La revelación de los múltiples casos de ciberespionaje por parte de Estados Unidos amenazan la estabilidad de la red. ¿Cuáles son los riesgos de una fragmentación? Un experto nos da sus puntos de vista.

 

Por Eugene Kaspersky, CEO y presidente de Kaspersky Lab

 

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Hemos sido testigos de cómo Internet ha pasado de ser una pequeña red que conectaba a unos pocos laboratorios y universidades a algo que ha revolucionado la forma en que la gente se comunica en todo el mundo. Ha sido un gran facilitador de la creación de riqueza, permitido un aumento masivo de la productividad en muchas industrias y ha vuelto al mundo más interconectado que nunca antes en la historia. Desafortunadamente, esta tendencia puede llegar a ser insostenible.

En un par de décadas, las ciberamenazas han pasado de ser vandalismo menor y relativamente inocuo de los virus informáticos a algo muy serio que tienen el potencial de causar estragos y sembrar terror en toda la población. No es de extrañar entonces que los gobiernos siempre inviertan miles de millones en seguridad, sus aparatos de espionaje y contraespionaje han tratado de establecer un punto de apoyo en el ciberespacio. Su lógica ha sido clara: los servicios de seguridad de todo el mundo han sentido que no pueden permitir que esta esfera de vital importancia esté bajo algún tipo de control adversario. Como resultado, Internet se ha ido convirtiendo cada vez más en un campo de batalla, donde los diversos servicios de seguridad y los siniestros grupos de hackers trabajando por cuenta propia o para alguien más se espían unos a otros y a veces atacan redes informáticas. El resultado de esta tendencia podría ser desastroso.

Probablemente el principal daño colateral de las revelaciones hechas por Edward Snowden sobre la dimensión de la vigilancia de la NSA es que Internet puede dejar de existir, al menos en su actual forma que todos conocemos. La confianza entre las naciones se ha dañado y las consecuencias de esto pueden llegar a ser muy graves. Ya estamos escuchando que países como Alemania y Brasil están considerando desarrollar sus propios sectores de la red y protegerlos de cualquier control extranjero. En el peor de los casos, esto significaría una balcanización de la World Wide Web, su fragmentación a lo largo de las fronteras nacionales y una pesadilla legal y de ingeniería que es probable que cueste decenas de miles de millones a todos los países involucrados, por no hablar de los daños en las comunicaciones mundiales…

 

¿Quién podría beneficiarse de esa incertidumbre? ¿Qué consecuencias acarreraía la fragmentación de la red? El texto completo en la edición de noviembre de Forbes México.

 

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