Por: Nora Méndez*

Si bien es muy difícil en estos momentos establecer con precisión los alcances reales que tendrá la pandemia por Covid-19 en términos sanitarios, económicos y sociales, los datos con los que contamos hasta la fecha hacen que expertos de uno y otro ramo a nivel global afirmen que está siendo y será un fenómeno de magnitud sin precedentes.

En el ámbito económico, a la fecha, se estima para 2020 una caída de entre -3 y -4.5% del PIB mundial, colocando entre las economías que potencialmente resultarán más golpeadas a la mexicana, con estimaciones de hasta -9.6% de su PIB. Esto nos permite anticipar dolorosas repercusiones en la vida de millones de personas.

Y es que no se requieren otros parámetros para medir el estado de la economía, sino entender la dimensión humana detrás de los números. Se calcula que la pandemia provocará una pérdida de alrededor de 2 millones de empleos formales para este año –a la que habría que sumar la pérdida de fuentes de ingreso informal- sin detenernos a pensar que hablamos de la misma cantidad de gente que, de un día a otro, se ven sin los recursos necesarios para proveer a los suyos de lo necesario. 

Muchas de estas familias caerán en la pobreza: de acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL),la crisis actual puede llevar a alrededor de 9.8 millones de seres más a la pobreza por ingresos  (no contar con recursos suficientes para adquirir la canasta básica y bienes indispensables) y la pobreza extrema por ingresos (no poder comprar la canasta básica, aún dedicando todo el ingreso familiar) podría crecer en 10.7 millones de personas. 

Por su parte, la Comisión Económica para América Latina(CEPAL) calcula el incremento de mexicanos en pobreza en 8.9 millones, en tanto el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) estima que podrían ser hasta 21 millones de individuos. Pero nuevamente, más allá de los números, debemos mantener presente que estamos hablando de la vida de seres humanos concretos. De una sociedad que permitiría que más del 65% de su población no tenga recursos siquiera para cubrir lo fundamental en términos materiales. 

De ello la urgencia de tomar cartas en el asunto para atender de manera inmediata a quienes están en mayor vulnerabilidad, asegurando que contarán con los recursos necesarios para su supervivencia en estos meses críticos, incluyendo a aquellos que están en riesgo de perder su empleo o que lo han perdido recientemente que, lamentablemente, no están incluidos en ninguna de las iniciativas propuestas hasta ahora por el Ejecutivo Federal.

De igual forma, es fundamental impedir, en la mayor medida posible, la destrucción de las fuentes de ingreso de los mexicanos, entendiendo que cuando se habla de respaldar a las empresas en esta crisis se hace referencia a un universo en el que 99% son micro, pequeñas y medianas (95.4% del total son establecimientos de 1 a 10 empleados), que en conjunto generan más del 70% del empleo formal y cuya fragilidad era ya grande antes de la pandemia.


Organizaciones como los antes mencionados CONEVAL y CEEY, así como OXFAM México, han puesto sobre la mesa propuestas sumamente pertinentes –para el corto y mediano plazos- orientadas justamente a la atención de esta emergencia económica y social, sentando las bases para la recuperación futura. Desde una perspectiva diferente, pero apuntando al mismo objetivo, está el documentopresentado hace unos días por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), integrado a partir de una serie de mesas de trabajo.

Todas estas propuestas buscan complementar las medidas anunciadas por el Ejecutivo Federal hace unas semanas, a fin de afinar su precisión, ampliar y profundizar sus alcances. Ojalá que los hacedores de políticas públicas -en los ámbitos federal, estatal y municipal- tengan la sensibilidad para abrevar de la riqueza de las distintas propuestas que hoy se presentan y nos tomen la palabra, a todos, en esta disposición a trabajar en conjunto que hemos expresado, no sólo para esta etapa de emergencia sino también, y sobre todo, en la etapa de restablecimiento de actividades y construcción de estructuras institucionales que, efectivamente, permitan el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de los mexicanos.

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LinkedIn: Nora Méndez

*La autora es Directora de Fundación Aliat – Aliat Universidades.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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