Unas 250,000 familias en el país dependen de los ingresos que generan los productos con denominación de origen, una fuente de recursos y de generación de empleo poco explorada por el sector económico.

 

 

Alguien se ha imaginado ¿qué hubiera pasado si China o Japón hubieran logrado patentar el nopal o el tequila? Tal vez no, porque pocos saben que si eso hubiera pasado no solamente hubiera representado un duro golpe para el ego nacionalista, sino también que cada que una empresa mexicana quisiera utilizar cualquiera de las dos palabras, tendría que pagarle a otro país para hacerlo.

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Al menos, el tequila ya cuenta con denominación de origen, un tema del que poco se conoce y del que poco hablan las empresas. El 17 de octubre, el diputado Abel Salgado Peña presentó en la Cámara Baja la Iniciativa de Ley sobre indicaciones geográficas y denominaciones de origen, con lo se busca una protección para fines comerciales de la figura jurídica de la “Denominación de Origen”.

Hasta 2011, México contaba solamente con 14 denominaciones de origen: tequila, mezcal, olinalá, talavera, bacanora, ámbar de Chiapas, café de Veracruz, sotol, charanda, mango ataulfo del Soconuso Chiapas, café de Chiapas, chile habanero de Yucatán y la vainilla de Papantla.

Hoy en día, los productos que se encuentran protegidos bajo Denominaciones de Origen emplean a más de 250,000 familias que forman parte de la economía de 21 estados de la República, por lo que el potencial económico como un factor de desarrollo nacional es altamente significativo.

Sin embargo, actualmente, tanto consumidores como productores, se enfrentan a constantes engaños, abusos, y a permanentes actos de competencia desleal. Por lo que una mejor legislación debería proteger ampliamente a ambos grupos.

Para darse una idea de la importancia de la denominación de origen y los beneficios que puede traer para los productos agroalimentarios pondré el ejemplo del queso Cotija:

Después de 10 años en que su precio prácticamente no mostró movimientos alguno, por su bajo consumo, cuando obtuvo la denominación, el precio del kilo de queso cotija dio el salto hasta casi triplicar su valor, lo que ayudó a que los productores recuperaran sus ganancias.

Antes se pagaban entre 30 y 35 pesos el kilo, y el año en que los productores obtuvieron la denominación de origen el precio llegó hasta los 100 pesos, incluso algunos productores lograron vender en ferias hasta en 200 pesos el kilo.

Según el posicionamiento presentado por Salgado Peña, si bien, a lo largo de los años se ha pretendido mejorar la regulación de los bienes protegidos bajo una denominación de origen, dando mayores atribuciones a los Consejos Reguladores (como el que existe en el caso del tequila), y sancionando en mayor medida la producción ilícita de bienes sin certificación alguna, esto se ha hecho desde una visión un tanto estrecha, resolviendo problemas particulares o de coyuntura de forma aislada, y generando, al menos, las siguientes consecuencias:

  • Uno: La regulación en la materia se ha hecho mucho más compleja, y cada vez más desarticulada. En consecuencia, los trámites para lograr la declaratoria de denominación de origen, los mecanismos de certificación y ejercer los medios de protección contra la producción ilegal o “pirata” se han vuelto mucho más complicados.
  • Dos: Si bien el órgano rector en la materia es el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), las atribuciones que se le han dado a otros actores como los Consejos Reguladores y la Asociación Nacional de Denominaciones de Origen pudieran empalmarse unas con otras, generando en este entramado de atribuciones, más complicaciones para la defensa de los bienes protegidos bajo una denominación de origen.
  • Tres: Al ser la protección de denominaciones de origen, un apéndice más en materia de protección industrial, se ha nulificado lo que debería ser una política proactiva desde el Gobierno para promover y fomentar la incorporación de bienes al mercado de denominaciones de origen. Desde luego, con todas las ventajas culturales, sociales y económicas, que tanto a nivel regional como a nivel internacional se desprenderían de este hecho.

 

El sello de la denominación de origen es un elemento que abre puertas en diversos mercados del mundo, pues brinda la certeza de que esos artículos tienen características que los hacen únicos.

México presume sus 14 denominaciones de origen, pero países como Suiza cuentan con más de 700, Estados Unidos con más de 900 y la Unión Europea superaba las 6,000, así que la tarea en la materia es mucha y compleja.

 

 

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