El “borrón y cuenta nueva” no puede verse más que como la aceptación implícita de que el mercado de metales preciosos monetarios ha sido arteramente manipulado por décadas.

 

Ayer fue el último día de operación del famoso London Silver Fix (LSF), que durante 117 años “fijó” desde Londres el precio referencial de la plata a escala global. La presión de las denuncias de manipulación del mercado –de la mano de investigaciones que arrojaron evidencias de este hecho– llegó a un nivel tal que la “modernización” del LSF se hizo inevitable. La salida del Deutsche Bank este año fue la gota que derramó el vaso.

El “borrón y cuenta nueva”, sin embargo, no puede verse más que como lo que es: la aceptación implícita de que el mercado de metales preciosos monetarios sí ha sido arteramente manipulado por décadas. Le dieron al público lo que quería, y así, tanto autoridades como administradores privados del nuevo precio referencial, se lavarán las manos.

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Ahora bien, la forma en que el Fix de la plata se fijaba hasta ayer no varió mucho a lo largo de su historia. La intervención humana, que antes ocurría a través de una conferencia telefónica entre los tres bancos de lingotes que lo componían, será sustituida ahora por computadoras y algoritmos, y se supone que con información de transacciones reales fijarán el nuevo London Silver Price (LSP o Precio de la Plata de Londres), como se le llamará a partir de hoy. El proceso será operado, como le informé, de manera conjunta por el Chicago Mercantile Exchange, que provee la plataforma y el algoritmo, y Thomson Reuters, como administrador.

El nuevo LSP será establecido por rondas de subasta de 30 segundos cada una, que comenzarán a las 12:00 horas. Los participantes ingresarán sus órdenes de compra y venta en lakhs (100,000 onzas troy) o cuartos de lakh (25,000 oz.), con un precio inicial que es posible que sea cercano al precio spot (al contado). En la primera ronda el sistema intentará empalmar órdenes de compraventa dentro del nivel de tolerancia de tres lakhs, y si quedan fuera de ésta, el precio cambiará y la subasta se reiniciará. Esto, hasta que los volúmenes de compra y venta queden dentro de la tolerancia y se establezca el precio de “equilibrio” que se conocerá en dólares por onza.

El hecho de que la información de órdenes de compra y venta ya no pasará a través de seres humanos da a muchos la esperanza de que el mercado, por fin, esté exento de manipulaciones, y auguran un futuro alcista para el metal por esta causa. Pero eso justo es lo que las autoridades reguladoras quieren que se difunda. Por desgracia, esto no será tan transparente como se cree.

Si bien ya no estará en poder de los bancos de lingotes, el LSP se alimentará de la información que le remitan los participantes en el mercado, que podrían coludirse para “influir” en las cotizaciones a su conveniencia. Eso, sin olvidar que la mano oficial de los manipuladores de toda la vida (la Reserva Federal de los EE.UU., el Banco de Pagos Internacionales y el de Inglaterra) no ha sido tocada ni con el pétalo de una rosa.

Cualquiera de ellos sigue teniendo la fuerza suficiente para ejercer su poder, como lo han hecho hasta hoy, y buscarán mantener deprimidos por el mayor tiempo posible los precios del oro y la plata. El propósito es prolongar la vida del condenado sistema monetario actual basado en el dólar.

De manera que la transición del LSF al LSP no es una señal ni alcista ni bajista per se. A final de cuentas, todo ha cambiado en la forma para seguir igual en el fondo.

La lista de participantes del LSP se dará a conocer hoy, pero el número de sus integrantes crecerá en las próximas semanas conforme cumplan con los requisitos.

Por lo que toca al aún vigente London Gold Fix (LGF) –referencial del oro–, se espera que para finales de septiembre concluya el proceso que definirá a su nuevo administrador, que comenzará a operar a finales de este año. Es previsible, sin duda, que su transformación termine siendo análoga a la del LSF.

Para concluir, es conveniente aclarar que a pesar de que en el fondo la manipulación de los precios de los metales preciosos monetarios (oro y plata) no ha terminado, su mercado alcista mayor sigue más vivo que nunca. La evidencia demuestra que a pesar de las presiones, lo máximo que logran conseguir los manipuladores es una constante apreciación a lo largo de los años. Sus fundamentos como dinero real y activo refugio por excelencia en un clima de ilimitada impresión monetaria, endeudamiento y gastos públicos expansivos a escala global, se fortalecen día con día. Al final, las cosas se corregirán por la fuerza imbatible del mercado con una crisis financiera y monetaria que no les va a gustar nada, pero que ellos mismos provocaron. Por los “pecados” monetarios siempre se paga un precio muy alto.

 

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