Las elegidas presenta una historia dual. Dos adolescentes se ven atrapados por el mismo mundo y salir resultará imposible. El más reciente trabajo de David Pablos detrás de la cámara nos sumerge en el mundo de la prostitución en el norte del país.

Los horrores del tema son explorados por Pablos, evitando explotarlos y sin llegar al sensacionalismo, tan socorrido en el cine mexicano. Ante el inminente estreno de la película, nos sentamos a charlar con el director sobre el largometraje.

 

La película empieza de manera muy dulce, dos adolescentes se enamoran, luego viene un espiral de decadencia…

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David Pablos (DP): Sí. En la película eso era totalmente intencional. Empezar como algo que no es. El público a estas alturas sabe de qué va la película, pero que empiece y haya un cambio tonal después de 15 minutos de iniciar. Por un lado es importante tener un contraste. Esos primeros minutos en donde la película es más suave, un poco puedes simpatizar con los personajes y creo mucho en los contrapuntos. Los disfruto.

Incluso estéticamente se nota, al principio los colores son cálidos y después la paleta se va oscureciendo…

 

DP: Se va enfriando la paleta de colores. Sí.

Pensando en tu película anterior, La vida después, y ésta. Me parece que hay un tema que las conecta: la familia…

 

DP: Eso es. En Las elegidas la familia es un tema secundario, pero está presente. Creo que es muy importante. Las esencia de la película tiene que ver con eso. Yo quise contar una historia que parte de algo real, un chico que estaba en ese contexto y su padre lo obligaba a ser y actuar de esta manera. Me pareció fascinante.

De entrada es muy interesante la situación en que este personaje podría estar. Hay una frase que se dice en la película de un hermano al otro: “tienes que aprender a matar el sentimiento.” Digamos que un poco la esencia de la película viene de ahí, matar el sentimiento.

La familia está muy presente. Por un lado los tratantes, con Ulises, su padre, su hermano. Quienes lo obligan a cómo tiene que ser. También las familias de las chicas, todas de manera distinta son de familias…

 

Ausentes…

DP: Sí. En crisis.

 

Dejar de sentir es la única forma de sobrevivir para ellos dos…

DP: Absolutamente. Como instinto de supervivencia. Creo que uno se puede adaptar a cualquier cosa y de las historias que yo escuché, de las chicas que estuvieron ahí, llevaba un momento en el que eso sucedía.

Es impresionante a lo que uno es capaz de llegar, hacer, adaptarse para poder sobrevivir. Eso está presente en estas historias. Ni siquiera hablo de mi película, hablo de la vida real.

 

La sociedad también lo prefiere, ¿no? Para sobrellevar la realidad…

DP: Tienes toda la razón. Ve la realidad del país. Sabemos qué está sucediendo y dejamos que suceda. Estamos de alguna manera anestesiados.

 

Las elegidas busca no explotar su tema, aunque hay denuncia. Vemos representado el flujo de conciencia de sus protagonistas…

DP: Por un lado tiene que ver con no caer en el lugar común a la manera en cómo se representa la violencia. Más allá de eso, ni siquiera diría yo que es mi premisa principal, para mi era importante no saturar lo que de entrada es un mundo sumamente violento por su naturaleza y la historia misma.

Fue una manera de mostrar la violencia fuera de cuadro. Utilizar el sonido. Una manera de, además, involucrar al espectador. Mucho más activamente. Un espectador que usa la imaginación y, por qué no decirlo, coescribe algunas escenas de la película.

 

El horror está ahí…

DP: Fue muy interesante que alguien, cuando presentamos la película en Tijuana, nos dijo: “Qué fuerte es, cuantas escenas duras tiene.” De repente le preguntamos “cuáles escenas duras.” Se dio cuenta de que no estaban en la pantalla pero él las había visto y eso me parece fascinante.

Cada persona crea, hace su versión de las escenas. Lo he comprobado.

 

¿Sientes cierta fascinación por la playa? Hay en La vida después y Las elegidas pasajes en dicho lugar…

DP: Creo que esas ya son fijaciones muy personales. Yo crecí en playas de Tijuana, donde filmamos la película ahí crecí. Es algo de mi historia. Yo conecto con el mar, porque lo tuve muchos años enfrente. Llevo 16 años viviendo en la Ciudad de México, sin embargo para mi el mar es un espacio especial. Un espacio que me genera nostalgia, obviamente, porque me recuerda a casa. De cierta manera lo he idealizado. Algo tengo que cada que escribo hay una escena de mar. No es consciente, simplemente sucede.

 

En la película se da un dialogo: “¿harías todo por mi?” ¿Qué estaría dispuesto a hacer David Pablos por el cine?

DP: Muchas cosas, las he hecho. Lo principal es tener una disciplina de trabajo muy dura. Pero dura disfrutable, no lo vivo como si fuera una penitencia. Es parte de mi vida el trabajo. Es raro que tome descansos. Que no haga nada. Porque lo disfruto mucho.

Me he entregado a esto, he aprendido a ser crítico de mi trabajo y lo seguiré siendo. Estoy aprendiendo a mantener clara la vista en el objetivo y no desviarme: He dado muchas cosas y lo seguiré haciendo. Me queda claro que hay un límite. Jamás anteponer el trabajo a las felicidades básicas. A la salud. Hay gente que se desvive, hace sacrificios muy altos por el cine. No sé si yo haría eso…

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