Los “orgullos mexicanos” no nacen, pero tampoco se trabajan: surgen después de que demostraron, por cuenta propia, que tienen madera para destacar. Así de crudo. La política deportiva se rige bajo el entendido de que primero tienes que sacrificarte, para después recibir el apoyo.

 

Por Iván Pérez

 

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La imagen era de feli­cidad, era el verano de 2012 en Londres y las mexicanas Aída Román y Mariana habían logrado la plata y el bronce en Juegos Olímpicos en tiro con arco.

Un año después, Aída Román se quedó sin su entrenadora Songi Woo, quien decidió abandonar el país. “Me volví autodidac­ta”, bromea la deportista. Y así, una de las estrellas del depor­te nacional debió andar sola durante algunas competencias. Ser medallista olímpica no es suficiente para tener todo el apoyo. Ella, en soledad, volvió a demostrar su calidad, pues a principios de 2014 ganó oro en el Mundial Bajo Techo en Nimes, Francia. Ahora ya tiene a una persona que trabaja con ella, la sudcoreana Mee Jeong Lee.

Los (otros) héroes deportivos de México no tienen los reflectores mediáticos, ni los salarios de otras figuras como los futbolis­tas Javier Hernández, Guillermo Ochoa, Rafael Márquez o Giovani dos Santos.

Aída pertenece a una estirpe de prota­gonistas mexicanos que han destacado en los últimos. En ese sitio están también Paola Longoria; Uriel Adriano, campeón mundial de taekwondo; Daniel Corral, el primer mexicano en conseguir una presea en un Mundial de gimnasia; Luis Rivera, quien ha sorprendido en salto de longitud, y Adriana Zavala, ganadora de medalla de oro en una de las fechas de la Copa del Mundo de tiro deportivo el año pasado.

Pero lo que le ha ocurrido a Aída es lo más normal. A Francisco Rueda, reconocido entrenador de clavados en México, le dejaron de pagar tres años su salario y recuerda que hubo un momento “que no tenía ni para comer”.

 

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Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 significaron la segunda mejor participa­ción de México en la historia de la justa y la más destacada fuera del país. Pero ser atleta en esta nación no es cualquier cosa. “Ahora se tiene más apoyo que antes, pero la ayuda llega hasta que consigues algo, cuando deberías de tenerla desde el principio”, reflexiona Uriel Adriano, quien ganó la medalla de oro en el campeonato mundial en la ca­tegoría de menos 74 kilogramos en 2013.

El año pasado, de acuerdo con documentos de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), para el deporte de alto rendimiento se destinaron 399 millones de pesos (mdp), cuando en promedio un equipo de la Liga MX —la máxima categoría del fútbol mexicano— tiene un presupuesto anual de 250 mdp.

A dos años de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el panorama luce alentador. Destacamos en las disciplinas de clavados, taekwondo, tiro con arco y algunas pruebas de gimnasia, tiro de­portivo, atletismo; además de tener una presea de oro en futbol. ¿Por qué ahora somos mejores?

Los especialistas otorgan dos respues­tas: hoy hay mejor infraestructura y tam­bién una mentalidad mucho más fuerte. Francisco Rueda, entrenador de clavados, dice: “Antes se maltrataba mentalmente a los jóvenes en los entrenamientos, inclu­so en la casa; ahora los niños son los que mandan en todos lados, y si ellos defien­den lo que quieren, está comprobado que en el futuro destacan.”

Además, en los últimos años se han construido complejos deportivos de cali­dad mundial como el Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR), que requirió más de 500 mdp, además de una infraestructura similar en Tijuana, donde se necesitaron más de 150 mdp, o el complejo acuático de Guadalajara, que recibirá el Mundial de Natación 2017, el cual costó 380 mdp.

Germán Sánchez e Iván García no superan los 23 años y ya son medallistas olímpicos. En Londres 2012 lograron la presea de plata en la plataforma en los clavados sincronizados. Pero ésa no es la mejor noticia, sino que detrás de ellos viene otra generación que les peleará un sitio para los Juegos de Río de Janeiro, como Rodrigo Diego y Andrés Villarreal, quienes han destacado en la Olimpiada Nacional (semillero de atletas naciona­les) y probablemente asistan a los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2014.

Rodrigo y Andrés aspiran a estar en los Juegos Olímpicos de 2016, pese que hay personajes con más experiencia como Yahel Castillo, Germán e Iván.

“Actualmente batallamos menos con las instalaciones deportivas; antes nos contaban que eso era una de las dificulta­des”, recuerda Andrés cuando se le pre­gunta qué le han dicho sus compañeros con más experiencia sobre los obstáculos que enfrentaban.

