Por Anniete Cohn-Lois*

Es un día frío, pero soleado en Washington, D.C. Mientras subo las escalinatas de la Organización de los Estados Americanos (OEA), acompaño a la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, a su primera ponencia del día. Intento quedarme callada, mientras me esfuerzo en descifrar cómo le voy a tocar el tema que desde hace varios días anda en mi cabeza. Me decido y le comento: “Presidenta, quiero lanzarme a la candidatura de una asociación, pero no quiero tener conflictos con nadie. Creo que simplemente es mejor conformarme y no intentar”.

Ella me responde con mucha seguridad: “Ay, no, Anniete. Esto es típico entre nosotras. Nunca queremos intentarlo por miedo a tener conflictos, ya sea con los candidatos, con nuestros jefes, nuestras familias o nuestras parejas. Hay que hacerlo de todas formas. Hay que dejar las excusas y perderle miedo al conflicto”.

Mientras la escucho, me inundan las connotaciones negativas con las que la sociedad tilda a las mujeres que aspiran a posiciones de liderazgo. ¿Por qué me siento como si estuviera haciendo algo malo al querer aspirar?, me pregunto.

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En el informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), titulado Sistemas electorales y representación femenina en América Latina, se indica que “las connotaciones negativas del ejercicio del poder son vistas también como causantes de la renuencia a ejercerlo… las mujeres tienen miedo al conflicto, al debate, a ejercer autoridad, a que su privacidad se exponga y a la agresión pública”. Y es que desde pequeñas nos han enseñado a ver el poder como algo “malicioso”, como si no estuviera hecho para nosotras, en vez de verlo como una plataforma para desarrollar cambios, para aportar a la sociedad a través de nuestras capacidades.

Si la sociedad está tradicionalmente acostumbrada a ver mujeres en posiciones de sumisión, presenciarlas desafiando tales estereotipos va a causar conflicto y resistencia, porque se están saliendo de la norma, retan lo esperado socialmente. Pero esto no se traduce en dejar de accionar.

En una entrevista realizada por la cadena CNBC, la filántropa y billonaria, Melinda Gates, mencionó que el mejor consejo que puede dar es que “tenemos que aprender a sentirnos cómodas siendo incómodas”, ya que tuvo que aprender a vivir de esa forma para no desistir y renunciar a su trabajo en Microsoft, cuando era la única mujer ingeniera en sistemas en toda la compañía.

En un análisis titulado Las mujeres en las élites políticas, la autora Edurne Uriarte indica que la educación en valores de sumisión y antiliderazgo hacia las mujeres hace que éstas sean vistas como extrañas e, incluso, no bienvenidas cuando intentan obtener la menor experiencia política. Un ejemplo de ello fue el logro del derecho al voto de las mujeres en el Reino Unido. Las sufragistas tuvieron que mantenerse firmes en su reclamo por derecho al voto, a pesar de ser encarceladas, abofeteadas, algunas violadas sexualmente, otras alejadas de sus hijos y esposos, y rechazadas por la sociedad. Aquellas acciones de violencia hacia las mujeres son un recordatorio de que los seres humanos nos resistimos al cambio, especialmente cuando estos detonan miedos e inseguridades en nosotros mismos y/o en los demás. Y la respuesta inicial hacia eso es el rechazo.

Pero como bien indica Melinda Gates en sus comentarios para CNBC: “lograr algo que aún no se ha hecho empieza con desafiarte a ti misma a hacer cosas que nunca has hecho”.

Para hacer algo que nunca has hecho, necesitas salirte de tu zona de confort: aquellos miedos disfrazados de excusas para no intentar. Porque cuando asumes tus miedos, construyes el camino para generar confianza en tu potencial.

Así como muchas otras mujeres que nos han abierto paso a través de su accionar, la expresidenta Laura Chinchilla tuvo que retar estereotipos y construcciones sociales que tradicionalmente nos han impedido participar por completo en la vida pública.

Uno de estos retos es aprender a vivir una vida con conflictos para poder trascender a través de nuestras capacidades y vivir nuestro máximo potencial. Y finalmente, gracias a ella, decidí lanzar mi candidatura a aquella asociación. Después de todo, aquel consejo guardaba una importante lección de crecimiento que pude vivir, tan pronto me decidí a accionar.

*Especialista en políticas públicas y relaciones internacionales.

 

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