Próximamente, al calor del debate energético, se presentará un sistema para aumentar la eficiencia del servicio público. El plan, dicen los expertos,  es bueno, pero el interés político podría frenarlo.

 

El experimento. El primer ejercicio para hacer más con el mismo presupuesto se está realizando al interior de la Comisión Federal de Electricidad.

Frente a frente esta­ban Francisco Rojas, director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y Víctor Fuentes del Villar, líder sindical de los trabajadores electricistas. El tema que los había reunido no era una simple plática de café. La orden del día era: ¿Qué hacer para ahorrar dinero y ser más eficientes?

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No estaban solos. De un lado, estaban algunos de los directivos de la CFE y, del otro, varios delegados del sindicato.

Ese día, 30 de mayo, firmaron un convenio con una intención: democratizar su productividad. En esencia, poner en marcha tareas para mejorar sus procesos de operación, ser más eficientes, minimizar pérdidas y aprovechar lo que cada trabajador puede dar.

Esta práctica, que para algunos escép­ticos podría considerarse como una ocurrencia barata, se estima que podría permear en las dependencias y compañías paraestatales. Los expertos coinciden en que, más allá de materializar una reforma energética de alto calibre, lo que se nece­sita es disponer de una gestión más efi­ciente y transparente, para que el servicio público ofrezca mejores resultados, sin tanto dinero de por medio. Incluso, asegu­ran que ninguna reforma estructural podrá funcionar si no se cuenta con un sistema que mida fielmente el desempeño público.

Al menos, en el Plan Nacional de Desarrollo el concepto de democratizar la productividad de las empresas paraes­tatales es la herramienta con la que cuenta el gobierno para mejorar las condiciones salariales y elevar el crecimiento de la eco­nomía.

Mauricio Cruz, director general de la consultora Advanzer, entiende que el ejer­cicio de democratizar la productividad es adoptar en las instancias de gobierno, polí­ticas y esquemas de operación como las que tienen las empresas privadas. “Organi­zación, gobierno corporativo, reportes fre­cuentes sobre desempeño… Es parte de lo que le hace falta a las empresas que están bajo administración pública. La intención es hacer empresas rentables”, explica.

Eso es lo que se busca con la CFE y con otras del mismo ramo, como Pemex. El mensaje de fondo es que de nada serviría lograr una reforma energética, si no se atienden, a la par, los graves problemas de competitividad que dominan en la con­ciencia de los servidores públicos.

 

Cambio de chip

Este tema será noticia en los diarios: Luis Videgaray, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), anunció que en los próximos días se dará a conocer el Programa Especial para la Democratización de la Productividad.

Pero se presume que el discurso en torno del manejo responsable de los recur­sos públicos empieza a ponerse de moda. Guillermo Abdel, director del Centro de Estudios de Competitividad del ITAM, dice que en la Cámara de Diputados se cocina una propuesta de ley que reglamentará los artículos 25 y 26 de la Constitución Polí­tica, en materia de competitividad.

Al interior del Congreso, sin embargo, en la lista de prioridades están otros asun­tos, como la reforma energética y la lucha por la partida presupuestal 2014.

A pesar de ello, hay conciencias que sostienen que es hora de dejar el discurso fácil y ejecutar, en verdad, una medición del desempeño en el servicio público. “La productividad tiene que ver con cuánto es lo que produces con los insumos que tienes como país. Para ser productivos, cada quien tiene que cumplir metas. Eso es lo que se tiene que poner en orden. Eso es democratizar”, afirma Guillermo Abdel.

Hasta ahora, el Foro Económico Mundial realiza una medición de la competitividad de los países, un concepto que es reflejo de la productividad. En el reporte más reciente, México se ubica en el sitio 53 de 144 países evaluados. Entre los aspectos a considerar se encuentran el entorno macroeconómico, la sanidad y educación; además, mejoras a la eficiencia como capacitación, desarrollo de mercados financieros e innovación.

Por otro lado, el Centro de Investigación para el Desarrollo (Cidac) menciona en un estudio que algunos de los elementos de la agenda pendiente para México son el funcionamiento de instituciones públicas, mercado laboral ineficiente, falta de competencia efectiva y bajo uso de tecnología para agilizar procesos, por ejemplo.

 

Servidores = gerentes

Que por mandato se busque mejorar la productividad, es positivo, coinciden los especialistas. Pero no será un camino sencillo. El factor político es un obstáculo.

“Una cantidad importante de los apoyos gubernamentales que van al campo, a empresas o a proyectos científicos, no tienen criterios claros de asignación”, dice Abdel, quien de esta forma ejemplifica la carencia de una medición para determinar si los recursos aplicados tuvieron éxito o si sólo se usaron para fines políticos.

Mauricio Cruz está de acuerdo y sostiene que, para que el proceso de democratización de la productividad planteado sea fructífero, es necesario definir una filosofía de procesos en las diversas esferas del servicio público. “Tener a las personas adecuadas en el lugar adecuado y que sepan tomar las decisiones adecuadas”.

A manera de ejemplo, dar un cargo a una persona no facultada para desempeñarlo no sólo pone en peligro la productividad de la empresa, sino también puede generar un círculo vicioso y crear poderes fácticos que impidan el trabajo productivo.

Por lo pronto, a Mauricio Cruz se le ocurre que una vez que la CFE adopte nuevos procesos, podría existir una clara evidencia de que la productividad no es una frase sugerente. Incluso, traza un futuro que hoy es una simple fantasía: que desaparezcan los camiones de la CFE en los que su personal recorre las calles para tomar la lectura del consumo de luz, y que esto puede programarse a través de Internet; con ello, los trabajadores podrían incorporarse a otra labor que puedan desarrollar y así mejorar su servicio y sus ingresos.

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