Por: Nora Méndez*

Quienes nos dedicamos, de una u otra forma, a la atención de temas sociales, insistimos constantemente en la necesidad de una toma de consciencia individual sobre la gravedad de uno u otro de estos y, de ahí, en la indispensabilidad del actuar colectivo para resolverlo, intentando demostrar por qué algo que aparentemente afecta sólo a otros debería concernirnos a todos.

Es el caso de cuestiones como las desigualdades, discriminación o violencia hacia cierto grupo, por citar sólo algunos, pero también de asuntos en los que uno pensaría que la afectación colectiva es más que evidente, como el calentamiento global, frente a lo cual nos topamos muchas veces con un y a mi qué”, explícito o implícito.

Y es que en muchas ocasiones es difícil mostrar la interdependencia de los otros con nosotros, o explicar por qué cierto tema es un asunto público ⎯no como sinónimo de gubernamental, sino en contraposición a lo privado⎯ y requiere de la suma de esfuerzos para atajarlos.

En casos de salubridad general es justamente donde esto se evidencia muy claramente. Por años, los científicos han tratado de explicarnos la importancia de las vacunas en la protección no sólo de nuestros hijos, sino de la sociedad en su conjunto, creando escudos que nos resguardan a todos.

Frente a la crisis sanitaria que vivimos actualmente por el Covid-19 no hay aún vacuna, pero sí se hace más que evidente la necesidad de que todos pongamos nuestra parte para detener el avance de una pandemia cuyo alcance y repercusiones todavía no podemos dimensionar.

Hay que hacer lo propio en el autocuidado y el de los nuestros con las medidas de higiene y distanciamiento social que han probado su efectividad para impedir o ralentizar los contagios pues, nos explican los expertos, lo más importante en este momento es evitar que nos enfermemos muchos al mismo tiempo y colapsemos nuestro, ya de por sí, desbordado sistema de salud.

Pero también debemos pensar en qué otras cosas podemos hacer ahora y lograremos hacer en los meses subsecuentes para aminorar el impacto que esta pandemia tendrá en los ámbitos no sólo de salud pública, sino también en el social y el económico.

Pensar en cómo podemos apoyar a quienes, durante la emergencia, enfrentan más vulnerabilidad ante la enfermedad y a aquellos que se verán más afectados en sus fuentes de ingreso.

Sabemos que el nuestro es un país de enormes desigualdades y que éstas se acumulan, dejando en franca indefensión a enormes sectores de la población, ¿cómo imaginamos que podrán enfrentar una crisis de esta magnitud grupos con sistemas inmunológicos comprometidos a partir de una desnutrición que data ya de generaciones, sin acceso a servicios de salud dignos, con fuentes de ingreso inestables y precarias?

Sí, lo mejor es que todos nos quedemos en casa, pero millones de mexicanos viven al día y no pueden darse ese lujo, menos aún cuando no sabemos cuánto tiempo va a durar esta emergencia.

Nos toca dar un paso al frente a quienes sí tenemos ese privilegio ⎯y mientras más sean, mayor el compromiso⎯ , entendiendo las circunstancias que enfrentan quienes están menos equipados que nosotros para enfrentar la crisis y encontrar la forma de apoyarlos para atravesarla y, posteriormente, remontar el bache.

Preservar fuentes de empleo; apoyar a quienes están en riesgo de dejar la escuela; comprar a pequeños y medianos empresarios; respaldar iniciativas de alimentación o salud para grupos comprometidos… es mucho lo que podemos hacer como comunidad y ahí están diversas organizaciones sociales que pueden canalizar nuestro apoyo.  Si esto es necesario en condiciones normales, lo es aún más en momentos extraordinarios como estos.

Sé que, frente a la incertidumbre, la tentación de reducir la inversión social por parte de las compañías es enorme y que, en lo individual, replegarnos y centrarnos en nosotros y quienes nos son más cercanos es una reacción muy natural. Pero sé también que, en las crisis, los mexicanos ⎯empresas, organizaciones sociales y ciudadanos⎯ sabemos unirnos y ser solidarios, rebasando a nuestros gobiernos. 

Hoy es momento de demostrarlo con una respuesta social de magnitudes sin precedentes, como lo es la dimensión de una crisis que nos reta a sacar lo mejor de nosotros.

 

Contacto:

LinkedIn: Nora Méndez

 

*La autora es Directora de Fundación Aliat – Aliat Universidades.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

No es tiempo de entretenimiento, es un tiempo de entrenamiento: Daniel Habif
Por

El conferencista nos insta a buscar lo mejor de nosotros en tiempos de adversidad: no es momento de quedarse quietos, es...