Estamos viviendo una revolución muy similar a la que provocó Gutenberg tan pronto sacó la primera Biblia de las prensas de su imprenta. La forma de aproximarse a la lectura cambiaría en ese momento y para siempre. La costumbre de leer en voz alta para una audiencia quedaría en el pasado, y la lectura se haría en silencio a partir de ese descubrimiento. La reunión en comunidad quedaría en los anales de la Historia y el hábito de meter la nariz entre las pastas de un libro se reservaría a la intimidad. Así, quienes hemos atestiguado la transformación que ha traído internet, estamos obligados a comprender sus alcances.

En poquísimos años hemos pasado de una realidad virtual a la dependencia total de una conexión WiFi. En un coloquio sobre comunicaciones en el siglo XXI me sorprendió escuchar a un panelista decir que si no existes en la red, no existes. Las tuercas del cerebro se me descolocaron. Hace menos de dos años leí en un grafiti la siguiente consigna: “Lo que sucede en la red es real.” Las palabras se leían en una pared frente a las oficinas de Yahoo!, en San Francisco, California. Era la manifestación necesaria para hacer notar que nuestras acciones virtuales traen consecuencias tangibles. Hoy tenemos la silueta desdibujada si internet no nos reconoce.

Ya sabemos que el mundo gira a gran velocidad y que el péndulo de los hechos oscila rapidísimo. Lo que hoy es tendencia, mañana deja de tener significado. Hace apenas unos años —menos de diez—, tener un sitio en internet era estar a la vanguardia; hoy, si no hay una huella que te haga presente, pareces condenado a la inexistencia. Aparentemente, todos estamos conscientes de ello y a nadie le sorprende la relevancia que ha tomado la red en nuestra cotidianidad; sin embargo, no sabemos en qué usamos internet.

La Unión Internacional de Comunicación estima que 40% de la población mundial es usuaria de internet, y además lo hace en forma regular. Navegamos en busca de algo: información, datos, personas, objetos. Es decir, buscamos noticias de lo que está sucediendo en tiempo real, accedemos a conocimiento investigando a través de lo que nos ofrece la red, convivimos con amigos, familiares, conocidos y desconocidos a través de las redes sociales, mandamos y recibimos correos electrónicos. Básicamente, la mayoría de quienes acceden a internet, lo hacen a sitios que consideran gratuitos.

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En esta condición, muchos emprendedores pretenden darse a conocer en forma virtual. Los internautas optan por lanzar nuevos productos o servicios al ciberespacio, con la conciencia de que les resultará gratis y muy redituable. Hay la creencia, cada vez más popular, de que una campaña en redes sociales será un gran acierto, y se deja de lado la gran competencia que existe y la necesidad de un experto que maneje estos rubros. Se pierde de vista que la gente accede alegremente a los servicios que no le representan desembolsos y tiene mucho cuidado cuando hay una moneda de por medio. Es más, muchos siguen mostrando miedo cada vez que les piden datos para identificarse, como dirección, teléfono… y, de plano, entran en pánico si les piden el número de seguridad de la tarjeta de crédito.

Las visitas más comunes, según Marketing direct, son a sitios como:

  1. Buscadores tales como Google, YouTube, Wikipedia.
  2. Redes sociales que les permitan contacto con otros usuarios: Facebook, Match, TinkerAFB.
  3. Medios para allegarse información, sitios de blogs o agencias noticiosas.
  4. Sitios de comercio electrónico tales como Amazon, eBay, espacios que hacen más corta la cadena de suministro y que quitan intermediarios del entorno.
  5. Espacios de compañías que venden software o protección de equipos como Microsoft o McAfee.
  6. Sitios que ofrecen servicios como Gmail.
  7. Diversión y entretenimiento. Los sitios que dan oportunidad a las personas para jugar en forma gratuita son muy concurridos por los internautas.

La eficiencia en la adaptación a estos cambios es el mejor mecanismo de gestión, y en muchos casos, la forma de sobrevivencia de una empresa o un proyecto. El movimiento cibernético nos ha precipitado grandes cambios: ya no nos relacionamos como antes, ya no investigamos como antaño, hacemos las cosas en forma diferente, y por lo general, las hacemos de la mano de un aparato que nos conecta a la red.

Este cambio es un elemento relevante que ya debe incorporarse en forma seria a la planeación, organización y desarrollo de la empresa para poder ser evaluado y controlado. El grado de desarrollo parece estarnos engullendo y nos sorprende la velocidad con que lo hace. Sorprende más la falta de incorporación a los procesos de valoración empresarial.

Además, la supercarretera de la información, como se le ha llamado, tiene muchas más posibilidades que involucran grandes oportunidades que se han explorado con cuidado, casi con timidez. Los cambios que ha traído el internet introducen nuevas herramientas que nos llevarían a tener un mundo más igualitario y a aumentar las oportunidades. La digitalización nos puede ayudar a acercar servicios.

Por ejemplo, la banca en línea puede ser de gran ayuda para las personas que por diferentes causas no pueden acceder a la sucursal física. Las personas mayores, los clientes convalecientes, la gente con problemas de movilidad son segmentos de mercado que están ahí para hacerlos crecer.

La educación en línea es otro ejemplo. Personas que no tienen la posibilidad de desplazarse a las aulas, pueden acceder al conocimiento a través de estudios en línea. La construcción de conocimiento a ritmos personalizados y a partir de la rendición de pruebas de entendimiento se convierte en la red en una alternativa viable.

Los factores de convergencia entre la tecnología y la comunicación son el pilar de la innovación. Internet se vuelve la palanca de creatividad y el camino para hacer de lo diferente una oportunidad de negocios. Según María Mónica Cavagna, maestra de Comunicación Institucional de la Universidad Panamericana, la red ha generado un salto cualitativo en los procesos empresariales y da cuatro ejemplos claros:

— Uber es la compañía más grande de taxis y no posee un solo vehículo.

— Facebook es el medio de comunicación más popular del mundo y no genera ningún contenido.

— Alibaba es la empresa más importante de comercio electrónico en línea y no tiene inventarios.

— Airbnb es el mayor proveedor de alojamiento en el mundo y no es dueño de bienes raíces.

Sin duda, al igual que los contemporáneos de Gutenberg, hemos sido convocados a testificar grandes cambios. Las cosas ya no se hacen como antaño, y lo de antes no es vigente hoy. Reflexionar sobre los usos y costumbres de internet es relevante. Saber que en un solo día se intercambian 100,000 millones de correos nos da la dimensión del tema.

Sí, saber para qué usamos internet nos puede ayudar a ver ventanas de oportunidad que están abiertas para nosotros.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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