¿Por qué será que la amabilidad implica debilidad cuando la pregunta más importante en las reuniones de trabajo es “cómo puedo ayudarte a alcanzar tus objetivos”?

 

 

Hemos oído la frase “too big to fail” o en español “demasiado grande para caer” en el contexto de empresas que son tan grandes y vinculadas con la economía de un país que un eventual fracaso de la empresa tendría consecuencias nacionales desastrosas. Sin embargo, algunas de estas grandes empresas sí caen y convierten esta frase en una severa lección que aplica a los negocios y a sus características transitorias.

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Mi socio suele recordarme que, en el largo plazo, nada ni nadie es irremplazable en el mundo de los negocios. Lo que da valor a una organización es su capacidad de resolver un problema en una forma distinta a la de otras organizaciones y ocupar un lugar relevante en las vidas de sus clientes.

Pero ¿por qué muchos dicen “demasiado amable para liderar” cuando vivimos en un mundo que requiere de más amabilidad y autenticidad entre seres humanos? ¿Por qué será que la amabilidad implica debilidad cuando la pregunta más importante en las reuniones de trabajo es “cómo puedo ayudarte a alcanzar tus objetivos”?

Un líder ayuda a sus seguidores a lograr los objetivos que son fundamentales para el éxito organizacional. Según Peter Drucker, quien era un gran líder en temas de liderazgo y organización, la única definición de líder es “alguien que tiene seguidores”. El trabajo de un buen líder es pintar un futuro donde sus seguidores se sientan involucrados, apreciados y motivados.

Claro que ser amable es negativo cuando se intenta socavar la equidad, la productividad y la creación de valor; también resulta contraproducente cuando impide a los líderes romper las estructuras sociales para hacer que una organización funcione mejor y tenga oportunidades de innovación. Sin embargo, la amabilidad auténtica en el liderazgo crea un alto nivel de compromiso en una organización, porque ayuda a fortalecer la lealtad, motiva a los empleados hacia un cambio y simplemente crea un vínculo más allá de la relación jefe-subordinados.

Hace unos meses escribí un artículo que compara la pesca con la negociación. Existe la percepción de que la amabilidad no tiene lugar en una mesa de negociación. Sin embargo, si uno ve los perfiles de los negociadores y los líderes de cambio exitosos, se nota claramente que son personas sumamente sensibles al entorno y con visión de futuro —tienen en la mente el cierre exitoso de la negociación o de cómo un negocio puede complementar otro—. La amabilidad juega un importante papel en las negociaciones porque ayuda a acercar los intereses humanos, a ver más allá del presente hacia un futuro donde se comparten metas, ideas y acciones. Los negociadores son observadores astutos del ser humano y son capaces de apuntar las miradas hacia un bien común.

Mientras nos acercamos más a negocios personalizados, tiene mucho sentido que los líderes –y las organizaciones que ellos representan– se acerquen más a los stakeholders, a las necesidades y gustos de los seres humanos. El éxito implica crear y mantener conexiones importantes con personas dentro y fuera del mundo de los negocios a través de principios básicos de entendimiento humano y amabilidad.

 

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