El mundo de las mujeres, como a Proust, me ha llenado de ambivalencia. Entre el deseo frustrado o consumado y la búsqueda del entendimiento mismo, siempre termino por dudar, olvidar o, en algunos casos, dejar atrás el recuerdo de “cherchez la femme”.

Hoy, la mujer reclama los cambios y los abusos incuestionables a los que ha sido sujeta en varios aspectos de su vida de género a lo largo de la historia. Tanto en ámbitos públicos como privados, éstos toman matices cada vez más complejos: el trabajo, la ley, la cultura, el arte, la familia y el sexo mismo.

Es indudable que los reclamos de subordinación cultural, política y económica son justificados; sin embargo, no deja de sorprenderme cómo, mientras trabajan para modernizar y, a la vez, preservar el mundo para las siguientes generaciones, cuando se trata de la administración y manejo financiero de su dinero, trabajado o heredado, incluso las mujeres más vanguardistas generalmente se revierten a los patrones más decimonónicos.

Devi Mohan lo corrobora en su brillante investigación sobre patrones financieros de las mujeres de la ciudad de Kollam, en India, que recomiendo ampliamente para ver el papel financiero de la mujer trabajadora en una de las economías emergentes más prometedoras.

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Por mi experiencia personal en la banca mexicana, sé que la mujer es tratada de manera muy desventajosa, no sólo por la administración de la casa o instituciones financieras con las que trabaja, sino también por los asesores financieros a los que termina por apreciar.

Dado que ahora, después de un cambio de vida, me encuentro como padre de una futura mujer inversionista (porque… como van la cosas en el mundo, “rica heredera” no será), he aquí los cuatro consejos que comparto para ellas.

El primero y el más importante es: Los patrones de ahorro de nuestras abuelas y bisabuelas ya no logran el cometido de construir un patrimonio. Las tasas de interés sobre depósitos no llegan a compensar los incrementos en la inflación. En otras palabras, tus depósitos en instrumentos de inversión van perdiendo poder adquisitivo con el paso del tiempo. Descarta este patrón. Guardar bajo el colchón o en una cuenta corriente un 10% de tu sueldo ya no resuelve la sustentabilidad de tu futuro.

El segundo es: Poner el dinero a trabajar para ti. Crea líneas activas de ingresos. Pequeñas inversiones en rentas de inmuebles o pequeños negocios elevan las entradas personales que ayudan a obtener un ingreso real. Ya no pienses en mantener bienes raíces insinuando que eso es construir un patrimonio. Una casa es una inversión que debe de trabajar para ti y no un pozo sin fondo donde los gastos devoran el capital con el que cuentas.

Tercero: El tradicional Buy-Hold (comprar acciones de empresas estables y mantenerlas indefinidamente) ya no funciona. Esta oportunidad estratégica era como atar tu dinero a un cometa. Ocurría cuando la certidumbre de una empresa o marca te había convencido más allá de cualquier duda, y el mundo y los mercados no giraban tan rápido. Hoy, es importante buscar inversiones alternativas. Las que más vienen a la mente son Hedge Funds (fondos de cobertura), Private Equity (capital de riesgo) y, especialmente, las de Bienes Raíces en un mercado más amplio con mayores candados de seguridad para aminorar los riesgos.

Tómate tu tiempo para conocer cómo está funcionando tu dinero en otras manos. Y esto nos lleva a la cuarta recomendación: No dudes en hacer todo tipo de preguntas (y las veces que quieras) a tu asesor financiero. La responsabilidad fiduciaria de estos personajes los obliga legalmente a explicar, hasta el menor detalle, las transacciones operaciones involucradas en los acuerdos contigo.

Si estás empoderada frente a un patriarcado, empodérate aún más, diciendo: “No entiendo.  explícame”. No confíes en los que no pueden desligar sus explicaciones de una terminología confusa o densa.

Las mujeres son un actor empoderado en el escenario del siglo XXI. No sólo trabajan por su cuenta, sino que también se pueden convertir en motores de riqueza y desarrollo para su comunidad entera.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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