y piezas de producción de bajo volumen. Hoy, sus operaciones son agnósticas de la tecnología y alimentadas por 20.5 teraflops de energía informática. Las operaciones de Proto Labs son completamente digitales y se extienden a cinco países. Esto significa que los tiempos de prototipos se miden en días, no en semanas. En 2016, su negocio de impresión 3D creció 50.6%. En el tercer trimestre, terminado el 30 de septiembre, las ventas totales crecieron 12.7% año con año, a una marca de 88.1 mdd. Las ganancias fueron un récord de 13.2 mdd. Las acciones subieron hasta un 66% este año y 140% en los últimos cinco años. Es una de las pocas empresas de impresión 3D en la que los inversionistas han llegado a confiar.

*Jon Markman es Presidente de Markman Capital Insight.