 

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Pero estas fortalezas no siempre llegan a todos, o muchas veces hay una serie de obstáculos que deben pasar los entrena­dores o deportistas para gozar del apoyo de las autoridades.

Francisco Rueda relata que antes de los Juegos Olímpicos de Londres no tuvo apoyo de la Conade para la clava­dista Laura Sánchez. Algunas disputas extradeportivas le limitaron las ayudas, y “en muchas ocasiones (se mantuvieron a flote) con nuestros recursos”. La medalla de bronce en trampolín de 3 metros en 2012 cambió el panorama.

El apoyo, de acuerdo con el entrenador mexicano, no sólo no llegó por parte de las autoridades gubernamentales, sino que también se cerraron varias opciones académicas “porque las instituciones no entienden qué es ser un deportista de alto rendimiento”.

Meses antes de los Juegos Panameri­canos de Guadalajara 2011, Laura Sán­chez acudió en León al Tecnológico de Monterrey, a la Universidad Iberoameri­cana y a La Salle para estudiar una maes­tría. “Nos dijeron que si tenía una falta estaba fuera” (lo que no era viable para una chica que aspira a ser olímpica). No en todos lados es lo mismo; por ejemplo, Paola Espinosa está becada en la Uni­versidad Anáhuac y algunos atletas más también forman parte de un programa de la Universidad del Valle de México.

Uriel Adriano pone en la mesa otra problemática: la falta de patrocinado­res. Ser exitoso en otro deporte que no sea futbol no garantiza ingresos de patrocinios. Algunos, como la mexicana Paola Longoria, catalogada como una de las mejores raquetbolistas de todos los tiempos, han logrado posicionarse con las marcas. Como ella, Paola Espinosa, la mejor clavadista de la historia del país, goza del respaldo de algunas empresas, pero Uriel, quien es campeón mundial, relata que no es sencillo: “Económica­mente estamos rezagados; no importa lo que ganes o si eres exitoso.” Ana Guevara fue la pionera en buscar spon­sors. Quienes trabajaron con ella relatan que la velocista sonorense negociaba y firmaba sus contratos.

En promedio, un futbolista profesio­nal de la Liga MX gana 250,000 pesos al mes y el deportista amateur con más apoyo en becas ingresa menos de 80,000 pesos. Por ello los sponsors resultan determinantes para subsistir. “Yo inicié en el deporte para controlar mi hipe­ractividad; hoy te puedo decir que es mi trabajo y forma de vivir”, comenta Uriel Adriano, quien tiene un patrocinador que sólo le aporta en especie.

Otras de las deficiencias es el sistema deportivo mexicano a nivel adminis­trativo, que es calificado apenas de mediana calidad en sus procesos, ya que los programas gubernamentales están estancados en 86% y algunas institu­ciones tienen 0% de cumplimiento en temas de escritorio.

Un estudio disponible de la Conade, titulado Profesionalización por rubro, evaluó en 2013 a 41 organismos depor­tivos del país para conocer el avance en temas administrativos. De entrada, nin­guno alcanza 90% en una calificación global. La Federación Ecuestre Mexicana, la Federación Mexi­cana de Taekwondo y el Comité Olímpi­co Mexicano apenas tuvieron 80% del total del cumplimiento en temas operativos.

Según detalla el portal de Trans­parencia Presupuestaria, que califica el uso de los recursos públicos de las dependencias ligadas al gobierno, la Conade tiene una nota media. En el rubro de “Atención al deporte y cultura física” es calificado como medio, mien­tras en “Deporte y sistema mexicano de alto rendimiento” es medio bajo. Estas notas “son un instrumento de evaluación que hace acopio de la infor­mación de desempeño de los programas presupuestarios de la Administración Pública Federal”, detalla el documento.

“En México, muchas veces los pre­sidentes de asociaciones estatales de algunos deportes son los mismos padres de familia, y si tú eres entrenador de su hijo, seguro podrás tener todo el apo­yo”, reflexiona con un poco de jiribilla Francisco Rueda.

Hace más de un mes, en el aeropuer­to, Andrés Villarreal, el chico que aspira a ser medallista olím­pico, se cruzó con el portero de la selección mexicana Guillermo Ochoa, sensación en el Mundial de Brasil. El clavadista le pidió una foto. “Memo” sonrió y se mostró un poco más serio. Por ahora, a Andrés no le solicitan firmas, no lo reconocen siquiera.

Así, muchas veces, es la vida deporti­va mexicana.

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