Decidir no implica solo el acto razonado, sino también el mundo emocional. Decidir es matar momentos para crear momentos. Una suerte de crecimiento y evolución en espiral.

 

Todos los creadores del mundo tienen algo en común: deciden, cortan, imponen, marcan ruta, delinean, dibujan el mapa, deshacen los nudos, acomodan a su entender el tiempo.

Con sus decisiones, asumen que el arte de la creación es también el arte de hilar fino, separar y cribar.

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Los creadores de verdad, los que hacen que el mundo realmente se mueva, matan lo que necesita ofrendarse y le aportan vitalidad a lo que urgentemente necesita ser visible.

Los emprendedores, músicos, empresarios, deportistas, dueños de negocios millonarios, escultores, filántropos, ex fracasados, genios, visionarios, proactivos o como quieran llamarle al grupo de personas que empujan al mundo, saben decidir. Suyo es el arte de decidir.

Según lo entendían los antiguos, el término indicaba una separación tal que incluso conllevaba a la muerte, de tal manera que decidir también proviene de la misma raíz que homicidio y suicidio. Decidir es separar y cortar. Un constante stop y play a la banda sonora de los días. Zanjar.

En términos menos dramáticos, decidir sería matar momentos para crear momentos. Una suerte de crecimiento y evolución en espiral.

El acto de decidir tiene relación con la teoría de los puntos de Steve Jobs: “No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza de seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino trillado, y eso hará toda la diferencia”.

Para el creador, decidir implica conectar dichos puntos, y en gran medida, conectarse a los puntos de los demás. El que decide elige qué punto sigue dentro de una larga serie de puntos variables.

Por eso los personajes grises no suelen tomar decisiones ni arriesgarse. Ellos se quedan a vivir en su estanque, donde el miedo los paraliza y el futuro se cierne como sombra. Para el gris, el presente se diluye igual que sus puntos.

Por eso tomar decisiones resulta ser un proceso tan complejo para el humano que en ocasiones, incluso el más experimentado, se paraliza. De ahí que conectar puntos sea un juego de vida o muerte.

Jonah Lehrer, periodista especializado en psicología y neurociencia, ha investigado exhaustivamente sobre el proceso de toma de decisiones y esgrime una conclusión interesante: decidir no implica solo el acto razonado, sino también el mundo emocional.

De acuerdo con investigaciones de la Universidad de Cornell y Ap Dijksterhuis, director del Unconscious Lab, muchas decisiones son tomadas por el cerebro racional, pero también por la potente emoción humana.

“¿Tomamos mejores decisiones cuando confiamos en nuestros instintos? Si bien existe una amplia literatura sobre la sabiduría potencial de la emoción humana, es sólo en los últimos años que los investigadores han demostrado que el sistema emocional (también conocido como tipo 1 de pensamiento) puede sobresalir en decisiones complejas o en decisiones que implican muchas variables. Si es verdad, esto asegura que el inconsciente es más adecuado para las tareas cognitivas difíciles que el cerebro consciente. El proceso de pensamiento que hemos disgregado, siempre irracional e impulsivo, en realidad podría ser más inteligente que la deliberación razonada”, asegura Lehrer.

Quizá los creadores pueden conectar puntos con facilidad, debido al equilibrio entre las decisiones pensadas y las decisiones sentidas. Quizá su proceso, en gran parte, esté guiado por el inconsciente, capaz de manejar un exceso de información y digerir datos sin ser abrumado. Quizá pueden conectar los puntos y decidir con la razón, solo cuando ésta deja de ser un cuello de botella estricto.

Finalmente, los paradigmas del miedo mandan que las crisis son pésimas consejeras de las decisiones, aunque la intuición puede indicarnos que quizá es el mejor tiempo para arriesgarnos.

La figura del creador la encarna el trapecista. Ligero sobre su cuerda floja, cada paso es una decisión, al mismo tiempo que un riesgo al vacío. El trapecista experimentado conecta los puntos: viene de atrás, pero confía en lo que viene. Sabe lo que viene. O al menos intuye que el paso dado lo librará del riesgo.

Conectar los puntos implica abrir los ojos para saber qué camino es el adecuado, ya sea una ruta visible y conocida, o totalmente invisible.

 

 

Contacto:

@_Arechiga_

 

 

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