Una cosa es la opinión publicada y otra muy distinta la opinión pública, así como no es igual un influenciador que un líder de opinión.

 

 

Cuando una institución o persona trata de generar opinión pública sobre un tema, por lo general busca dar la información respectiva a líderes de opinión. Las preguntas son si esos líderes son los adecuados, si el público asimila el mensaje con el efecto esperado y si con ello realmente se crea opinión pública.

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Muchas campañas de relaciones públicas, sobre todo las que son de asuntos públicos, se basan en identificar y concentrarse en líderes de opinión clave, esenciales para el éxito de una idea o proyecto. Dependiendo del tema, por lo general se recurre a columnistas, editorialistas y articulistas, considerando su nombre, el prestigio que ganado, su posible interés en el tema, y el medio para el que colabora. La selección no toma en cuenta, quizás porque es difícil determinarlo, el impacto real que sus comentarios pueden tener: no todos los lectores que reporta un diario leen todas sus secciones y de ellos, no todos necesariamente leen al periodista en cuestión.

Por otro lado, en estricta teoría, un columnista no publica su propia opinión, sino información que ha conseguido de forma exclusiva o datos que ha obtenido de fuentes confiables para dar contexto a determinadas situaciones. De esta forma, también en estricta teoría, el columnista no podría ser un líder de opinión a través de sus colaboraciones, excepto que sea invitado a participar en algún debate o conferencia. Quienes en dado caso sí expresan su opinión personal son los articulistas y editorialistas aun cuando no necesariamente sus expresiones formen opinión pública.

No se puede afirmar que lograr que un mensaje aparezca en diferentes medios crea opinión pública, aun cuando quizás sí contribuya a su conformación. No es lo mismo lo que opinan y creen los ciudadanos que lo expresado por los periodistas en los medios, como tampoco es posible pensar que por el hecho de que algo esté publicado automáticamente se convierta en opinión pública. Una cosa, pues, es la opinión publicada y otra muy distinta la opinión pública, así como no es igual un influenciador que un líder de opinión.

 

Los líderes de opinión

De acuerdo con el Diccionario del Instituto Nacional de Estudios Políticos, A.C. (INEP), un líder de opinión es “una persona u organización capaz de ejercer influencia sobre las actitudes o la conducta de otros individuos, en forma deliberada, hacia ciertas formas de pensar o de actuar, cuyos puntos de vista son tomados como modelo por un grupo social o una comunidad.”

Por su parte, el Washington Post expresa que “Los líderes de opinión son filtros de ideas e información. Cada industria, tema, interés e ideología tiene sus propios líderes de opinión.”

El concepto de líder de opinión surgió de la Teoría del Doble Flujo de comunicación. Fueron los sociólogos Eliuh Katz y Paul Lazarsfeld quienes en la década de los cuarenta demostraron la importancia de los líderes de opinión, al estudiar cómo la gente elegía a los candidatos en unas lecciones. En sus investigaciones, Katz y Lazarsfeld descubrieron que los medios de comunicación tenían poca influencia en las elecciones y que la gente confiaba más en la comunicación cara a cara con los líderes de opinión, formales o informales.

La teoría del Doble Flujo de comunicación postula que la mayoría de la gente obtiene su información y  conforma sus opiniones sobre asuntos de tipo social y político más que directamente de las noticias que transmiten los medios de comunicación, de forma indirecta a través de las percepciones y comentarios de los líderes. De acuerdo con estos sociólogos, los líderes de opinión no los son en todos los campos; algunos pueden serlo en asuntos de tipo político, pero otros lo serán en materias distintas.

A partir de estas referencias se infiere que aun cuando un periodista relevante (columnista, editorialista o articulista) como influenciador de la comunicación publique su postura respecto a un tema -sea investigado o sugerido por una institución o una agencia de relaciones públicas- ello no implica que se ha conformado opinión pública. Si el tema o mensaje es difundido por varios periodistas, lo único que sucede es que la “opinión publicada” adquiere mayor fuerza y tiene más posibilidades de ser conocida por aquellos grupos a quienes en realidad está dirigida la intensión comunicacional, pero no por eso se puede decir que se ha creado opinión pública.

 

Opinión Pública

Por lo general, una opinión publicada corresponde a un sector de la población cuyos intereses, opiniones o ideologías no son compartidas por la mayoría o, en el peor de los casos representan a un sector de la población elitista o minoritaria.

Nicolás Uribe Rueda, columnista del diario colombiano El Espectador y consultor en asuntos públicos en dicho país, expresa que la opinión publicada “es simplemente la realización de un privilegio que tienen unos cuantos, que individualmente cuentan con la posibilidad de hacer notorio su pensamiento a través de la difusión que de él ofrecen los diferentes medios de comunicación social”.

Pero la opinión pública es un fenómeno complejo que, más allá de la exposición de un mensaje a través de los medios de comunicación, se forma en muy diferentes escenarios y a través de cierto tipo de manifestaciones y no surge de un día para otro sino con el paso del tiempo, con la consolidación de determinados fenómenos.

La formación de la opinión pública es un proceso en el que intervienen múltiples condicionantes. Los modelos teóricos que explican la opinión pública son variados, pero casi todos ellos coinciden en indicar que se trata de un proceso colectivo y que son tantos los factores que inciden en ella y tantos los actores que interactúan en su conformación, que sigue siendo complicado encontrar un inicio y un final mínimamente definidos del proceso de formación de la opinión pública.

Temas que han desencadenado la opinión pública al eliminar la indiferencia de la gente reflejada a través de distintos tipos de manifestación son, por ejemplo, el anuncio del Presidente Francés Jacques Chirac de realizar pruebas nucleares en el Pacífico Sur; la decisión del gobierno español de apoyar a Estados Unidos en la invasión a Iraq; las manifestaciones públicas en contra de la inseguridad y la violencia en México, o las continuas expresiones de inconformidad por el tema de la guardería ABC en cuyo incendio fallecieron 49 niños.

En suma: Columnistas, editorialistas o articulistas no generan opinión pública, aun cuando sí puede influenciar en la conformación de criterios de ciertos actores involucrados en temas que responden a los intereses de algunas instituciones; expresar una opinión de forma pública implica gran responsabilidad, ejercicio ético y estar dispuesto a asumir riesgos y repercusiones.

Crear verdaderas corrientes de opinión pública no depende de una persona o de uno o varios medios sino de una combinación de factores en las que, más que los medios, son los líderes -formales o informales- quienes de manera consciente asumen una postura que es aceptada, compartida y manifestada por una generalidad de grupos sociales.

 

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