Hay decisiones que son cruciales

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Hay decisiones en la vida que son cruciales. Cuando estamos frente a una de ellas es inevitable no tratar de vislumbrar todas las rutas que se dejaran de circular al tomarla y elegir un camino. Al enfrentarse a una decisión importante buscamos en todos los recursos posibles algún indicativo -natural o sobrenatural- que nos ayude a sentir que estamos haciendo lo correcto para nosotros. Desde racionalmente creando escenarios posibles con la información que tenemos, o de la que nos hacemos, a la mano; hasta buscar recovecos místicos en la entraña, en las imágenes divinas o en la voz muda que aconseja desde el mas allá. Elegir es renunciar, sentenciaba Sartre y resume en el enunciado el dramatismo del momento de una decisión: al tomar un camino, estamos decidiendo no seguir otras rutas con sus consecuencias que podrán ser peores o mejores… o iguales. Si llevamos esta angustia por decidir al terreno de la fantasía, vamos a entonces imaginarnos los caminos inexistentes de la decisión no tomada. Esto es, de las rutas por las que no transitaremos y que, inevitable condición humana, todas llevan a destinos mejores que el de la decisión que estamos tomando.

Todo mundo tiene, por supuesto, algo que aportar a la discusión de las decisiones y por lo general el comentario generalizado es que hay una sensación de bienestar sincronizado con las acciones posteriores a la decisión correcta. Como si la decisión fuera un aceite que hizo que todo fuera más fácil una vez tomado el camino ‘correcto’. Por otro lado, también es creencia generalizada que los obstáculos que se presentan en la ruta de una ‘mala decisión’ son la confirmación de su naturaleza. Es importante aquí aclarar que no debemos dejemos influir por la sintaxis de la confusión ‘decisional’ pues corremos el riesgo de confundir una mala decisión, con una mala toma de decisión. En esta última, la toma de decisión, el acto de tomar la decisión, el entorno en general -momento, circunstancia, temperamento, animo, influencia externa, influencia de patrones internos, etc.- sería el responsable de tomar un camino equivocado, no la decisión en sí misma. Los motivos por los que se tomó esa decisión.

Un grupo de políticos jóvenes han sido señalados como abusivos personajes de la confianza pública. Nacido el 19 de septiembre de 1973, el más señalado, Javier Duarte, fue gobernador de su estado, Veracruz, a los 37 años. Roberto Borge de Quintana Roo nació en 1979, un 29 de diciembre, asumiendo el poder de su estado a los 31 años de edad. Cesar Duarte es del 14 de abril de 1963, 54 años, Humberto Moreira es del 28 de julio de 1966, el mismo año del presidente Peña -20 de julio-, ambos de 50 años. El más viejo de esta generación es Felipe Calderón, del 18 de agosto de 1962. 54 años. Por razones que van de ejecución de políticas de seguridad pública equivocadas que han convertido al país en un territorio de inseguridad e injusticia, a robos descarados del patrimonio público, estos ‘jóvenes’ nacidos a partir de la década de los 60’s han, en conjunto, dejado muy atrás el legado más obscuro de la política moderna mexicana, que se dio en años en que su juventud y niñez se estaban forjando.

Aunque con estabilidad económica sólida, el gobierno de Gustavo Diaz Ordaz, 12 de marzo de 1911, paso a la historia por una autentica represión violenta que tuvo como consecuencia la cerrazón cultural de una generación completa de jóvenes mexicanos a partir de 1968. Luis Echeverría Álvarez, 17 de enero de 1922 -95 años de edad y único sobreviviente de esa generación- fue, en su intento por modificar el contexto político/ideológico del país, el primer gran creador de pobreza nacional al culminar su sexenio con la primera crisis económica de final de siglo. José López Portillo, 16 de junio de 1920, recordado por su frivolidad e incompetencia, incremento la crisis económica del país multiplicando irresponsablemente el gasto y descuidando escandalosamente -por primera vez expuesta y documentada- la corrupción al interior de su gobierno, que entonces incluía a los gobernadores como miembros del gabinete. Ambas crisis, la de 1976, Echeverría, y 1982, López Portillo, son las responsables iniciales del estancamiento económico del país. Sin embargo, con cuando menos dos generaciones de diferencia, los ‘jóvenes’ políticos han hecho en conjunto más daño -económico, moral, social- a nuestro país que los 18 años de Diaz Ordaz a López Portillo que, hasta el final del siglo XX, eran el ejemplo del daño que, entre autoritarismos, censuras y frivolidades, podían hacer los políticos cuando el proceso democrático no garantizaba rendición de cuentas.

¿En qué momento as decisiones que estos ‘jóvenes’ tomaron en sus vidas los llevaron a sobrepasar por mucho el trágico ejemplo de una generación que, incluso, era el arquetipo a derrotar en la nueva lucha de la política moderna?

Javier Duarte tenía 20 años cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio. Borge 14, Peña y Moreira 27, Cesar Duarte 30 y Calderón 31. Edades en las que tuvo que haber un impacto e influencia de las consecuencias de la lucha por el poder y que, hoy podemos verlo así, culminaba un ciclo en la historia de México que había llevado al país de un escenario de desarrollo ejemplar -1960, 1968- a otro -1988, 1993- pasando por las fases de negación al sistema, destrucción y reconstrucción. En un momento en que el mundo se transformaba hacia el liberalismo guiado por políticos contemporáneos a sus padres -Clinton, 1946, Blair, 1953, González 1942- incluyendo México -Carlos Salinas, 1948- que fue lo que llevo a este grupo de ‘jóvenes’ políticos a desdeñar la historia, la política, la conciencia nacional. ¿Cuál fue su ejemplo escolar, familiar, social? ¿En qué momento las decisiones personales de tres generaciones influyeron para que un grupo de políticos educados que deberían oponerse, en el proceso evolutivo intelectual de una sociedad moderna, al abuso sistemático del pueblo a través de un sistema defectuoso, optaron por favorecerse del mismo en lugar de intentar transformarlo dada su privilegiada posición de poder?

¿En qué momento la decisión de país, o más bien, la toma de decisión de país, nosotros, fue influenciada de tal forma que nos hemos acostumbrado a vivir y servir al ciclo perverso de la corrupción como fin aspiracional?

En el gran inconsciente colectivo nacional, sabemos que los obstáculos -inseguridad, inestabilidad económica, falta de oportunidades laborales y de crecimiento, calidad de vida- que hemos encontrado en el camino son el ejemplo de que nos hemos equivocado una y otra vez en nuestra decisión ‘democrática’ de vida. Sin embargo, es importante hacer una pausa para tratar de entender a estos personajes más allá del escrutinio público y la inducción informativa para encontrar los momentos de sus decisiones, las intimas que han de haber encontrado en su vida al momento de saber que estaban iniciando una vida delincuencial o incompetente en el poder. Observarlos detenidamente y conciliar sus acciones con las nuestras cotidianas. Tal vez podamos detectar así, con el ejemplo, el momento trascendental de una decisión que puede llevarnos por el camino equivocado y evitar terminar nuestros días con la locura de saber que destrozamos porvenires, a cambio de solo dinero y la fantasía de poder, proyectada en una sonrisa vacía.

 

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